TEOLOGIA: LA DOCTRINA DE DIOS - 11. CARACTER DE DIOS - ATRIBUTOS INCOMUNICABLES
EL CARÁCTER DE DIOS: ATRIBUTOS «INCOMUNICABLES»
¿DE QUÉ MANERA ES DIOS
DIFERENTE DE NOSOTROS?
EXPLICACIÓN Y BASE BÍBLICA
A. INTRODUCCIÓN AL ESTUDIO DEL CARÁCTER DE DIOS
1. CÓMO CLASIFICAR LOS ATRIBUTOS DE DIOS.
Cuando
se trata de hablar del carácter de Dios nos damos cuenta de que no podemos
decir de una sola vez todo lo que la Biblia nos enseña en cuanto al carácter de
Dios. Necesitamos decidir de alguna manera cuál aspecto del carácter de Dios
considerar primero, cuál aspecto considerar en segundo lugar, etcétera. En
otras palabras, necesitamos alguna manera de catalogar los atributos de Dios.
Este asunto no es tan trivial como pudiera parecer.
Hay la
posibilidad de que adoptemos un orden equivocado de atributos o que hagamos
tanto énfasis en algunos que no presentemos los demás apropiadamente.
Se han
usado varios métodos diferentes para clasificar los atributos de Dios. En este
capítulo adoptaremos la clasificación que probablemente es la que más
comúnmente se usa: los atributos incomunicables de Dios (es decir, los
atributos de Dios que no comparte ni «comunica» a otros), y los atributos
comunicables de Dios (los que Dios comparte o nos «comunica»).
Ejemplo
de los atributos incomunicables de Dios serían su eternidad (Dios ha existido
por toda la eternidad, pero nosotros no), inmutabilidad (Dios no cambia, pero
nosotros sí), u omnipresencia (Dios está presente en todas partes, pero
nosotros estamos presentes solo en un sitio a la vez).
Ejemplos
de los atributos comunicables serían el amor (Dios es amor, y nosotros también
podemos amar), conocimiento (Dios tiene conocimiento, y nosotros igualmente
podemos tener conocimiento), misericordia (Dios es misericordioso, y nosotros
también podemos ser misericordiosos), o justicia (Dios es justo y nosotros,
también, podemos ser justos).
Esta
clasificación de atributos de Dios en dos categorías principales es útil, y la
mayoría de las personas tiene un sentido inicial de cuáles atributos
específicos se deben llamar incomunicables y a cuáles se les deben llamar
comunicables.
Así
que tiene sentido decir que el amor de Dios es comunicable pero su
omnipresencia no.
Sin
embargo, al reflexionar un poco más nos damos cuenta de que esta distinción, aunque
útil, no es perfecta. Eso se debe a que no hay atributo de Dios que sea
completamente comunicable, Y no hay atributo de Dios que sea completamente incomunicable!
Eso será evidente si pensamos por un momento en algunas cosas que ya sabemos de
Dios.
Por
ejemplo, la sabiduría de Dios por lo general se diría que es un atributo
comunicable, porque nosotros también podemos ser sabios. Pero nunca seremos
infinitamente sabios como Dios lo es. Él nos da su sabiduría hasta cierto
punto, pero nunca por completo. De modo similar, podemos tener una parte del
conocimiento de Dios, sin embargo nunca lo tendremos por completo, porque los
pensamientos de Dios son más altos que los nuestros, «más altos que los cielos
sobre la tierra» (Is 55: 9).
Podemos
imitar el amor de Dios y tener parte en ese atributo hasta cierto punto, pero
nunca seremos infinitamente amorosos como Dios lo es. Lo mismo con todos los
atributos que normalmente se llaman «atributos comunicables»; Dios en efecto
nos participa algunos de ellos «hasta cierto grado» pero ninguno de esos
atributos es completamente comunicable. Es mejor decir que esos atributos que
llamamos «comunicables» son los que él «comparte más» con nosotros.
Los
atributos que llamamos «incomunicables» se definen mejor diciendo que son
atributos de Dios que compartimos menos. Ninguno de los atributos
incomunicables de Dios carece por completo de alguna semejanza en el carácter
del ser humano.
Por
ejemplo, Dios es inmutable, en tanto que nosotros cambiamos. Pero no cambiamos
completamente, porque hay algunos aspectos de nuestro carácter que casi siempre
permanecen sin cambio: nuestra identidad individual, muchos de nuestros rasgos
de personalidad y algunos de nuestros propósitos de largo alcance permanecen
sustancialmente sin cambio a través de muchos años (y permanecerán en su gran
parte incambiables una vez que seamos libres del pecado y empecemos a vivir en
la presencia de Dios para siempre).
Asimismo,
Dios es eterno, y nosotros estamos sujetos a las limitaciones del tiempo. No
obstante, vemos algún reflejo de la eternidad de Dios en el hecho de que
viviremos con él para siempre y disfrutaremos de la vida eterna, así como
también en el hecho de que tenemos la capacidad de recordar el pasado y tener
una fuerte percepción del futuro (a diferencia de mucho de la creación divina;
Ec 3: 11).
Los
atributos divinos de independencia y omnipresencia son tal vez los que son más difíciles
de ver reflejados en nuestra naturaleza, pero incluso estos se pueden ver
tenuemente reflejados en nosotros cuando nos comparamos con mucho del resto de
la creación de Dios; conforme llegamos a la edad adulta, obtenemos cierto grado
de independencia de otros para nuestra existencia; y, aunque no podemos estar
en más de un lugar al mismo tiempo, tenemos la capacidad de actuar de maneras
que tienen efecto en muchos lugares diferentes a la vez (esto, también, nos
separa de la mayoría del resto de la creación).
Usaremos
entonces las dos categorías de atributos «incomunicables» y «comunicables »,
dándonos cuenta a la vez de que no son clasificaciones enteramente precisas, y
que en realidad hay muchos traslapas entre ellas.
2. LOS NOMBRES DE DIOS EN LA BIBLIA.
En la
Biblia el nombre de una persona es una descripción de su carácter. De igual
manera, los nombres de Dios en la Biblia son varias descripciones de su
carácter. En un sentido amplio, entonces, el «nombre» de Dios es igual a todo
lo que la Biblia y la creación nos dice en cuanto a Dios.
Cuando
decimos al orar: «santificado sea tu nombre» como parte del Padre Nuestro (Mt
6: 9), estamos pidiendo en oración que las personas hablen de Dios de una
manera que le honre y que reflejen correctamente su carácter. Este honrar el
nombre de Dios se puede hacer con acciones tanto como con palabras, porque
nuestras acciones reflejan el carácter del Creador a quien servimos (Mt 5: 16).
Honrar
el nombre de Dios es por consiguiente honrarle a él. El mandamiento «No
pronuncies el nombre del Señor tu Dios a la ligera» (Éx 20: 7) es un
mandamiento de que no deshonremos la reputación de Dios ni por palabras que
hablen de él de una manera necia o equívoca, ni por acciones que no refleje su
verdadero carácter.
La
Biblia da muchos nombres individuales de Dios, todos los cuales reflejan algún aspecto
verdadero de su carácter. Muchos de estos nombres se toman de la experiencia o
emociones humanas a fin de describir partes del carácter de Dios, en tanto que
muchos otros nombres se toman del resto de la creación natural.
En cierto
sentido, todas estas expresiones del carácter de Dios en términos de cosas que
se hallan en el universo son «nombres» de Dios porque nos dicen algo verdadero
en cuanto a él.
Herman
Bavinck, en The Doctrine ofGodl da una lista larga de tales descripciones de
Dios tomadas de la creación: a Dios se le compara con un león (Is 31: 4), un
águila (Dt 32: 11), un cordero (Is 53: 7), una gallina (Mt 23: 37), el sol (Sal
84: 11), el lucero de la mañana (Ap 22: 16), la luz (Sal 27:1), una antorcha
(Ap 21: 23), un fuego (Heb 12: 29), una fuente (Sal 36: 9), una roca (Dt 32: 4),
un escondedero (Sal 119: 114), una torre (Prov. 18: 10), una polilla (Salmo 39:
11), una sombra (Sal 191: 1), un escudo (Sal 84: 11), un templo (Ap 21:22), y
así por el estilo.
Tomando
de la experiencia humana, Bavinck halla una lista incluso más extensa, que se
reproduce aquí sólo en parte: A Dios se le llama novio (Is 61: 10), esposo (Is
54: 5), padre (Dt 32: 6), juez y rey (Is 33: 22), guerrero (Éx. 15: 3),
arquitecto y constructor (Heb 11: 10), pastor (Sal 23:1), médico (Éx 15: 26),
etcétera.
Todavía
más, se habla de Dios en términos de acciones humanas tales como conocer (Gn
18:21), recordar (Gn 8:1; Ex. 2:24), ver (Gn 1:10), oír (Éx 2:24), oler (Gn
8:21), gustar (Sal 11:5), sentarse (Sal 9:7), levantarse (Sal 68:1), andar (Lv
26:12), limpiar lágrimas (Is 25:8), etcétera. A Dios se atribuyen emociones
humanas, tales como gozo (Is 62:5), aflicción (Sal 78: 40; Is 63: 10), enojo
Jer 7: 18-19), amor Jn 3: 16), odio (Dt 16: 22), ira (Sal 2: 5), etcétera.
Aunque
Dios no tiene un cuerpo fisico,' la Biblia usa varias partes del cuerpo humano
para describir metafóricamente las actividades de Dios. La Biblia puede hablar
de la cara o semblante de Dios (Éx 33:20,23; Is 63:9; Sal 16:11; Ap 22:4), ojos
(Sal 11:4; Heb 4:13), párpados (Sal 11:4), orejas (Sal 55:1; Is 59:1), nariz
(Dt 33:10), boca (Dt 8:3), labios Job 11:5), lengua (Is 30: 27), cuello Jer 18:
17), brazos (Éx 15: 16), mano (Nm 11: 23), dedo (Éx 8: 19), corazón (Gn 6: 6),
pie (Is 66:1), etcétera.
Incluso
términos que describen características personales tales como bueno,
misericordioso, lleno de gracia, justo, santo, recto, y muchos más, son
términos cuyo significado nos es familiar mediante una experiencia de estas
cualidades en otros seres humanos. E incluso esos términos que parecen menos
relacionados a la creación, tal como eternidad o inmutabilidad, los entendemos
no intuitivamente sino al negar conceptos que conocemos por experiencia
(eternidad es no estar limitado por el tiempo e inmutabilidad es no cambiar).
NOTA: Aunque Jesucristo tiene ahora un cuerpo
fisico como Dios-hombre, el Padre y e! Espíritu Santo no, ni tampoco el Hijo
antes de que fue concebido en e! vientre de María. (En las «teofanías» del Antiguo
Testamento, en las que Dios se apareció en forma humana, esos cuerpos humanos
eran solamente apariencias temporales y no pertenecían a la persona de Dios).
El
punto de compilar todos estos pasajes es mostrar, primero, que en uno u otro
sentido toda la creación nos revela algo de Dios y que la creación más alta,
especialmente el hombre que está hecho a imagen de Dios, le revela más
completamente.
La
segunda razón para mencionar esta larga lista es mostrar que todo lo que
sabemos de Dios partiendo de la Biblia nos viene en términos que entendemos
porque describen acontecimientos o cosas comunes a la experiencia humana.
Usando un término más técnico, podemos decir que todo lo que la Biblia dice de
Dios usa lenguaje antropomó1fico; es decir, lenguaje que habla de Dios en
términos humanos.
Ha
habido quienes tienen problemas con el hecho de que hay lenguaje antropomórfico
en la Biblia. Pero esto no debería ser problema para nosotros, porque para que Dios
nos enseñe cosas que no conocemos por experiencia directa (tales como sus atributos),
tiene que enseñamos en términos que nosotros conocemos. Por eso todo lo que la
Biblia dice en cuanto a Dios es «antropomórfico» en un sentido amplio (hablar
de Dios en términos bien sea humanos o en términos de la creación que
conocemos).
Esto
no quiere decir que la Biblia nos da ideas erradas o equívocas en cuanto a
Dios, porque esta es la manera en que Dios ha escogido revelarse a nosotros, y
revelarse verdadera y acertadamente.
Con
todo, debe advertimos a no tomar ninguna de estas descripciones por sí sola y
aislada de su contexto inmediato o del resto de lo que la Biblia dice en cuanto
a Dios: Si lo hiciéramos, corremos el riesgo de malentender o de tener un
cuadro desequilibrado o inadecuado de quién es Dios. Cada descripción de uno de
los atributos de Dios se debe entender a la luz de todo lo demás que la Biblia
nos dice en cuanto a Dios. Si no recordamos esto, inevitablemente entenderemos
erróneamente el carácter de Dios.
Por
ejemplo, tenemos una idea del amor por la experiencia humana. Eso nos ayuda a
entender lo que la Biblia quiere decir cuando dice que Dios es amor, pero nuestro
entendimiento del significado de «aman” al aplicarlo a Dios no es idéntico a
nuestra experiencia con el amor en las relaciones humanas.
Así
que debemos aprender de ver actuar Dios a través de la Biblia y de los demás
atributos de Dios que se nos dan en la Biblia, así como de nuestras
experiencias del amor de Dios en nuestra vida, para poder refinar nuestra idea
del amor de Dios de una manera apropiada y evitar malentendidos. Así que el
lenguaje antropomórfico en cuanto a Dios es veraz cuando aparece en la Biblia,
pero se puede entender correctamente sólo al leer continuamente la Biblia toda
nuestra vida a fin de poder entender este lenguaje en el contexto de toda la
Biblia.
NOTA: «Antropomórfico» viene de dos palabras
griegas: antropos «hombre», y moifé «forma». Una descripción antropomórfica de
Dios describe a Dios en formas humanas o términos humanos.
Este error lo harían, por ejemplo, los que aducen
que Dios tiene un cuerpo humano, porque la Biblia habla de ojos, oídos, boca,
etc. Por el mismo razonamiento deberían decir también que Dios se parece a un
león, un Cordero, un águila, fuego, roca, gallina, fuente, sol, escudo, sombra
y un templo, ¡todo a la vez! El error es no reconocer que estas son metáforas
que nos hablan del carácter de Dios, pero que Dios mismo es «espíritu» (Jn 4: 24)
y no tiene cuerpo material.
Hay
una tercera razón para señalar la gran diversidad de descripciones de Dios tomadas
de la experiencia humana y del mundo natural. Este lenguaje debe recordarnos que
Dios hizo el universo para que muestre la excelencia de su carácter, para que muestre
su gloria. Dios es digno de recibir gloria porque él creó todas las cosas (Ap 4:
11); por consiguiente, todas las cosas deben honrarlo a él.
El
Salmo 148 es un ejemplo de cómo la creación es convocada para alabar a Dios:
Alábenlo, Sol Y Luna, Alábenlo, Estrellas Luminosas.
Alaben Al Señor Desde La Tierra Los Monstruos Marinos Y Las
Profundidades Del Mar, El Relámpago Y El Granizo, La Nieve Y La Neblina, El
Viento Tempestuoso Que Cumple Su Mandato, Los Montes Y Las Colinas, Los Árboles
Frutales Y Todos Los Cedros, O. Los Reyes De La Tierra Y Todas Las
Naciones, Alaben El Nombre Del Señor,
Porque Sólo Su Nombre Es Excelso; Su Esplendor Está Por Encima De La Tierra Y
De Los Cielos (Sal 148: 3, 7-11, 13).
Conforme
aprendemos en la Biblia en cuanto al carácter de Dios, eso debería abrir
nuestros ojos y capacitarnos para interpretar correctamente la creación.
Como
resultado, podremos ver reflejos de la excelencia del carácter de Dios en todas
partes de la creación: «toda la tierra está llena de su gloria» (Is 6: 3).
Se
debe recordar que aunque todo lo que la Biblia nos dice en cuanto a Dios es verdad,
no es exhaustivo. La Biblia no nos lo dice todo en cuanto al carácter de Dios.
Así que nunca conoceremos el <Nombre» de Dios total y completamente en el sentido
de que jamás entenderemos exhaustivamente el carácter de Dios.
Nunca
sabremos todo lo que se puede saber en cuanto a Dios. Por esta razón, los
teólogos a veces han dicho: «Dios tiene muchos nombres, y sin embargo Dios no
tiene nombre». Dios tiene muchos nombres porque conocemos muchas descripciones verdaderas
de su carácter en la Biblia, pero Dios no tiene nombre porque nunca podremos
describir o entender todo su carácter.
3. DEFINICIONES BALANCEADAS DE LOS ATRIBUTOS INCOMUNICABLES DE DIOS.
Los
atributos incomunicables de Dios son tal vez los que más fácilmente se
malentienden, probablemente porque representan aspectos del carácter de Dios
que son menos conocidos en nuestra experiencia. En este capítulo, por
consiguiente, cada uno de los atributos incomunicables de Dios se define con
una oración de dos partes.
La primera
parte define el atributo que se considera, y la segunda parte nos guarda contra
entender mal el atributo indicando un aspecto balanceado u opuesto que se relaciona
con ese atributo. Por ejemplo, la inmutabilidad de Dios se define como sigue:
«Dios es inmutable en su ser, perfecciones, propósitos y promesas' sin embargo Dios
actúa, y actúa en forma diferente en respuesta a situaciones diferentes».
La
segunda mitad de la oración nos guarda en contra de la idea de que
inmutabilidad quiere decir total incapacidad de actuar. Algunos en efecto
entienden la inmutabilidad de esta manera, pero tal comprensión no concuerda
con lo que dice la Biblia de la inmutabilidad de Dios.
B. LOS ATRIBUTOS INCOMUNICABLES DE DIOS
1. INDEPENDENCIA.
La
independencia de Dios se define como sigue: Dios no nos necesita a nosotros ni
a nada del resto de la creación, sin embargo nosotros y el resto de la creación
podemos glorificarle y proporcionarle gozo. A este atributo de Dios a veces se
le llama existencia propia o aseidad (de las palabras latinas a ser que quieren
decir «de sí mismo»).
La
Biblia en varios lugares enseña que Dios no necesita de nada de la creación a fin
de existir, ni para ninguna otra razón. Dios es absolutamente independiente y autosuficiente.
Pablo les proclama a los hombres de Atenas: «El Dios que hizo el mundo y todo
lo que hay en él es Señor del cielo y de la tierra.
No
vive en templos construidos por hombres, ni se deja servir por manos humanas,
como si necesitara de algo. Por el contrario, él es quien da a todos la vida,
el aliento y todas las cosas» (Hch 17:24-25). La implicación es que Dios no
necesita nada de los seres humanos.
Dios
le preguntó a Job: «¿Y quién tiene alguna cuenta que cobrarme? ¡Mío es todo
cuanto hay bajo los cielos¡ (Job 41:11). Nadie jamás ha contribuido para Dios algo
que no haya recibido de Dios, quien creó todas las cosas. De modo similar, leemos
la Palabra de Dios en el Salmo 50: «Míos son los animales del bosque, y mío también
el ganado de los cerros.
Conozco
a las aves de las alturas; todas las bestias del campo son mías. Si yo tuviera
hambre, no te lo diría, pues mío es el mundo, y todo lo que contiene» (Sal 50:
10-12).
Algunos
han pensado a veces que Dios creó a los seres humanos porque se sentía solo y
necesitaba comunión con otras personas. Si esto fuera cierto, ciertamente significaría
que Dios no es completamente independiente de la creación. Significaría que
Dios necesitaba crear a los seres humanos a fin de sentirse completamente feliz
o completamente satisfecho en su existencia personal.
Sin
embargo, hay algunas indicaciones específicas en las palabras de Jesús que muestran
que esta idea es inexacta. En Juan 17:5 Jesús ora: «Padre, glorifícame en tu
presencia con la gloria que tuve contigo antes de que el mundo existiera». Aquí
hay una indicación de que el Padre y el Hijo compartían la gloria antes de la
creación.
Luego,
en Juan 17:24, Jesús le habla al Padre de «mi gloria, la gloria que me has dado
porque me amaste desde antes de la creación del mundo». Hubo amor y
comunicación entre el Padre y el Hijo antes de la creación.
Estos
pasajes indican explícitamente lo que podemos aprender en otras partes de la
doctrina de la Trinidad, es decir, que entre las personas de la Trinidad ha
habido amor perfecto, comunión y comunicación por toda la eternidad. El hecho
de que Dios es tres personas y sin embargo un solo Dios quiere decir que no
había soledad o falta de comunión personal en Dios antes de la creación.
De
hecho, el amor y la comunión interpersonal, y el compartir la gloria, siempre
ha sido y siempre será mucho más perfecto que cualquier comunión que nosotros
como seres humanos finitos jamás tendremos con Dios. Y como el segundo
versículo citado arriba habla de la gloria que el Padre le dio al Hijo, debemos
también darnos cuenta de que hay un dar gloria de un miembro de la Trinidad al
otro que sobrepasa con mucho cualquier otorgamiento de gloria que jamás ha
podido darle a Dios toda la creación.
Respecto
a la existencia de Dios, esta doctrina también nos recuerda que solo Dios
existe en virtud de su propia naturaleza, y que nunca fue creado y nunca empezó
a existir. Siempre fue. Esto se ve en el hecho de que todas las cosas que
existen fueron hechas por él (porque tú creaste todas las cosas; por tu
voluntad existen y fueron creadas» [Ap 4:11]; esto también lo afirma]n 1:3; Ro
11: 35-36; 1ª Co 8: 6).
Moisés
nos dice que Dios existió antes de que hubiera creación alguna: «Desde antes que
nacieran los montes y que crearas la tierra y el mundo, desde los tiempos antiguos
y hasta los tiempos postreros, tú eres Dios» (Sal 90: 2). La independencia de
Dios
también se ve en la forma en que se designa a sí mismo en Éxodo 3:14: «YO SOY
EL QUE SOY». Es posible traducir esta afirmación como «Yo seré el que seré»,
pero en ambos casos la implicación es que la existencia y carácter de Dios la determina
él mismo por sí solo y no depende de nadie ni de ninguna otra cosa.
Esto
quiere decir que el ser de Dios siempre ha sido y siempre será exactamente lo que
es. Dios no depende de ninguna parte de la creación para su existencia o
naturaleza.
Sin la
creación, Dios seguiría siendo infinitamente amor, infinitamente justo, eterno,
omnisciente, trinitario, etcétera.
La
existencia de Dios es también algo totalmente singular. No es simplemente que
Dios no necesita la creación para nada; Dios no podría necesitar la creación
para nada. La diferencia entre la criatura y el Creador es una diferencia
inmensamente vasta, porque Dios existe en un orden fundamentalmente diferente.
No es simplemente que nosotros existimos y Dios siempre ha existido; es también
que Dios necesariamente existe en una manera infinitamente mejor, más fuerte, más
excelente.
La
diferencia entre el ser de Dios y el nuestro es más que la diferencia entre el
sol y una vela, más que la diferencia entre el océano y una gota de agua, más
que la diferencia entre el casquete polar ártico y un copo de nieve, más que la
diferencia entre el universo y el cuarto en que estamos sentados; el ser de
Dios es cualitativamente diferente. Ninguna limitación o imperfección de la
creación se debe proyectar en nuestro concepto de Dios. Él es el Creador; todo
lo demás es criatura. Todo lo demás puede desaparecer en un instante; él
necesariamente existe para siempre.
La
consideración en balance respecto a esta doctrina es el hecho de que nosotros,
Y el resto de la creación podemos glorificara Dios y proporcionarle gozo. Esto
se debe indicar a fin de guardarnos contra cualquier idea de que la
independencia de Dios nos deja a nosotros sin significado. Alguien pudiera
preguntarse: si Dios no nos necesita para nada, ¿tenemos alguna importancia?
¿Hay alguna significación para nuestra existencia o para la existencia del
resto de la creación?
En
respuesta se debe decir que somos en realidad muy significativos porque Dios
nos ha creado y ha determinado que seamos significativos para él. Esta es la
definición final de significación genuina.
Dios
habla de sus hijos e hijas de todos los términos de la tierra como «todo el que
sea llamado por mi nombre, al que yo he creado para mi gloria, al que yo hice y
formé» (Is 43:7). Aunque Dios no tenía que creamos, decidió hacerlo por
decisión totalmente libre. Decidió creamos para que le glorifiquemos (Ef 1: 11-12;
Ap 4: 11).
También
es cierto que podemos proporcionar verdadero gozo y deleite a Dios.
Una de
los cosas más asombrosas que dice la Biblia es que Dios se deleita en su pueblo
y se regocija por ellos. Isaías profetiza respecto a la restauración del pueblo
de Dios:
¡Serás En La Mano Del Señor Como Una Corona Esplendorosa, Como Una
Diadema Real En La Palma De Tu Dios! Ya No Te Llamarán «Abandonada», Ni A Tu
Tierra La Llamarán «Desolada», Sino Que Serás Llamada «Mi Deleite»; Tu Tierra
Se Llamará «Mi Esposa»; Porque El Señor Se Deleitará En Ti, Y Tu Tierra Tendrá
Esposo. Como Un Joven Que Se Casa Con Una Doncella, Así El Que Te Edifica Se
Casará Contigo; Como Un Novio Que Se Regocija Por Su Novia, Así Tu Dios Se
Regocijará Por Ti (Is 62: 3-5).
De
modo similar, Sofonías profetiza que el Señor «se deleitará en ti con gozo, te renovará
con su amor, se alegrará por ti con cantos como en los días de fiesta»
(Sof 3:17-18).
Dios no nos necesita para nada, sin embargo es un asombroso hecho de nuestra
existencia que él escoja deleitarse en nosotros y permitimos darle gozo a su
corazón. Esta es la base de la significación personal en la vida de todos los
del pueblo de Dios; ser significante para Dios es ser significante en su
sentido supremo.
No se
puede imaginar ninguna significación personal mayor.
NOTA: Las cuatros palabras clave (ser,
perfecciones, propósitos, promesas) usadas como sumario de las maneras en que
Dios es inmutable se toman de Louis Berkhof, Systematic Theology (Eerdmans,
Grand Rapids, 1939, 1941)
2. INMUTABILIDAD.
Podemos
definir la inmutabilidad de Dios como sigue: Dios es inalterable en su ser, perfecciones,
propósitos y promesas, y sin embargo Dios en efecto actúa y siente emociones, y
actúa y siente en forma diferente en respuesta a situaciones diferentes.
A. EVIDENCIA EN LA BIBLIA:
En el
Salmo 102 hallamos un contraste entre las cosas que podemos pensar que son
permanentes tales como la tierra y los cielos, por un lado, y Dios, por otro lado.
El salmista dice: En el principio tú afirmaste la tierra, y los cielos son la
obra de tus manos.
Ellos Perecerán, Pero Tú Permaneces. Todos Ellos Se Desgastarán Como Un
Vestido. Y Como Ropa Los Cambiarás, Y Los Dejarás De Lado. Pero Tú Eres Siempre
El Mismo, Y Tus Años No Tienen Fin (Sal 102: 25-27):
Dios
existió antes de que fueran hechos los cielos y la tierra, y existirá después de
que ellos hayan sido destruidos. Dios hace que el universo cambie, pero en
contraste con este cambio, él es «el mismo».
Refiriéndose
a sus propias cualidades de paciencia, magnanimidad y misericordia, Dios dice:
«Yo, el Señor, no cambio. Por eso ustedes, descendientes de Jacob, no han sido
exterminados» (Mal 3: 6). Aquí Dios usa una afirmación general de su
inmutabilidad para referirse a algunas maneras específicas en las que él no
cambia.
Santiago
les recuerda a sus lectores que toda buena dádiva viene en última instancia de
Dios «que no cambia como los astros ni se mueve como las sombras (Stg 1: 17).
Su
argumento es que puesto que las buenas dádivas siempre vienen de Dios, podemos tener
confianza de que sólo buenas dádivas vendrán de él en el futuro, porque su
carácter nunca cambia en el más mínimo grado.
La
definición dada arriba especifica que Dios es inmutable; no en toda manera que
pudiéramos imaginar, sino sólo en las maneras en que la misma Biblia afirma.
Los
pasajes bíblicos ya citados se refieren bien sea al propio ser de Dios o a
algún atributo de su carácter. De esto podemos concluir que Dios es inmutable,
por lo menos respecto a su «ser), y con respecto a sus «perfecciones) (es
decir, sus atributos o varios aspectos de su carácter).
El
gran teólogo holandés Herman Bavinck señala que el hecho de que Dios es inmutable
en su ser es de extrema importancia para mantener la distinción entre Creador y
criatura, y para nuestra adoración a Dios:
La doctrina de la inmutabilidad de Dios es de la más alta importancia
para la religión. El contraste entre ser y llegar a ser marca la diferencia
entre Creador y criatura.
Toda Criatura Está Continuamente Llegando A Ser. Es Cambiable, Y
Constantemente Se Esfuerza, Busca Descanso Y Satisfacción, Y Halla Descanso En Dios,
Sólo En Dios, Porque Sólo Él Es Ser Puro Y No Está En Proceso. De Aquí Que En
La Biblia A Dios A Menudo Se Le Llama La Roca.
La
definición que se indica arriba también afirma la invariabilidad o
inmutabilidad de Dios respecto a sus propósitos. «Los planes del Señor quedan
firmes para siempre; los designios de su mente son eternos» (Sal 33: 11). Esta
afirmación general del consejo de Dios la respaldan varios versículos
específicos que hablan de los planes o propósitos individuales de Dios que él
ha tenido por toda la eternidad (Mt 13: 35; 25: 34; Ef. 1: 4, 11; 3: 9,11; 2ª
Ti 2: 19; 1ª P 1:20; Ap 13:8).
Una
vez que Dios determina hacer algo, su propósito es inmutable y se realizará.
Por cierto, Dios afirma por medio de Isaías que no hay ninguno como otro en
este respecto:
Yo Soy Dios, Y No Hay Nadie Igual A Mí. Yo Anuncio El Fin Desde El
Principio; Desde Los Tiempos Antiguos, Lo Que Está Por Venir.
Yo Digo: Mi Propósito Se Cumplirá, Y Haré Todo Lo Que Deseo. Lo Que He
Dicho, Haré Que Se Cumpla; Lo Que He Planeado, Lo Realizaré (Is 46: 9-11).
Es
más, Dios es inmutable en sus promesas. Una vez que ha prometido algo, no es infiel
a esa promesa: «Dios no es un simple mortal para mentir y cambiar de parecer. ¿Acaso
no cumple lo que promete ni lleva a cabo lo que dice?» (Nm 23: 19; 1ª S 15: 29).
NOTA: Es significativo que es pasaje se cita en Heb
1: 11-12 y se lo aplica a Jesucristo. Heb 13:8 también aplica a Cristo el
atributo de inmutabilidad: (Jesucristo es el mismo ayer y hoy y por los
siglos). Así, Dios Hijo participa plenamente de este atributo divino.
B. CAMBIA DIOS DE PARECER ALGUNAS VECES?
Sin
embargo, cuando hablamos de que Dios es inmutable en sus propósitos, podemos
preguntarnos en cuanto a los lugares en la Biblia donde Dios dice que juzgará a
su pueblo y después debido a la oración o arrepentimiento del pueblo (o ambas
cosas) Dios cedió y no les aplicó el castigo que había dicho que les aplicaría.
Ejemplos
de tal retiro del juicio amenazado incluye la victoriosa intervención de Moisés
en oración para evitar la destrucción del pueblo de Israel (Éx 32:9-14), la
añadidura de otros quince años a la vida de Ezequías (Is 38: 1-6), y el no
aplicar a Nínive el castigo prometido cuando el pueblo se arrepintió (Jan 3 :4,
10). ¿No son estos casos en donde los propósitos de Dios en efecto cambian?
También hay otros pasajes en donde se dice que Dios lamentó haber realizado
alguna acción previa. Uno piensa que Dios lamentó haber hecho al hombre sobre
la tierra (Gn 6:6), o que lamentó haber hecho rey a Saú1 (1ª S 15: 10).
¿ACASO NO CAMBIARON LOS PROPÓSITOS DE DIOS EN ESTOS CASOS?
Todos
estos casos se deben entender como verdaderas expresiones de la actitud o
intención presente de Dios con respecto a la situación según existe en ese
momento.
Si la
situación cambia, por supuesto, la actitud de Dios o expresión de intención también
cambiará. Esto es simplemente decir que Dios responde diferente a situaciones diferentes.
El ejemplo de la predicación de Jonás a Nínive es útil aquí. Dios ve la maldad
de Nínive y envía a Jonás a que proclame: «Dentro de cuarenta días Nínive será
destruida!» (Jan 3: 4).
La
posibilidad de que Dios no mande el castigo si el pueblo se arrepiente no se
menciona explícitamente en la proclamación de Jonás según se anota en la
Biblia, pero por supuesto está implícita en esa advertencia; el propósito de
proclamar una advertencia es producir arrepentimiento.
Una
vez que el pueblo se arrepintió, la situación fue diferente, y Dios respondió
en forma diferente a esa situación cambiada: (Al ver Dios lo que hicieron, es
decir, que se habían convertido de su mal camino, cambió de parecer y no llevó
a cabo la destrucción que les había anunciado» (Jan 3: 10).
Las
situaciones de Ezequías y de la intercesión de Moisés son similares: Dios había
dicho que enviaría castigo, y eso fue una declaración verdadera, siempre y cuando
la situación siguiera siendo la misma. Pero luego la situación cambió; alguien empezó
a orar fervientemente (Moisés en un caso, y Ezequías en el otro). Aquí la oración
misma fue una parte de la nueva circunstancia y fue en efecto lo que cambió la
situación. Dios respondió a esa situación cambiada respondiendo a la oración y
no enviando el castigo.
En el
caso de que Dios lamenta haber hecho al hombre, y haber hecho rey a Saúl, esto
también se puede entender como expresiones del desagrado de Dios en aquel
momento hacia el pecado del hombre. En ninguno de los dos casos el lenguaje es
fuerte lo suficiente como para exigimos pensar que si Dios pudiera empezar de
nuevo y actuar en forma diferente, no crearía al hombre o no haría rey a Saúl.
Más
bien puede implicar que la acción previa de Dios condujo a acontecimientos que,
a corto plazo, lo hicieron entristecer, pero que con todo a largo plazo, en
última instancia lograrían sus buenos propósitos. Esto es algo análogo al padre
humano que permite que su hijo siga un curso que él sabe que le traerá mucha
tristeza, tanto al padre como al hijo, pero que lo permite porque sabe que
mayor bien a largo plazo resultará de eso.
C. LA CUESTIÓN DE LA IMPASIBILIDAD DE DIOS.
A veces
en la consideración de los atributos de Dios los teólogos han hablado de otro
atributo: la impasibilidad de Dios.
Este
atributo, de ser verdad, significaría que Dios no tiene pasiones o emociones, sino
que es «impasible», y no está sujeto a pasiones. De hecho, el capítulo 2 de la Confesión
Westminster de Fe dice que Dios es «sin pasiones». Esta afirmación va más allá
de lo que hemos afirmado en nuestra definición anterior en cuanto a la inmutabilidad
de Dios, y va más allá de afirmar que Dios no cambia en su ser, perfecciones, propósitos
o promesas: también afirma que Dios ni siquiera siente emociones o «pasiones».
La
prueba bíblica que da la Confesión Westminster es Hechos 14: 15, que en la versión
del Rey Jaime en inglés informa que Bernabé y Pablo rechazaron la adoración de
los habitantes de Listra, protestando que no son dioses sino «hombres de pasiones
semejantes a las de ustedes». La implicación de la traducción del rey Jaime en
inglés pudiera ser que alguien que es verdaderamente Dios no tendría «pasiones semejantes»
como los hombres, o bien pudiera simplemente mostrar que los apóstoles estaban
respondiendo a la falsa noción de dioses sin pasiones que los hombres de Listra
daban por sentado (vea vv. 10-11).
Pero
si se traduce apropiadamente, este versículo ciertamente no demuestra que Dios
no tenga pasiones o emociones para nada, porque el término griego
(homoiopatzés) puede simplemente significar tener circunstancias o experiencias
similares, o ser de naturaleza similar al ningún otro.' Por supuesto, Dios no
tiene pasiones o emociones pecaminosas.
Pero
la idea de que Dios no tenga en lo absoluto pasiones o emociones claramente
está en conflicto con mucho del resto de la Biblia, y por esa razón no he
afirmado la impasibilidad de Dios en este libro. Más bien, lo opuesto es la
verdad, porque Dios, que es el origen de nuestras emociones y que creó nuestras
emociones, por cierto sí siente emociones: Dios se alegra (Is 62:5); se
entristece (Sal 78: 40; Ef4: 30). Su enojo arde contra sus enemigos (Éx 32:10).
Él se compadece de sus hijos (Sa1103: 13), y ama con amor eterno (Is 54:8; Sal
103:17). Es un Dios cuyas pasiones debemos imitar por toda la eternidad porque
nosotros, como nuestro Creador, detestamos el pecado y nos deleitamos en la
justicia.
D. EL DESAFIO DE LA TEOLOGÍA DEL PROCESO.
Los
que abogan por la Teología del Proceso han negado frecuentemente en años
recientes la inmutabilidad de Dios. La Teología del Proceso es una posición
teológica que dice que el proceso y el cambio son aspectos esenciales de la
existencia genuina, y que por consiguiente Dios debe estar cambiando con el
tiempo también, como todo lo demás que existe.
De
hecho, Charles Hartshome, el padre de la Teología del Proceso, diría que Dios
está continuamente añadiéndose las experiencias que suceden en todas partes del
universo, y que por lo tanto Dios está continuamente cambiando" El
atractivo real de la Teología del Proceso viene del hecho de que todos tienen
un anhelo profundo de significar algo, de sentirse significativos en el
universo.
A los
teólogos del proceso les disgusta la doctrina de la inmutabilidad de Dios
porque piensan que implica que nada que hagamos realmente afecta a Dios. Si
Dios es realmente incambiable, dirían los teólogos del proceso, entonces nada
que hagamos nosotros, a decir verdad, nada de lo que suceda en el universo,
tiene algún efecto real en Dios, porque Dios no puede cambiar.
Así
que ¿qué diferencia hacemos? ¿Cómo podemos tener un efecto tan extraordinario?
En respuesta a esta pregunta los teólogos del proceso rechazan la doctrina de
la inmutabilidad de Dios y nos dicen que nuestras acciones son tan
significativas ¡que ejercen influencia en el mismo ser de Dios! Conforme actuamos,
y conforme el universo cambia, esas acciones verdaderamente afectan a Dios y el
ser de Dios cambia; Dios se convierte en algo diferente de lo que era.
Los
proponentes de la Teología del Proceso a menudo erróneamente acusan a los
creyentes evangélicos (o incluso a los escritores bíblicos) de creer en un Dios
que no actúa en el mundo, o que no puede responder diferente a situaciones
diferentes (errores que ya hemos considerado arriba). Con respecto a la idea de
qué debemos influir en el mismo ser de Dios para ser significativos, debemos
responder que esta es una presuposición incorrecta introducida en la
consideración, y que no es congruente con la Biblia.
La
Biblia es clara al afirmar que nuestra significación suprema no viene de poder
cambiar el ser de Dios, sino del hecho de que Dios nos ha creado para su gloria
y que él nos considera significativos. Sólo Dios da la definición definitiva de
lo que es significativo y de lo que no es significativo en el universo, y sí él
nos cuenta como significativos, ¡entonces lo somos!
El
otro error fundamental de la Teología del Proceso es dar por sentado que Dios
debe ser cambiable como el universo que creó. Esto es algo que la Biblia
explícitamente niega: «En el principio, oh Señor, tú afirmaste la tierra, y los
cielos son la obra de tus manos. Ellos perecerán, pero tú permaneces para
siempre.
Todos ellos
se desgastarán como un vestido, y cambiarán como ropa que se muda; pero tú eres
siempre el mismo, y tus años no tienen fin» (Heb 1: 10-12, citando Sal 102: 25-27).
E. DIOS ES A LA VEZ INFINITO Y PERSONAL.
Nuestra
consideración de la Teología del Proceso ilustra una diferencia común entre el
cristianismo bíblico y todos los demás sistemas de teología.
En la
enseñanza de la Biblia, Dios es infinito y personal; es infinito en que no está
sujeto a ninguna de las limitaciones de la humanidad ni de la creación en
general. Es mucho más grande que todo lo que ha hecho, mucho más grande de todo
lo demás que existe. Pero también es personal; interactúa con nosotros como
persona, y podemos relacionarnos con él como personas. Podemos orar a él,
adorarlo, obedecerlo y amarlo, y él puede hablamos, regocijarse en nosotros y
amamos.
Aparte
de la verdadera religión que se halla en la Biblia, ningún sistema de religión tiene
un Dios que sea a la vez infinito y personal. Por ejemplo, los dioses de la
mitología antigua griega y romana eran personales (interactuaban frecuentemente
con los seres humanos), pero no eran infinitos: tenían debilidades y frecuentes
fracasos morales, e incluso rivalidades mezquinas.
Por
otro lado, el deísmo pinta a un Dios que es infinito, pero que está demasiado
alejado del mundo para intervenir personalmente en él. De modo similar, el
panteísmo sostiene que Dios es infinito (puesto que piensan que todo el
universo es Dios), pero tal Dios ciertamente no puede ser personal ni
relacionarse con nosotros como personas.
El
error de la Teología del Proceso encaja en este patrón general. Sus proponentes
están convencidos de que un Dios que es inmutable en su ser es tan diferente del
resto de la creación -tan infinito, tan ilimitado por el cambio que caracteriza
a toda nuestra existencia- que no puede también ser personal de una manera que
nosotros podamos afectarlo de alguna forma.
Así
que, a fin de ganar a un Dios que es personal, piensan que tienen que abandonar
a un Dios que es infinito por un Dios que continuamente está en proceso de cambio.
Esta clase de razonamiento es típico de muchas (tal vez todas) de las
objeciones a la clase de Dios que presenta la Biblia. Hay quienes dicen que si
Dios es infinito, no puede ser personal, o dicen que si Dios es personal, no
puede ser infinito.
La
Biblia enseña que Dios es a la vez infinito y personal. Debemos afirmar que
Dios es infinito (o ilimitado) con respecto al cambio que ocurre en el universo
(nada cambiará el ser, perfecciones, propósitos o promesas), que Dios es
también. Personal, y que se relaciona con nosotros personalmente y nos
considera valiosos.
F. LA IMPORTANCIA DE LA INMUTABILIDAD DE DIOS.
Al
principio puede parecemos que no tiene gran importancia que afirmemos la
inmutabilidad de Dios. La idea es Técnicamente hablando debemos reconocer que
el judaísmo, en tanto se basa en lo que llamamos el Antiguo Testamento, también
tiene una noción de Dios que le muestra siendo a la vez infinito y personal,
aunque el Judaísmo nunca ha reconocido las indicaciones de la naturaleza
trinitaria de Dios que están presentes incluso en el Antiguo Testamento (vea
capitulo 14,).
Tan
abstracta que tal vez no nos demos cuenta inmediatamente de su significación.
Pero
si nos detenemos por un momento para imaginamos lo que sería si Dios pudiera cambiar,
la importancia de esta doctrina se hace más clara. Por ejemplo, si Dios pudiera
cambiar (en su ser, perfecciones, propósitos o promesas), entonces cualquier
cambio sería para bien o para mal.
Pero
si Dios cambiara para bien, él no sería lo mejor que pudo haber sido cuando
confiamos en él. Y ¿cómo podríamos estar seguros de que es lo mejor que pudiera
ser ahora)? Pero si Dios pudiera cambiar para mal (en su propio ser), ¿qué
clase de Dios podría volverse? ¿Podría volverse, por ejemplo, un poquito malo
en vez de enteramente bueno? Y si pudiera convertirse en un poquito malo,
entonces ¿cómo sabemos que no podría cambiar para convertirse inmensamente
malo, o enteramenmente malo? Y no habría nada que podríamos hacer al respecto,
porque él es mucho más poderoso que nosotros.
Así
que la idea de que Dios podría cambiar conduce a la horrible posibilidad de que
a miles de años de aquí podríamos llegar a vivir para siempre en un universo
dominado por un Dios totalmente malo y omnipotente. Es dificil imaginarse un
pensamiento más aterrador. ¿Cómo podríamos incluso confiar en un Dios que
pudiera cambiar? ¿Cómo podríamos entregarle nuestras vidas?
Es
más, si Dios pudiera cambiar respecto a sus propósitos, sería posible que. Aunque
al escribir la Biblia prometió que Jesús volvería para gobernar sobre un nuevo cielo
y nueva tierra, tal vez ya ha abandonado ese plan, y entonces nuestra esperanza
en el retomo de Jesús es vana. O si Dios pudiera cambiar respecto a sus
promesas, ¿cómo podríamos confiar en él completamente en cuanto a la vida
eterna?
¿O en
cualquier otra cosa que la Biblia dice? Tal vez cuando la Biblia fue escrita él
prometió perdón de pecados y vida eterna para los que confían en Cristo, pero
(si Dios puede cambiar) tal vez ya ha cambiado de parecer en esas promesas;
¿cómo podríamos estar seguros? O tal vez su omnipotencia va a cambiar algún
día, así que aunque él quiera guardar sus promesas, no podría hacerlo.
Un
poco de reflexión como esta muestra 10 absolutamente importante que es la doctrina
de la inmutabilidad de Dios. Si Dios no es inmutable, toda la base de nuestra fe
empieza a desbaratarse, y nuestra comprensión del universo empieza a
deshacerse.
Esto
se debe a que nuestra fe, esperanza y conocimiento dependen en última instancia
de una persona que es infinitamente digno de confianza; porque él es absoluta y
eternamente inmutable en su ser, perfecciones, propósitos y promesas.
3. ETERNIDAD.
La
eternidad de Dios se puede definir como sigue: Dios no tiene principio, fin, ni
sucesión de momentos en su propio ser, y ve todo el tiempo con la misma
lucidez, sin embargo Dios ve los hechos en el tiempo y actúa en el tiempo.
A veces
a esta doctrina se le llama la doctrina de la infinitud de Dios con respecto al
tiempo. Ser «infinito» es ser ilimitado, y esta doctrina enseña que el tiempo
no limita a Dios.
Esta
doctrina también se relaciona con la inmutabilidad de Dios. Si es cierto que
Dios no cambia, debemos decir que el tiempo no cambia a Dios; no altera su ser,
perfecciones, propósitos o promesas. Pero eso quiere decir que el tiempo no altera
el conocimiento de Dios, por ejemplo. Dios nunca aprende cosas nuevas ni se
olvida de nada, porque eso significaría un cambio en su conocimiento perfecto.
Esto
implica también que el paso del tiempo no aumenta ni disminuye el conocimiento de
Dios; él sabe todas las cosas pasadas, presentes y futuras, y las sabe con igual
lucidez.
A. DIOS ES ETERNO EN SU SER.
El
hecho de que Dios no tenga principio ni fin se ve en Salmo 90: 2: «Desde antes
que nacieran los montes y que crearas la tierra y el mundo, desde los tiempos
antiguos y hasta los tiempos postreros, tú eres Dios» De modo similar, en Job
36: 26, Eliú dice de Dios: «¡Incontable es el número de sus años!»
La
eternidad de Dios también la sugieren pasajes que hablan del hecho de que Dios
siempre es o siempre existe. «Yo soy el Alfa y la Omega, el que es y que era y que
ha de venir, el Todopoderoso» Cap 1: 8; 4: 8).
Esto
también se indica en el intrépido uso de Jesús del verbo en tiempo presente que
implica existencia presente continua cuando contestó a sus adversarios judíos: «Antes
de que Abraham naciera, ¡yo soy!» Gn 8: 58). Esta afirmación en sí misma es una
afirmación explícita del nombre de Dios: «YO SOY EL QUE SOY», de Éxodo 3:14,
nombre que también sugiere una existencia presente continua:
Dios
es el eterno «YO SOY», el que existe eternamente.
El
hecho de que Dios nunca empezó a existir también se puede concluir del hecho de
que Dios creó todas las cosas, y que él mismo es espíritu inmaterial. Antes de
que Dios hiciera el universo no había materia, pero entonces él lo creó todo Gn
1: 1; Jn 1: 3; 1ª Co 8: 6; Col 1: 16; Heb 1: 2). El estudio de fisica nos dice
que la materia, y el tiempo y el espacio, deben ocurrir todos juntos; si no hay
materia, no puede haber espacio ni tiempo tampoco.
De
este modo, antes de que Dios creara el universo, no había «tiempo», por lo
menos no en el sentido de una sucesión de momentos uno tras otro. Por
consiguiente, cuando Dios creó el universo, también creó el tiempo. Cuando Dios
empezó a crear el universo, empezó el tiempo, y allí empezó a ser una sucesión
de momentos y acontecimientos uno tras otro.
Pero antes
de que hubiera un universo, y antes de que hubiera tiempo, Dios siempre existió,
sin principio, y sin ser afectado por el tiempo. El tiempo, por consiguiente, no
tiene existencia en sí mismo, sino que, como el resto de la creación, depende
de que el eterno ser y poder de Dios lo mantenga existiendo.
Los
anteriores pasajes de la Biblia y el hecho de que Dios siempre existió antes de
que existiera el tiempo se combinan para indicamos que el ser de Dios no tiene una
sucesión de momentos ni progreso de un estado de existencia a otro. Para Dios
toda su existencia siempre es de alguna manera «presente», aunque hay que reconocer
que la idea nos es dificil de entender, porque es una clase de existencia diferente
a la que nosotros experimentamos.
13Alfa
y omega son la primera y última letras del alfabeto griego, así que cuando Dios
dice que el Alfa y la Omega implica que es antes de todo lo demás y es después
de todo lo demás; es el principio de todo y siempre será el fin (o meta) de
todo.
A
decir verdad, la alternativa para decir que el tiempo empezó cuando Dios creó
el universo es decir que el tiempo nunca empezó, sino que siempre ha habido una
sucesión de momentos uno tras otro, extendiéndose infinitamente hacia atrás en
el pasado, sin nunca tener un punto de iniciación.
NOTA: Pero a muchos eso de tener tiempo sin un
principio les parecerá absurdo y probablemente imposible. Bavinck dice: "El
tiempo eterno en el sentido de tiempo sin principio es inconcebible» Como
veremos más abajo, esto no quiere decir que todos los eventos de la historia le
parecen a Dios como si fueran presente, porque Dios ve los eventos en tiempo y
actúa en el tiempo.
B. DIOS SIEMPRE LO VE TODO CON LA MISMA LUCIDEZ.
En
cierto sentido es más fácil para nosotros entender que Dios siempre lo ve todo
con la misma lucidez. Leemos en Salmo 90:4: «Mil años, para ti, son como el día
de ayer, que ya pasó; son como unas cuantas horas de la noche». A veces es
dificil para nosotros recordar acontecimientos que ocurrieron hace varias
semanas, o hace varios meses, o hace varios años.
Recordamos
más vívidamente hechos más recientes, y la claridad de nuestra memoria se
desvanece con el paso del tiempo. Incluso si fuera posible para nosotros vivir
«mil años», recordaríamos muy pocos hechos de cien años antes, y la claridad de
ese recuerdo sería muy difusa.
Pero
aquí la Biblia nos dice que Dios ve mil años «como ayer». Él puede recordar
todos los hechos de hace mil años por lo menos tan claramente como nosotros
recordamos los eventos de «ayer». Es más, para él mil años son «una de las
vigilias de la noche» (RVR 1960), un período de tres o cuatro horas durante el
cual el centinela hace guardia. Tal período corto de tiempo pasaría rápidamente
y todos los acontecimientos se recordarían fácilmente. Sin embargo así es como
mil años le parecen a Dios.
Cuando
nos damos cuenta de que la frase «mil años» no implica que Dios se olvida después
de mil cien o mil doscientos años, sino que más bien expresa el tiempo Más
largo que podamos imaginar se hace evidente que Dios ve toda la historia pasada
con gran claridad y en forma vívida; todo el tiempo transcurrido desde la creación
es para Dios como si acabara de suceder. Siempre permanecerá igual de claro en
su conciencia a través de los millones de años de la eternidad futura.
En el
Nuevo Testamento, Pedro nos dice que «para el Señor un día es como mil años, y
mil años como un día» (2ª P 3: 8). La segunda mitad de esta afirmación ya se había
hecho en el Salmo 90, pero la primera parte introduce una consideración
adicional:
«Un
día es como mil años»; es decir, cualquier día desde la perspectiva de Dios
parece durar «mil años»; es como si ese día jamás terminara, sino que siempre está
sucediéndose. De nuevo, puesto que «mil años» en lenguaje figurado quiere decir
<latín tiempo tan largo como podamos imaginar», o «toda la historia»,
podemos decir que según este versículo cualquier día para Dios parece ser el
presente en su conciencia para siempre.
Tomando
juntas estas dos consideraciones podemos decir lo siguiente: en la perspectiva
de Dios, cualquier período extremadamente largo de tiempo es como si acabara de
suceder; y cualquier período muy corto de tiempo (tal como un día) le parece a
Dios que dura para siempre; nunca cesa de ser el «presente» en su conciencia.
Así
que Dios ve y conoce todos los acontecimientos pasados, presentes y futuros con
igual lucidez. Esto jamás debería hacemos pensar que Dios no ve los hechos en
el tiempo y no actúa en el tiempo (véase abajo), sino precisamente lo opuesto:
Dios es el Señor eterno y soberano sobre la historia, y la ve más claramente y
actúa más decisivamente que nadie.
Pero,
una vez que hemos dicho eso, debemos con todo afirmar que estos versículos
hablan de la relación de Dios con el tiempo de una manera que nosotros ni
sabemos ni podemos experimentar. Dios experimenta el tiempo no simplemente como
una persistencia paciente a través de eones de duración infinita, sino que
tiene una experiencia del tiempo cualitativamente diferente a la nuestra.
Esto
encaja bien con la idea de que en su propio ser Dios es eterno; no experimenta
una sucesión de momentos. Este ha sido el concepto dominante en la ortodoxia
cristiana a través de la historia de la iglesia, aunque ha enfrentado retos
frecuentes, e incluso hoy todavía muchos teólogos lo niegan.
Por
consiguiente puede ver todos los acontecimientos en el tiempo con igual
vividez, y a la vez también ve los eventos en el tiempo y actúa en el tiempo.
El
diagrama también se anticipa a la siguiente consideración, puesto que indica que
Dios conoce los hechos del futuro, incluso el infinitamente largo futuro
eterno.
Con
respecto al futuro, Dios frecuentemente afirma a través de los profetas del Antiguo
Testamento que sólo él es el que sabe y puede declarar acontecimientos futuros.
«¿Quién
predijo esto hace tiempo, quién lo declaró desde tiempos antiguos? ¿Acaso no lo
hice yo, el Señor? Fuera de mí no hay otro Dios; Dios justo y Salvador, no hay
ningún otro fuera de mí» (Is 45: 21). De modo similar, leemos:
«Yo Soy Dios, Y No Hay Ningún Otro, Yo Soy Dios, Y No Hay Nadie Igual A
Mí. Yo Anuncio El Fin Desde El Principio; Desde Los Tiempos Antiguos, Lo Que
Está Por Venir. Yo Digo: Mi Propósito Se Cumplirá, Y Haré Todo Lo Que Deseo». (Is
46: 9-10)
Así
que Dios de alguna manera está sobre el tiempo y puede verlo como presente en
su conciencia. Aunque la analogía no es perfecta, podemos pensar del momento en
que empezamos a leer una novela larga. Antes de devolverla al estante, podemos
hojear rápidamente sus páginas una vez más, trayendo a la memoria los muchos
acontecimientos ocurridos en esa novela.
Por un
breve momento las cosas que han ocurrido a través de un largo período de tiempo
parecen estar «presentes» en nuestra mente. Tal vez esto es tenuemente análogo
a la experiencia de Dios de ver toda la historia como el presente en su
conciencia.
Creación
Vida de Cristo
C. DIOS VE LOS ACONTECIMIENTOS EN EL TIEMPO Y ACTÚA EN EL TIEMPO.
Sin
embargo, una vez que se ha dicho todo esto es necesario guardamos contra
malentendidos completando la definición de la eternidad de Dios: «Sin embargo
Dios ve los acontecimientos en el tiempo y actúa en el tiempo», Pablo escribe:
«Pero cuando se cumplió el plazo, Dios envió a su Hijo, nacido de una mujer,
nacido bajo la ley, para rescatar a los que estaban bajo la ley» (Gá 4: 4-5).
Dios
observaba claramente y sabía exactamente la consecuencia de lo que estaba
sucediendo en la creación conforme ocurrían los hechos en el tiempo. Podríamos
decir que Dios observaba el progreso del tiempo conforme los varios
acontecimientos se producían dentro de su creación. Entonces, en el momento
preciso, «cuando se cumplió el plazo», Dios envió a su Hijo al mundo.
Es
evidente en toda la Biblia que Dios actúa dentro del tiempo y actúa diferente en
diferentes momentos en el tiempo. Por ejemplo, Pablo dijo a los hombres de
Atenas:
«Dios
pasó por alto aquellos tiempos de tal ignorancia, pero ahora manda a todos, en
todas partes, que se arrepientan. Él ha fijado un día en que juzgará al mundo
con justicia, por medio del hombre que ha designado» (Hch 17: 30-31). Esta
afirmación incluye una descripción de una manera previa en la que Dios actuó,
una manera presente de actuar de Dios y una actividad futura que él realizará,
y todo en el tiempo.
Ciertamente,
el énfasis repetido en los profetas del Antiguo Testamento en la capacidad de
Dios para predecir el futuro nos obliga a damos cuenta de que Dios predice sus
acciones en un punto en el tiempo y luego las realiza en un punto posterior en
el tiempo; y en una escala mayor, la Biblia entera de Génesis a Apocalipsis es
el propio historial de Dios de la manera en que ha actuado en el tiempo para
dar redención a su pueblo.
Debemos,
por consiguiente, afirmar que Dios no tiene sucesión de momentos en su propio
ser, y ve toda la historia con igual vividez, y que ve en su creación el desarrollo
de los acontecimientos a través del tiempo y actúa en forma diferente en puntos
diferentes en el tiempo; en breve, él es el Señor que creó el tiempo y que l
gobierna y lo usa para sus propios propósitos.
Dios
puede actuar en el tiempo porque él es Señor del tiempo. Lo usa para mostrar su
gloria. De hecho, a menudo le place a Dios cumplir sus promesas y realizar sus
obras de redención a través de un período de tiempo para que nosotros podamos
más fácilmente ver y apreciar su gran sabiduría, su paciencia, su fidelidad, su
señorío sobre todo lo que sucede, e incluso su inmutabilidad y eternidad.
NOTA: A veces los teólogos han objetado que Dios no
puede ser «eterno sin tiempo» en e! sentido descrito arriba, porque e! momento
en que él crea algo, está actuando en e! tiempo y por consiguiente él debe
existir en e! tiempo.
Pero esta objeción no distingue lo que Dios es en
su propio ser (él existe sin principio, fin, ni sucesión de momentos) de lo que
Dios hace fuera de sí mismo (él crea en e! tiempo y actúa en el tiempo de otras
maneras). Davis dice que no tenemos noción coherente de algún «causante en el
que una causa eterna produzca un efecto temporal», sino que eso es simplemente
admitir que no entendemos como un Dios eterno y sin tiempo pueda actuar en e!
tiempo; eso no prueba que Dios no puede ser sin tiempo y con todo actuar en e!
tiempo. Con certeza aquí, al hablar de la relación entre Dios y el tiempo,
¡sería necio decir que lo que no podemos entender debe ser imposible!
Davis también cae en otra forma de! error de «si
Dios es infinito no puede ser personal» mencionado arriba. Dice: «Un ser sin
tiempo no puede ser e! Dios personal, cariñoso, y que interviene de! que leemos
en la Biblia». Pero para probar esto simplemente habla de las acciones de Dios
en el tiempo, sin siquiera mostrar porque Dios no puede a la vez actuar en e!
tiempo (intervenir personalmente) y ser sin tiempo en su propio ser (ser
infinito o ilimitado con respecto al tiempo). Finalmente, aunque menciona la
posibilidad de que el tiempo fue creado pero que en algún momento dejará de
existir, no considera la alternativa que parece mucho más probable en vista de
las promesas de la Biblia de vida eterna, es decir, que e! tiempo fue una vez
creado pero nunca dejará de existir en e! futuro.
Los que, como Davis, niegan que Dios sea eterno sin
tiempo, con todo dicen que Dios ha existido eternamente pero que siempre ha
existido en el tiempo y siempre ha experimentado una sucesión de momentos. Pero
esta posición levanta incluso más dificultades, porque exige que e! tiempo
nunca haya empezado, sino que lo alargan
D. NOSOTROS SIEMPRE EXISTIREMOS EN EL TIEMPO.
¿PARTICIPAREMOS NOSOTROS
DE LA ETERNIDAD DE DIOS?
Específicamente,
¿existirá todavía el tiempo en el cielo nuevo y la nueva tierra que vendrán?
Algunos han pensado que no. De hecho, hay un himno conocido que en inglés dice:
«Cuando suene la trompeta del Señor, y el tiempo ya no sea más»; y leemos en la
Biblia: «La ciudad no necesita ni sol ni luna que la alumbren, porque la gloria
de Dios la ilumina, y el Cordero es su lumbrera allí no habrá noche» Cap 21: 23,
25; 22: 5).
No
obstante, no es correcto decir que el cielo será «sin tiempo», o sin la
presencia del tiempo o el paso del tiempo. Más bien, por cuanto somos criaturas
finitas necesariamente experimentaremos los acontecimientos uno tras otro.
Incluso el pasaje que habla en cuanto a que no hay noche en el cielo también
menciona el hecho de que los reyes de la tierra traerán a la ciudad celestial
«todas las riquezas y el honor de las naciones» Cap. 21: 26).
Se nos
dice respecto a la luz de la ciudad celestial que «las naciones caminarán a la
luz de la ciudad» Cap. 21: 24). Estas actividades de traer cosas a la ciudad
celestial y andar en la luz de la ciudad celestial implican que los hechos
ocurren uno tras otro. Algo está fuera de la ciudad celestial, y luego en un
punto posterior en el tiempo es parte de la gloria y honor de las naciones que
es traído a la ciudad celestial.
Para
arrojar la corona de uno ante el trono de Dios Cap 4: 10) es preciso que en un
momento la persona tenga una corona y que en un momento posterior esa corona
sea arrojada ante el trono. Cantar un canto nuevo de alabanza ante Dios en el
cielo exige que una palabra se cante después de otra. Es más, del «árbol de la
vida» en la ciudad celestial se dice que «produce doce cosechas al año, una por
mes» Cap. 22: 2), lo que implica el paso regular del tiempo y la sucesión de
acontecimientos en el tiempo."
Por
consiguiente, en el cielo todavía habrá sucesión de momentos uno tras otro y
cosas que se suceden una tras otra. Experimentaremos la vida eterna no como una
duplicación exacta del atributo de Dios de eternidad, sino más bien como una
duración de tiempo que nunca termina; nosotros, como pueblo de Dios experimentaremos
plenitud de gozo en la presencia de Dios por toda la eternidad; no en el
sentido de que ya no experimentaremos el tiempo, sino en el sentido de que
nuestra vida con él durará para siempre: «Ya no habrá noche; no necesitarán luz
de lámpara ni de sol, porque el Señor Dios los alumbrará. Y reinarán por los
siglos de los siglos» Cap. 22: 5).
Infinitamente
hacia el pasado. Sin embargo, eso no parece ser posible, porque si el pasado es
infinitamente largo, nunca podríamos haber llegado a este momento.
4. OMNIPRESENCIA.
Así
como Dios es ilimitado o infinito con respecto al tiempo, Dios es ilimitado con
respecto al espacio. A esta característica de la naturaleza de Dios se le llama
omnipresencia (el prefijo latino omni quiere decir «todo»). La omnipresencia de
Dios se puede definir como sigue: Dios no tiene tamaño ni dimensiones espaciales
y está presente en todo punto en el espacio con todo su ser, y sin embargo Dios
actúa en forma diferente en diferentes lugares.
El
hecho de que Dios es Señor del espacio y no puede estar limitado por el espacio
es evidente primero del hecho que él lo creó, porque la creación del mundo material
(Gn 1: 1) implica también la creación del espacio. Moisés le recordó al pueblo el
señorío de Dios sobre el espacio: «Al Señor tu Dios le pertenecen los cielos y lo
más alto de los cielos, la tierra y todo lo que hay en ella» (Dt 10: 14).
A. DIOS ESTÁ PRESENTE EN TODO LUGAR.
Sin
embargo hay pasajes específicos que hablan de la presencia de Dios en cada
parte del espacio. Leemos en Jeremías lo siguiente:
«¿Soy
acaso Dios sólo de cerca? ¿No soy Dios también de lejos? afirma el Señor. ¿Podrá
el hombre hallar un escondite donde yo no pueda encontrarlo? afirma el Señor o
¿Acaso no soy yo el que llena los cielos y la tierra? afirma el Señor» (Jer 23:
23-24). Aquí Dios está reprendiendo a los profetas que piensan que sus palabras
o pensamientos están escondidos de Dios. Él está en todas partes y llena cielo
y tierra.
David
expresa hermosamente la omnipresencia de Dios:
¿A Dónde Podría Alejarme De Tu Espíritu? ¿Adónde Podría Huir De Tu
Presencia? Si Subiera Al Cielo, Allí Estás Tú; Si Tendiera Mi Lecho En El Fondo
Del Abismo, También Estás Allí. Si Me Elevara Sobre Las Alas Del Alba, O Me
Estableciera En Los Extremos Del Mar, Aun Allí Tu Mano Me Guiaría, ¡Me
Sostendría Tu Mano Derecha! (Sal 139: 7-10)
No hay
lugar en el universo entero, en tierra o mar, en el cielo o en el infierno, adonde
uno pueda huir de la presencia de Dios.
También
debemos notar que no hay ninguna indicación de que simplemente una parte de
Dios está en un lugar y otra parte de él en otro. Es Dios mismo que estaba presente
dondequiera que David pudiera ir. No podemos decir que algo de Dios o
simplemente una parte de Dios está presente, porque eso sería pensar de su ser
en términos espaciales, como si estuviera limitado de alguna manera por el
espacio.
Parece
más apropiado decir que Dios está presente con todo su ser en toda parte del
espacio también Hch 17: 28, donde Pablo reiteraba la corrección de las palabras:
«"puesto que en él vivimos, nos movemos y existimos"», y Col 1: 17,
que dice de Cristo: «Por medio de él forman un todo coherente»).
B. DIOS NO TIENE DIMENSIONES ESPACIALES.
Aunque
parece necesario que digamos que todo el ser de Dios está presente en toda
parte del espacio, o en todo lugar del espacio, es también necesario decir que
a Dios ningún espacio lo puede contener por grande que sea. Salomón dice en su
oración a Dios: «Pero ¿será posible, Dios mío, que tú habites en la tierra? Si
los cielos, por altos que sean, no pueden contenerte, ¡mucho menos este templo
que he construido!» (1ª R 8: 27).
Los
cielos, por altos que sean, no pueden contener a Dios; en verdad, no puede
contenerlo el espacio más Grande imaginable (cf. Is 66: 1-2; Hch 7: 48). Aunque
el pensamiento de que Dios está presente en toda parte y lugar con todo su ser
debe animamos grandemente en la oración sin que importe donde estemos, el hecho
de que de ningún lugar se puede decir que contiene a Dios también debe
desalentamos en cuanto a pensar que hay algún lugar especial de adoración que
le da a los seres humanos un acceso especial a Dios; a Dios no lo puede
contener ningún lugar.
Debemos
guardamos en contra de pensar que Dios se extiende infinitamente lejos en toda
dirección de manera que él mismo existe en una especie de espacio infinito e
interminable. Tampoco debemos pensar que Dios es como un «espacio más grande» o
un área más grande que rodea el espacio del universo que conocemos.
Todas
estas ideas equivalen a pensar en el ser de Dios en términos espaciales, como
si fuera simplemente un ser extremadamente grande. Más bien, debemos tratar de
evitar pensar en Dios en términos de tamaño o dimensiones espaciales.
Dios
es un ser que existe sin tamaño ni dimensiones espaciales. Es más, antes de que
Dios creara el universo no había materia ni material, de modo que tampoco había
espacio. Sin embargo, Dios existía ya. ¿Dónde estaba Dios? No estaba en un lugar
que pudiéramos llamar un «donde», porque no había «donde» ni espacio.
¡Pero
Dios ya era! Este hecho nos hace damos cuenta de que Dios se relaciona al espacio
de una manera muy diferente que nosotros o que alguna otra cosa creada.
Dios
existe como una especie de ser que es muy diferente y mucho más grande de lo
que podemos imaginar.
También
debemos tener cuidado de no pensar que Dios mismo es equivalente a alguna parte
de la creación o la totalidad de ella. Un panteísta cree que todo es Dios, o
que Dios está en todo lo que existe. La perspectiva bíblica es más bien que Dios
está presente en toda parte de su creación, pero también es distinto de su
creación.
¿Cómo
puede ser esto? La analogía de una esponja llena de agua no es perfecta, pero
es útil. El agua está presente en toda parte de la esponja, pero el agua sigue siendo
agua y la esponja sigue siendo esponja. Ahora bien, esta analogía se desbarata en
puntos muy pequeños dentro de la esponja, en donde se pudiera decir que todavía
hay esponja en cierto punto pero no agua, o agua pero no esponja.
Sin
embargo esto se debe a que la analogía está tratando con dos materiales que
tienen características y dimensiones espaciales, en tanto que Dios no tiene ni
lo uno ni lo otro.
C. DIOS PUEDE ESTAR PRESENTE PARA CASTIGAR, SUSTENTAR O BENDECIR.
La
idea de la omnipresencia de Dios ha sido problema para algunos que se preguntan
cómo Dios puede estar presente, por ejemplo, en el infierno. Es más, ¿no es el
infierno lo opuesto de la presencia de Dios, o la ausencia de Dios?
Esta
dificultad se puede resolver al damos cuenta de que Dios está presente en
diferentes maneras en diferentes lugares y que actúa en forma diferente en lugares
diferentes de su creación. A veces Dios está presente para castigar. Un
aterrador pasaje de Amós pinta vívidamente esta presencia de Dios para castigo:
Ni Uno Solo Escapará, Ninguno Saldrá Con Vida. Aunque Se Escondan En Lo
Profundo Del Sepulcro, De Allí Los Sacará Mi Mano. Aunque Suban Hasta El Cielo,
De Allí Los Derribaré.
Aunque Se Oculten En La Cumbre Del Carmelo, Allí Los Buscaré Y Los
Atraparé. Aunque De Mí Se Escondan En El Fondo Del Mar, Allí Ordenaré A La
Serpiente Que Los Muerda. Aunque Vayan Al Destierro Arriados Por Sus Enemigos,
Allí Ordenaré Que Los Mate La Espada. Para Mal, Y No Para Bien, Fijaré En Ellos
Mis Ojos. (Am 9: 1-4)
En
otras ocasiones Dios está presente no para castigar ni para bendecir, sino meramente
presente para sustentar o para mantener el universo existiendo y funcionando de
la manera que él quiso que funcionara. En este sentido la naturaleza divina de
Cristo está presente en toda parte y lugar: «Él es anterior a todas las cosas, que
por medio de él forman un todo coherente» (Col 1: 17). El autor de Hebreos dice
que Dios Hijo es (continuamente) «el que sostiene todas las cosas con su palabra
poderosa» (Heb 1: 3).
Sin
embargo, en otras ocasiones o en otros lugares Dios está presente para
bendecir.
David
dice: «Me llenarás de alegría en tu presencia, y de dicha eterna a tu derecha »
(Sal 16:11). Aquí David está hablando no de la presencia de Dios para castigar ni
solo sustentar, sino de la presencia de Dios para bendecir.
A
decir verdad, la mayoría de las veces que la Biblia habla de la presencia de Dios,
se refiere a la presencia de Dios para bendecir. Por ejemplo, es de esta manera
que debemos entender la presencia de Dios sobre el arca del pacto en el Antiguo
Testamento. Leemos del «arca del pacto del Señor Todopoderoso, que reina entre
los querubines» (1ª S 4: 4; Éx 25: 22), que es referencia al hecho de que Dios
daba a conocer su presencia y actuaba de una manera especial para dar bendición
y protección a su pueblo en el lugar que había designado como su trono, es
decir, el lugar sobre las dos figuras de oro de seres celestiales (querubines»)
que estaban encima de la cubierta del arca del pacto.
No es
que Dios no estuviera presente en otras partes, sino que más bien allí daba a
conocer de una manera especial su presencia y allí manifestaba de una manera
especial su carácter y daba bendición a su pueblo.
En el
nuevo pacto, no hay un lugar de la tierra que Dios haya escogido como su lugar
particular de morada, porque podemos adorarle en todas partes (vea Jn 4:20).
NOTA: El participo presente fueron, «llevar
cargando», en Heb 1: 3 implica que la actividad de Cristo de «llevar cargando
todas las cosas» (es decir, manteniendo todas las cosas del universo existiendo
y fundando regularmente) es una actividad continuada, que nunca cesa.
Pero
ahora y por toda la eternidad, Dios ha escogido el lugar que la Biblia llama «cielo»
para que sea el enfoque de la manifestación de su carácter y la presencia de su
bendición y gloria. Así que cuando la nueva Jerusalén desciende del cielo de Dios,
Juan en su visión oye una voz fuerte del trono de Dios que dice: «¡Aquí, entre
los seres humanos, está la morada de Dios! Él acampará en medio de ellos, y
ellos serán su pueblo; Dios mismo estará con ellos» (Ap 21: 3).
Puede
parecer desorientador decir que Dios está «más presente» en el cielo que en
otras partes, pero también no sería desorientador decir que Dios está presente
de una manera especial en el cielo, presente especialmente allí para bendecir y
mostrar su gloria. Podemos también decir que Dios manifiesta su presencia más
plenamente en el cielo que en otros lugares.
De
esta manera se puede entender también la afirmación de Pablo en cuanto a Cristo:
«Toda la plenitud de la divinidad habita en forma corporal en Cristo» (Col 2: 9).
En cierto sentido, por supuesto, podemos decir que todo el ser de Dios está presente
en todo punto en el espacio y por consiguiente en todo punto en toda persona, y
no sólo en Cristo. Pero hay dos dificultades al hablar de esta manera:
(1) La Biblia nunca habla de una manera directa de la presencia de Dios en
los que no creen, probablemente para evitar cualquier conexión entre Dios y la
responsabilidad o culpa por las malas obras, y probablemente también para
evitar cualquier sugerencia de la presencia de Dios para bendecir, puesto que
es sólo una presencia para sustentar.
(2) Todavía más, este sentido de «presencia para
sustentar» no es el sentido que Pablo tiene en mente en Colosenses 2:9. De
hecho, allí Pablo ni siquiera parece querer decir simplemente «presente para
bendecir» en el mismo sentido en que Dios está presente para bendecir en la
vida de todos los creyentes. Más bien, Pablo parece querer decir que en Cristo
la propia naturaleza de Dios está presente para bendecir y para manifestar su
carácter de la manera más plena y más completa posible.
Nuestra
dificultad para comprender cómo expresar la manera en que Dios está presente en
los que no creen, por ejemplo, nos lleva a darnos cuenta de que aunque la
Biblia puede hablar de que Dios está presente en toda parte y lugar, cuando la Biblia
dice que Dios está «presente» por lo general quiere decir «presente para
bendecir». Es decir, aunque hay unas pocas referencias a la presencia de Dios
para sustentar o presencia para castigar, la vasta mayoría de las referencias
bíblicas a la presencia de Dios son simplemente maneras más breves de afirmar
que él está presente para bendecir.
Cuando
nos familiarizamos más con esta forma de hablar, se hace más dificil hablar de
la presencia de Dios de alguna otra manera. Y tal vez es incluso desorientador
hacerlo, a menos que se pueda dar una clara explicación de lo que queremos
decir.
Algunos
ejemplos del significado bíblico usual de la expresión son los siguientes: 2ª Corintios
3: 17: «Donde está el Espíritu del Señor, allí hay libertad»; Romanos 8: 9-10:
«Según el Espíritu, si es que el Espíritu de Dios vive en ustedes si Cristo
está en ustedes el Espíritu que está en ustedes es vida»; Juan 14: 23: «El que
me ama, obedecerá mi palabra, y mi Padre lo amará, y haremos nuestra vivienda
en él», y así por el estilo. Todos estos versículos hablan de la presencia de
Dios y dan por sentado que entendemos que quieren decir la presencia de Dios
para bendecir.
En una
especie de expresión paralela, cuando la Biblia habla de que Dios está «lejos»
por lo general quiere decir que «no está presente para bendecir». Por ejemplo, Isaías
59: 2 dice: «Son las iniquidades de ustedes las que los separan de su Dios», y
Proverbios 15: 29 declara: «El Señor se mantiene lejos de los impíos, pero escucha
las oraciones de los justos».
En
resumen, Dios está presente en toda parte del espacio con todo su ser, sin embargo
actúa en forma diferente en diferentes lugares. Es más, cuando la Biblia habla
de la presencia de Dios, por lo general quiere decir su presencia para
bendecir, y es simplemente normal que nuestra habla se ajuste a este uso
bíblico.
Herman
Bavinck, en The Doctrine ofGod cita un hermoso párrafo que ilustra la aplicación
práctica de la doctrina de la omnipresencia de Dios:
Cuando Quieres Hacer Algo Malo, Te Retiras Del Público A Tu Casa En
Donde Ningún Enemigo Pueda Verte; De Los Lugares De Tu Casa Que Son Abiertos Y
Visibles A Los Ojos De Los Hombres Te Retiras A Tu Cuarto; Incluso En Tu Cuarto
Temes Algún Testigo De Algún Otro Lugar, Así Que Te Retiras A Tu Corazón, Y
Allí Meditas: Él Está Más Adentro Que Tu Corazón.
Adondequiera, Por Consiguiente, Que Huyas, Él Está Allí. De Ti Mismo,
¿Adónde Vas A Huir? ¿No Te Seguirías Tú Mismo Adondequiera Que Huyeras? Pero Puesto
Que Hay Uno Más Interior Incluso Que Tú Mismo, No Hay Lugar Adonde Puedas Huir
De Un Dios Colérico Sino A Un Dios Reconciliador. No Hay Ningún Lugar Al Cual
Puedas Huir. ¿Huirás De Él? Huye A Él.
5. UNIDAD.
La
unidad de Dios se puede definir como sigue: Dios no está dividido en partes, y
sin embargo vemos que en diferentes ocasiones se hace énfasis en diferentes
atributos de Dios. A este atributo de Dios también se le ha llamado la
simplicidad de Dios, usando simple en el sentido menos común de «no complejo» o
no compuesto de partes». Pero siendo que la palabra simple hoy tiene el sentido
más común de (fácil de entender» y «no inteligente o tonto», es más útil ahora
hablar de la «unidad» de Dios en vez de su «simplicidad».
Cuando
la Biblia habla de los atributos de Dios nunca destaca alguno de los atributos de
Dios como más importantes que los demás. Se da por sentado que todo atributo es
completamente una verdad en cuanto a Dios y es una verdad en cuanto a todo el
carácter de Dios. Por ejemplo, Juan puede decir que «Dios es luz» (1ª Jun. 1: 5)
y luego, un poco más tarde, también decir que «Dios es amor» (1ª Jn 4: 8).
No hay
ninguna sugerencia de que una parte de Dios es luz y una parte de Dios es amor,
ni de que Dios es parcialmente luz y parcialmente amor. Tampoco debemos pensar
que Dios es más luz que amor ni más amor que luz. Más bien Dios mismo es luz, y
Dios mismo también es amor.
NOTA: Los teólogos sistemáticos a menudo han
distinguido otros aspectos de la unidad de Dios en este punto, es decir, la
«unidad» que se halla en el hecho de que Dios es un Dios, y no muchos dioses. A
este hecho se le ha llamado la «unidad de singularidad», en donde lo que yo
llamo aquí la unidad de Dios ha sido entonces llamada la «unidad de
simplicidad».
En tanto que concuerdo en que Dios es un Dios,
puede ser confuso hablar de dos diferentes clases de unidad en Dios. Por
consiguiente, no he usado el término «unidad de singularidad» o considerado el
concepto aquí, sino que más bien he tratado la cuestión en el capítulo 14,
sobre la Trinidad.
Lo
mismo es cierto de todas otras descripciones del carácter de Dios, como la que
tenemos en Éxodo 34: 6-7:
Pasando Delante De Él, Proclamó: -El Señor, El Señor, Dios Clemente Y
Compasivo, Lento Para La Ira Y Grande En Amor Y Fidelidad, Que Mantiene Su Amor
Hasta Mil Generaciones Después, Y Que Perdona La Iniquidad, La Rebelión Y El
Pecado; Pero Que No Deja Sin Castigo Al Culpable, Sino Que Castiga La Maldad De
Los Padres En Los Hijos Y En Los Nietos, Hasta La Tercera Y La Cuarta
Generación.
No
querríamos decir que estos atributos son sólo características de alguna parte de
Dios, sino más bien que son características de Dios mismo, y por consiguiente características
de todo lo que es Dios.
Estas
consideraciones indican que no debemos pensar que Dios es como una colección de
atributos que se juntan.
La Esencia De Dios No Es Una Colección
De Atributos
Tampoco
debemos pensar que los atributos de Dios son algo externo al mismo ser de Dios,
algo añadido a lo que Dios realmente es, como en la analogía, Más bien, debemos
recordar que todo el ser de Dios incluye todos sus atributos; él es enteramente
amor, enteramente misericordioso, enteramente justo, etcétera.
Todo
atributo de Dios que hallamos en la Biblia es verdad de todo el ser de Dios, y por
consiguiente podemos decir que todo atributo de Dios también califica a todo
los demás atributos.
Los Atributos De Dios No Son Adiciones
Su Mismo Ser, El Amor Y La
Justicia De Dios Amor, Justicia, Santidad Y Sabiduría De Dios
Podríamos,
por supuesto, seguir trazando diferentes clases de líneas para cada uno de los
diferentes atributos de Dios; pero debe ser claro que cada atributo es simplemente
una manera de describir un aspecto del carácter o ser total de Dios.
Dios
mismo es una unidad, una persona unificada y completamente integrada, que es
infinitamente perfecta en todos estos atributos.
¿Por
qué, entonces, la Biblia habla de estos diferentes atributos de Dios?
Probablemente se debe a que no podemos captar todo el carácter de Dios a la
vez, y necesitamos aprender al respecto desde diferentes perspectivas en un
período de tiempo. Sin embargo estas perspectivas nunca deben ponerse en
oposición una a otra, porque son simplemente diferentes maneras de mirar a la
totalidad del carácter de Dios.
En
términos de aplicación práctica, esto significa que nunca debemos pensar, por
ejemplo, que Dios es un Dios de amor en un punto de la historia y un Dios
justiciero y colérico en otro punto de la historia. Él es el mismo Dios
siempre, y todo lo que dice o hace es plenamente consistente con todos sus
atributos.
No es
correcto decir, como algunos han dicho, que Dios es un Dios justiciero en el
Antiguo Testamento y un Dios de amor en el Nuevo Testamento. Dios es y siempre
ha sido infinitamente justo e infinitamente amor por igual, y todo lo que hace
en el Antiguo Testamento así como en el Nuevo Testamento es completamente
coherente con ambos de esos atributos.
Es
cierto que algunas acciones de Dios muestran algunos de esos atributos más prominentemente.
La creación demuestra su poder y sabiduría, la expiación demuestra su amor y
justicia, y el resplandor del cielo demuestra su gloria y belleza.
Pero
todos estos de una manera u otra también demuestran su conocimiento y santidad,
misericordia y veracidad, paciencia y soberanía y todo lo demás. Sería difícil en
verdad hallar algún atributo de Dios que no esté reflejado por lo menos en
algún grado en alguno de sus actos de redención. Esto se debe al hecho
mencionado arriba: Dios es una unidad y todo lo que hace es un acto de la
persona total de Dios.
Todavía
más, la doctrina de la unidad de Dios debe servirnos de advertencia para que no
intentemos señalar algunos de los atributos de Dios como más importantes que
todos los demás.
En
varias ocasiones algunos han intentado de ver la santidad de Dios, su amor, su
existencia propia, su justicia o algún otro atributo como el atributo más
importante de su ser. Pero tales intentos parecen concebir erróneamente a Dios
como una combinación de varias partes, y que algunas partes son en cierto
sentido más grandes o más influyentes que otras.
Todavía
más, es dificil entender exactamente qué pudiera significar «más importante».
¿Quiere decir que hay algunas acciones de Dios que no son plenamente congruentes
con alguno de sus otros atributos? ¿Hay algunos atributos que Dios de alguna
manera deja a un lado a veces a fin de actuar de maneras ligeramente contrarias
a esos atributos?
Ciertamente
no podemos sostener ninguno de estos puntos de vista, porque eso significaría
que Dios no es coherente con su propio carácter, o que cambia y se convierte en
algo diferente de lo que fue previamente.
Más
bien, cuando vemos todos los atributos solo como varios aspectos del carácter
total de Dios, tal pregunta se vuelve innecesaria y descubrimos que no hay
atributo que se pueda señalar como más importante. Es Dios mismo en su ser
total lo que es supremamente importante, y es Dios mismo en todo su ser a quien
debemos procurar, conocer y amar.
PREGUNTAS PARA APLICACIÓN PERSONAL
1. Al pensar en la independencia, inmutabilidad, eternidad, omnipresencia
y unidad de Dios, ¿puede usted ver algún pálido reflejo de estos cinco
atributos incomunicables en usted según lo creó Dios a usted para que fuera? ¿Qué
significaría procurar llegar a ser más semejante a Dios en estos aspectos? ¿En
qué punto sería errado incluso querer ser como Dios en cada uno de estos
aspectos porque sería querer usurpar su exclusivo papel como Creador y Señor?
2. Usando cada uno de estos cinco atributos incomunicables, explique cómo seremos
en el cielo más semejantes a Dios de lo que somos ahora, y también cómo por
toda la eternidad seremos diferentes a Dios en cada uno de estos cincos
aspectos.
3. Explique cómo le hace sentirse emocionalmente cada uno de los aspectos de
la doctrina de la independencia de Dios. ¿Ejerce esta doctrina un efecto positivo
o negativo en su vida espiritual? Explique por qué.
4. Explique cómo la doctrina de la inmutabilidad o invariabilidad de Dios
le ayuda a contestar las siguientes preguntas: ¿Podremos hacer un buen trabajo en
la crianza de nuestros hijos en un mundo tan malo como el que tenemos hoy? ¿Es
posible tener la misma íntima comunión con Dios que tuvieron algunos en los
tiempos bíblicos? ¿Qué podemos pensar o hacer para que las historias bíblicas
sean más reales y menos alejadas de nuestra vida presente? ¿Piensa usted que
Dios está menos dispuesto a contestar la oración hoy de lo que lo estaba en
tiempos bíblicos?
5. Si usted peca contra Dios hoy, ¿cuándo empezaría eso a entristecer el
corazón de Dios? ¿Cuándo dejaría de entristecer el corazón de Dios? ¿Le ayuda
esta reflexión a entender por qué el carácter de Dios exige que castigue el
pecado? ¿Por qué tuvo Dios que enviar a su Hijo para que sufriera el castigo
del pecado en lugar de simplemente olvidarse del pecado y recibir con brazos
abiertos a los pecadores en el cielo sin tener que aplicar a nadie el castigo
por el pecado? ¿Piensa ahora Dios que sus pecados están perdonados o que no lo
están?
6. Si usted entona alabanzas a Dios hoy, ¿cuándo dejaría el sonido de esa
alabanza de estar presente en la conciencia de Dios y deleitar su corazón?
¿Tienen algún significado último los cantos de alabanza a Dios? ¿Qué en cuanto a
confiar en él hora tras hora y obedecerle cada día?
7. ¿Es el control de su tiempo una lucha para usted en su vida? Conforme
crecemos a la madurez en la vida cristiana y hacia conformarnos a la imagen de Cristo,
¿seremos más semejantes a Dios en nuestro dominio del tiempo? ¿De qué manera?
8. Explique cómo cada uno de los cinco atributos incomunicables de Dios
que se consideran en este capítulo puede ayudarle en su vida de oración.
TÉRMINOS ESPECIALES
Aseidad,
atributos comunicables, atributos incomunicables, eternidad, existencia propia,
infinito con respecto a tiempo, inmutabilidad, invariabilidad, nombres de Dios,
omnipresencia, independencia, infinito, infinito con respecto a espacio, simplicidad,
unidad
Nota: En este capítulo sobre los atributos
incomunicables de Dios se debe notar que algunas teologías sistemáticas
clasifican y consideran los atributos de Dios en categorías diferentes a
comunicables o incomunicables, así que no siempre es posible una referencia
cruzada exacta a secciones paralelas. Una lista más completa de las secciones
de textos de teología sistemática que consideran los atributos de Dios en general
se hallará en la bibliografía al final del capítulo. Secciones en Teologías
Sistemáticas Evangélicas.
PASAJE BIBLICO PARA MEMORIZAR.
Salmo 102:25-27: En El Principio Tú Afirmaste La Tierra, Y Los Cielos
Son La Obra De Tus Manos. Ellos Perecerán, Pero Tú Permaneces. Todos Ellos Se
Desgastarán Como Un Vestido. Y Como Ropa Los Cambiarás, Y Los Dejarás De Lado. Pero
Tú Eres Siempre El Mismo, Y Tus Años No Tienen Fin.
HIMNO
«HIMNO
AL PADRE»
Cantadle
a una voz, omnipotente Dios, Su nombre es Elohim, y el trino Creador; Jehová es
el gran «YO SOY», y eterno es Eloím, Postrados todos a sus pies, es nuestro
Redentor. Cantadle con amor, altísimo Señor,
Su
nombre es Adonai, del mundo dueño y rey; El Dios de bendición, nos cuida El
Shaddai, Oh, alabadle sin temor, ovejas de su grey.
Cantadle
con fervor, supremo y fiel pastor, Su nombre es El Elyon, el gran gobernador; El
sempiterno Ser, nos guía con amor, Load a Jehová Jireh, de Sion sustentador.
Dar
cánticos a Dios el Padre, en alta voz, y al Hijo el Salvador mil salmos
entonad; Con himnos ensalzad al Santo Espíritu; Tres veces santo, el trino
Dios, servidle con lealtad.

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