TEOLOGIA: LA DOCTRINA DE DIOS - 16. LA PROVIDENCIA DE DIOS
SI DIOS CONTROLA TODAS
LAS COSAS, ¿CÓMO PUEDEN NUESTRAS ACCIONES TENER VERDADERO SIGNIFICADO? ¿CUÁLES
SON LOS DECRETOS DE DIOS?
EXPLICACIÓN Y BASE BÍBLICA
Una
vez que entendemos que Dios es el Creador todopoderoso (vea capítulo 15),
parece razonable concluir que él también preserva y gobierna todo en el
universo.
Aunque
el término providencia no se halla en la Biblia, tradicionalmente se ha usado
para denotar las relaciones continuas entre Dios y su creación. Cuando aceptamos
la doctrina bíblica de la providencia, evitamos cuatro errores comunes al
pensar en las relaciones de Dios con su creación.
La
doctrina bíblica no es deísmo (que enseña que Dios creó el mundo y luego
esencialmente lo abandonó), ni tampoco panteísmo (que enseña que la creación no
tiene una existencia real y distinta en sí misma, sino que es nada más que una
parte de Dios), sino providencia, que enseña que aunque Dios se relaciona
activamente e interviene en la creación en cada momento, la creación es algo
aparte de él.
Todavía
más, la doctrina bíblica lo enseña que los acontecimientos de la creación los
determina la casualidad (o el azar), ni tampoco los determina el destino
impersonal (o determinismo), sino Dios, que es el personal y sin embargo
infinitamente poderoso Creador y Señor.
Podemos
definir la providencia de Dios como sigue: Dios interviene continuamente en
todas las cosas creadas de tal manera que él;
(1) Las mantiene existiendo y conservando las propiedades con que las creó;
(2) Coopera con las cosas creadas en toda acción, y dirige las propiedades
que las distinguen para hacerles que actúen como actúan; y;
(3) Las dirige para que cumplan los propósitos que les asignó.
Bajo
la categoría general de providencia tenemos tres subtemas, de acuerdo a los
tres elementos de la definición dada arriba:
(1) Preservación,
(2) Concurrencia y
(3) Gobierno.
Examinaremos
cada una de estas en forma separada, y luego consideraremos diferentes
criterios y objeciones a la doctrina de la providencia. Se debe notar que esta
es una doctrina respecto a la cual ha habido desacuerdo sustancial entre los cristianos
desde la historia temprana de la iglesia, particularmente respecto a la
relación de Dios con las decisiones voluntarias de criaturas morales.
En este capítulo presentaremos primero un
sumario de la posición que se favorece en este libro de texto (que comúnmente
se conoce como la posición «reformada» o «calvinista».
A. PRESERVACIÓN
Dios
hace que todas las cosas creadas sigan existiendo y manteniendo las propiedades
con que las creó.
Hebreos
1:3 nos dice que Cristo es «el que sostiene todas las cosas con su palabra poderosa».
La palabra griega que se traduce «sostiene» es ftro, «llevar, cargar».
Esto
se usa comúnmente en el Nuevo Testamento para llevar algo de un lugar a otro,
tal como llevar a un paralítico en una camilla hasta Jesús (Lc 5:18), llevar el
vino al director de la fiesta Gn 2:8), o traerle a Pablo un capote y libros (2
Ti 4:13).
No
significa simplemente «sostener», sino que tiene el sentido de control activo y
determinado de lo que se está llevando de un lugar a otro. En Hebreos 1:3 el
uso del participio presente indica que Jesús está «continuamente llevando todas
las cosas» del universo por su palabra poderosa.
Cristo
interviene activamente en la obra de la providencia.
De
modo similar, en Colosenses 1:17 Pablo dice de Cristo «todas las cosas en él subsisten»
(RVR 1960). La frase «todas las cosas» se refiere a todo lo creado en el universo
(vea v. 16), y el versículo afirma que Cristo mantiene existiendo toda las cosas;
en él existen continuamente o «permanecen» (LBLA).
Ambos
versículos indican que si Cristo cesara su actividad continua de sustentar todas
las cosas del universo, todo excepto el Dios trino instantáneamente dejaría de
existir. Tal enseñanza la afirma también Pablo cuando dice que «en él vivimos,
nos movemos y existimos» (Hch 17: 28), y Esdras:
«¡Sólo
tú eres el Señor! Tú has hecho los cielos, y los cielos de los cielos con todas
sus estrellas. Tú le das vida a todo lo creado: la tierra y el mar con todo lo
que hay en ellos. ¡Por eso te adoran los ejércitos del cielo!» (Neh 9:6). Pedro
también dice que «los cielos y la tierra que existen ahora» son «guardados para
el fuego en el día del juicio» (2ª P 3: 7, RVR 1960).
Un
aspecto de la preservación providencial de Dios es el hecho de que él continúa dándonos
aliento cada momento. Eliú en su sabiduría dice de Dios: «Si pensara en
retirarnos su espíritu, en quitamos su hálito de vida, todo el género humano perecería,
¡la humanidad entera volvería a ser polvo!» Job 34: 14-15; Sal 104: 29).
Dios,
al preservar todas las cosas que ha hecho, también hace que mantengan las
propiedades con que las creó. Dios preserva el agua de tal manera que continúa actuando
como agua. Hace que la hierba siga actuando como hierba, con todas sus características
distintivas.
Hace
que el papel en que está escrita esta oración siga actuando como papel de
manera que no se disuelva espontáneamente en agua ni se aleje flotando, ¡ni se
vuelva una cosa viva y empiece a crecer! Mientras alguna otra parte de la
creación no actúe sobre él y cambie sus propiedades (por ejemplo, si el Fuego lo quema y se convierte en ceniza), este
papel seguirá actuando como papel mientras Dios preserve la tierra y la
creación que ha hecho.
No
debemos pensar, sin embargo, que la preservación de Dios es una continua nueva
creación; él no está continuamente creando nuevos átomos y moléculas para todas
las cosas que existes. Más bien, él preserva lo que ya ha creado; él «sustenta todas
las cosas» por su palabra de poder (Heb 1:3, traducción del autor).
También
debemos apreciar que las cosas creadas son reales y que sus características son
reales. No es que simplemente me imagino que la piedra que tengo en la mano es
dura; es dura. Si me golpeo la cabeza con ella, no simplemente me imagino que
duele; en efecto duele! Debido a que Dios mantiene esta piedra con las
propiedades con que la creó, la piedra ha sido dura desde el día en que fue
formada, y (a menos que alguna otra cosa en la creación interactúe con ella y
la cambie) será dura hasta el día en que Dios destruya los cielos y la tierra
(2ª P 3: 7, 10-12).
La
providencia de Dios provee base para la ciencia; Dios ha hecho y continúa sosteniendo
un universo que actúa de maneras predecibles. Si un experimento científico da
un cierto resultado hoy, podemos tener confianza de que (si todos los factores
son los mismos) dará el mismo resultado mañana y de aquí a cien años.
La doctrina
de la providencia también provee un cimiento para la tecnología; puedo confiar
que la gasolina hará que mi automóvil funcione hoy tal como lo hizo funcionar ayer,
no solo porque «siempre ha funcionado de esa manera», sino porque la providencia
de Dios sustenta un universo en el que creó cosas que mantienen las propiedades
con que las creó.
El
resultado puede ser similar en la vida del que no es creyente y en la vida del
cristiano; ambos ponemos gasolina en nuestros automóviles y los conducimos.
Pero el que no es creyente lo hará sin saber la verdadera razón de que funcione
de la manera que funciona, y yo lo haré con el conocimiento de la verdadera
razón (la providencia de Dios) y agradeceré a mi Creador por la maravillosa
creación que hizo y preserva.
NOTA: Aunque los filósofos pueden usar el término
determinismo (o determinismo suave) para catalogar la posición que abogo en
este capítulo, yo no uso ese término porque es demasiado fácil malentendido en
el inglés de todos los días:
(1) Sugiere un sistema en el que las decisiones
humanas no son reales y no ejercen ninguna diferencia en el resultado de los
sucesos; y,
(2) Sugiere un sistema en el cua11a última causa de
los sucesos es un universo mecanicista antes que un Dios sabio y personal. Es
más,
(3) Con demasiada facilidad permite a los críticos
agrupar la noción bíblica con los sistemas deterministas no cristianos y nublar
las distinciones entre ellos.
La noción que abogo en este capítulo a veces se le
llama «compatibilismo», porque sostiene que la soberanía divina absoluta es
compatible con la significación humana y decisiones humanas reales. No tengo
objeción a los matices de este término, pero he decidido no usarlo porque;
(1) Quiero evitar la proliferación de términos
técnicos en el estudio de la teología, y;
(2) Parece preferible simplemente llamar mi
posición una noción tradicional reformada de la providencia de Dios, y con ello
colocarme yo mismo dentro de una tradición teológica ampliamente entendida
representada por Juan Calvino y otros teólogos sistemáticos mencionados en la
categoría de «reformada» al final de este capítulo.
B. CONCURRENCIA
Dios
coopera con las cosas creadas en toda acción, dirigiendo sus propiedades
distintivas para hacerlas que actúen como actúan.
Este
segundo aspecto de la providencia, concurrencia, es una expansión de la idea
contenida en el primer aspecto, preservación. Es más, algunos teólogos (como Juan
Calvino) tratan el hecho de la concurrencia bajo la categoría de preservación, pero
es útil tratarlo como una categoría distinta.
En
Efesios 1: 11 Pablo dice que Dios «hace todas las cosas conforme al designio de
su voluntad». La palabra que se traduce «hace» (energeo) indica que Dios «obra»
o «produce» todas las cosas conforme a su voluntad. Nada de lo que sucede en la
creación cae fuera de su providencia. Por supuesto, este hecho está oculto a
nuestros ojos a menos que lo leamos en la Biblia.
Como
la preservación, la obra de Dios en concurrencia no es claramente evidente
partiendo de la observación del mundo natural que nos rodea.
Para
dar prueba bíblica de la concurrencia empezaremos con la creación inanimada, luego
pasaremos a los animales, y finalmente a diferentes clases de acontecimientos en
la vida de los seres humanos.
1. CREACIÓN INANIMADA.
Hay
muchas cosas en la creación de las que pensamos que son simples ocurrencias
«naturales». Sin embargo la Biblia dice que Dios las hace suceder. Leemos de
«el relámpago y el granizo, la nieve y la neblina, el viento tempestuoso que
cumple su mandato» (Sal 148:8). De modo similar,
A La Nieve Le Ordena: "¡Cae Sobre La Tierra!", Y A La Lluvia:
"¡Muestra Tu Poder!" Por El Aliento De Dios Se Forma El Hielo Y Se
Congelan Las Masas De Agua. Con Agua De Lluvia Carga Las Nubes, Y Lanza Sus
Relámpagos Desde Ellas; Y Éstas Van De Un Lado A Otro, Por Toda La Faz De La
Tierra, Dispuestas A Cumplir Sus Mandatos. Por Su Bondad, Hace Que Vengan Las
Nubes, Ya Sea Para Castigar O Para Bendecir. Job 37:6-13; Afirmaciones
Similares En 38: 22-30).
De
nuevo, el salmista declara que «El Señor hace todo lo que quiere en los cielos y
en la tierra, en los mares y en todos sus abismos» (Sal 135: 6), y luego en la
próxima oración ilustra a Dios haciendo su voluntad en el clima: «Levanta las
nubes desde los confines de la tierra; envía relámpagos con la lluvia y saca de
sus depósitos a los vientos» (Sal 135: 7; 104: 4).
Dios
también hace a la hierba crecer: «Haces que crezca la hierba para el ganado, y
las plantas que la gente cultiva para sacar de la tierra su alimento» (Sal 104:
14). Dios dirige las estrellas en los cielos, y le pregunta a Job: «¿Puedes
hacer que las constelaciones salgan a tiempo? ¿Puedes guiar a la Osa Mayor y a
la Menor?» Job 38:32; el v. 31 se refiere a las constelaciones Pléyades y
Orión).
Es
más, Dios continuamente dirige la llegada de la mañana Job. 38:12), hecho que Jesús
afirmó cuando dijo que Dios «hace que salga el sol sobre malos y buenos, y que
llueva sobre justos e injustos» (Mt 5:45).
2. ANIMALES.
La
Biblia afirma que Dios alimenta a los animales salvajes del campo, porque
«todos ellos esperan de ti que a su tiempo les des su alimento. Tú les das, y ellos
recogen; abres la mano, y se colman de bienes. Si escondes tu rostro, se
aterran; si les quitas el aliento, mueren y vuelven al polvo» (Sal 104: 27-29;
Job 38: 39-41).Jesús también afirmó esto cuando dijo: «Fíjense en las aves del
cielo el Padre celestial las alimenta» (Mt 6: 26). Dijo que ni un solo gorrión
«caerá a tierra sin que lo permita el Padre» (Mt 10: 29).
3. ACONTECIMIENTOS QUE AL PARECER SUCEDEN «AL AZAR» O «POR CASUALIDAD».
Desde la
perspectiva humana, el echar suertes (o su equivalente moderno, lanzar los
dados o echar una moneda al aire) es lo más típico de la casualidad en el universo.
Pero la Biblia afirma que el resultado de tal cosa viene de Dios: «Las suertes
se echan sobre la mesa, pero el veredicto proviene del Señor» (Pr 16: 33).
NOTA: Es cierto que Ec 9: 11 dice que «no es de los
ligeros la carrera, ni de los valientes la batalla; y que tampoco de los sabios
es el pan, ni de los entendidos las riquezas, ni de los hábiles el favor, sino
que el tiempo y la suerte les llegan.
4. ACONTECIMIENTOS PLENAMENTE CAUSADOS POR DIOS Y PLENAMENTE CAUSADOS TAMBIÉN POR LA CRIATURA.
A cualquiera
de los eventos antedichos (lluvia y nieve, el crecimiento de la hierba, sol y
estrellas, alimentación de los animales, y echar suertes) podríamos (por lo
menos en teoría) darle una explicación «natural» completamente satisfactoria.
Un
experto en botánica puede detallar los factores que hacen que la hierba crezca,
tales como el sol, humedad, temperatura, nutrientes en el suelo, etc. Sin
embargo la Biblia dice que Dios hace que la hierba crezca.
Un
meteorólogo puede dar una explicación completa de los factores que causan la
lluvia (humedad, temperatura, presión atmosférica, etc.), e incluso puede
producir lluvia en un laboratorio climático. Sin embargo la Biblia dice que
Dios hace que la lluvia caiga.
Un
físico con información correcta sobre la fuerza y dirección en que se lanzó un
par de dados podría explicar por completo lo que hizo que los dados dieran el resultado
que dieron; sin embargo la Biblia dice que Dios determina la decisión de la
suerte que se echa.
Esto
nos muestra que es incorrecto que razonemos que sí sabemos la causa «natural»
de algo en este mundo, Dios no lo causó. Más bien, si llueve debemos agradecérselo
a él. Si el sembrío crece debemos agradecerle a él. En todos estos hechos no es
como si fueran causados parcialmente por Dios y parcialmente por factores en el
mundo creado. Si ese fuera el caso, siempre estaríamos buscando algún rasgo
pequeño de algo que sucedió que no podríamos explicar (digamos el 1% de la
causa) para atribuirlo a Dios. Pero ciertamente este no es un concepto correcto.
Más
bien, estos pasajes afirman que Dios es quien produce tales acontecimientos.
Sin
embargo sabemos que (en otro sentido) son también enteramente causados por
factores de la creación.
La
doctrina de la concurrencia afirma que Dios dirige, y obra mediante las
propiedades particulares de cada cosa creada, así que estas cosas en sí mismas
producen los resultados que vemos. Entonces es posible afirmar que en un
sentido los acontecimientos son plenamente (cien por ciento) producidos por
Dios y también plenamente (cien por ciento) producidos por la criatura. Sin
embargo, las causas divinas y de las criaturas obran de maneras diferentes.
La
causa divina de cada suceso actúa como una causa invisible que actúa y dirige
detrás del escenario, y se podría llamar la «causa primaria» que planea e
inicia todo lo que sucede. Pero lo creado produce acciones que concuerdan con
las propiedades propias de lo creado, acciones que a menudo nosotros o los
científicos profesionales que observan cuidadosamente los procesos podemos
describir. Estos factores y propiedades de lo creado pueden, por consiguiente,
llamarse causas «secundarias» de todo lo que sucede, aun cuando son las causas
que son evidentes para nosotros al observar.
5. LOS ASUNTOS DE LAS NACIONES.
La
Biblia también habla del control providencial de Dios de los asuntos humanos.
Leemos que Dios «engrandece o destruye a las naciones; las hace prosperar o las
dispersa» (Job 12: 23). «Porque del Señor es el reino; él gobierna sobre las
naciones» (Sal 22: 28). Él ha determinado el tiempo de todos» (LBLA). Pero
Michael Eaton correctamente observa: «En los labios del israelita
"suerte" quiere decir lo inesperado, no lo que es al azar»
La Existencia y el lugar de cada nación sobre
la tierra, porque Pablo dice: «De un solo hombre hizo todas las naciones para
que habitaran toda la tierra; y determinó los períodos de su historia y las
fronteras de sus territorios» (Hch 17: 26; 14: 16). Y cuando Nabucodonosor se
arrepintió, aprendió a alabar a Dios:
Su Dominio Es Eterno; Su Reino Permanece Para Siempre. Ninguno De Los
Pueblos De La Tierra Merece Ser Tomado En Cuenta. Dios Hace Lo Que Quiere Con
Los Poderes Celestiales Y Con Los Pueblos De La Tierra. No Hay Quien Se Oponga
A Su Poder Ni Quien Le Pida Cuentas De Sus Actos (Dn 4: 34-35).
6. TODOS LOS ASPECTOS DE LA VIDA.
Es
asombroso ver el alcance al que la Biblia afirma que Dios hace que ocurran
cosas en nuestra vida. Por ejemplo, nuestra dependencia en Dios para recibir
alimento cada día la reiteramos cada vez que oramos: «Danos hoy nuestro pan
cotidiano» (Mt 6: 11), aunque trabajamos para ganamos la comida y (hasta donde
la mera observación humana puede discernir) la obtenemos enteramente mediante
causas «naturales».
De
modo similar, Pablo, mirando con los ojos de la fe lo que sucede, afirma que a
sus hijos «mi Dios les proveerá de todo lo que necesiten» (Fil 4: 19), aunque
Dios puede usar medios «ordinarios» (tales como otras personas) para hacerlo.
Dios
planea nuestros días antes de que nazcamos, porque David afirma: «Tus ojos
vieron mi cuerpo en gestación: todo estaba ya escrito en tu libro; todos mis días
se estaban diseñando, aunque no existía uno solo de ellos» (Sal 139: 16). Y Job
dice que «Los días del hombre ya están determinados; tú has decretado los meses
de su vida; le has puesto límites que no puede rebasar» Job 14: 5).
Esto
se puede ver en la vida de Pablo, que dice: «Dios me había apartado desde el
vientre de mi madre» (Gá 1: 15), y de Jeremías, a quien Dios le dijo: «Antes de
formarte en el vientre, ya te había elegido; antes de que nacieras, ya te había
apartado; te había nombrado profeta para las naciones» Jer 1: 5).
Todas
nuestras acciones están bajo el cuidado providencial de Dios, porque «en él
vivimos, nos movemos» (Hch 17: 28). Los pasos que damos cada día los dirige el Señor.
Jeremías confiesa: «Yo sé que el hombre no es dueño de su destino, que no le es
dado al caminante dirigir sus propios pasos» Jer 10: 23).
Leemos
que «los pasos del hombre los dirige el Señor» (Pr 16: 9). De modo similar,
Proverbios 16: 1 afirma: «El hombre propone y Dios dispone».
El
éxito y el fracaso vienen de Dios, porque leemos: «La exaltación no viene del oriente,
ni del occidente ni del sur, sino que es Dios el que juzga: a unos humilla y a
otros exalta» (Sal 75: 6-7). Por eso María puede decir: «De sus tronos derrocó
a los poderosos, mientras que ha exaltado a los humildes» (Lc 1: 52).
NOTA: (Bethany House, Minneapolis, 1975), pp.
116-17, objeta que estos versículos simplemente afirman que «cuando se trata de
conflicto entre Dios y el hombre, indudablemente no puede ser el hombre el que
gane el día».
Dice que estos versículos no describen la vida en
general, sino que describen situaciones inusuales en donde Dios supera la voluntad
del hombre a fin de producir sus propósitos especiales. Clines niega que los
versículos quieran decir que Dios siempre actúa de esta manera, o que estos
versículos representen el control de Dios de la conducta humana en general. Sin
embargo, en estos pasajes no se ve tal restricción (vea Pr 16: 1,9).
Los versículos no dicen que Dios dirija los pasos
del hombre en instancias raras en las que Dios tiene que intervenir para
cumplir sus propósitos; simplemente hacen afirmaciones en general en cuanto a
la manera en que funciona el mundo; Dios dirige los pasos del hombre en
general, no simplemente cuando hay conflicto entre Dios y el hombre.
El Señor
da hijos, porque «Los hijos son una herencia del Señor, los frutos del vientre
son una recompensa» (Sal 127: 3).
Todos
nuestros talentos y capacidades son del Señor, porque Pablo puede preguntarle a
los corintios: «¿Qué tienes que no hayas recibido? Y si lo recibiste, ¿por qué
presumes como si no te lo hubieran dado?» (1ª Co 4: 7).
David
sabía que eso era cierto respecto a su dotes militares, porque, aunque debe
haberse entrenado muchas horas en el uso del arco y la flecha, pudo decir:
«[Dios] adiestra mis manos para la batalla, y mis brazos para tensar arcos de
bronce» (Sal 18: 34).
Dios
influye en las decisiones de los gobernantes, porque «en las manos del Señor el
corazón del reyes como un río: sigue el curso que el Señor le ha trazado» (Pr
21: 1). Una ilustración de esto fue cuando el Señor hizo que el rey de Persia ayudara
a su pueblo, «y permitiera reconstruir el templo del Dios de Israel» (Esd 6: 22),
o cuando «en el primer año del reinado de Ciro, rey de Persia, el Señor dispuso
el corazón del rey» (Esd 1: 1) para que ayudara al pueblo de Israel.
Pero
no es solo el corazón del rey el que Dios dispone, porque él mira «desde su
trono a todos los habitantes de la tierra» y «él es quien formó el corazón de
todos» (Sal 33: 14-15).
Cuando
nos damos cuenta de que en la Biblia el corazón es donde residen nuestros pensamientos
y deseos más íntimos, este es un pasaje significativo. Dios dirige de modo
especial los deseos e inclinaciones de los creyentes, obrando en nosotros «tanto
el querer como el hacer para que se cumpla su buena voluntad» (Flp 2: 13).
Todos
estos pasajes, que contienen afirmaciones generales en cuanto a la obra de Dios
en la vida de toda persona y ejemplos específicos de la obra de Dios en la vida
de individuos nos llevan a concluir que la obra providencial de Dios de
concurrencia se extiende a todos los aspectos de nuestra vida. Nuestras
palabras, nuestros pasos, nuestros movimientos, nuestros corazones y nuestras
capacidades vienen del Señor.
Pero
debemos guardarnos contra malos entendidos. Aquí también, como en la creación
más baja, la dirección providencial de Dios como «causa primaria» invisible, detrás
de bastidores, no nos debe llevar a negar la realidad de nuestras decisiones y
acciones. Una y otra vez la Biblia afirma que hacemos que las cosas sucedan.
Somos
significativos y responsables. Nosotros en efecto tomamos decisiones y estas son
decisiones reales que producen resultados reales. La Biblia repetidamente
afirma también estas verdades.
Tal
como una piedra es de veras dura debido a que Dios la hizo con las propiedades
de dureza, tal como el agua es de verdad mojada debido a que Dios la hizo con
la propiedad de humedad, y así como las plantas están de verdad vivas porque
Dios las hizo con la propiedad de la vida, nuestras decisiones son decisiones
de verdad y surten efectos significativos, porque Dios nos ha hecho de una manera
tan maravillosa que nos ha dotado con la propiedad de libre albedrío.
Una
manera de abordar estos pasajes en cuanto a la concurrencia de Dios es decir que
si de veras nosotros decidimos, nuestras decisiones no pueden originarse en Dios
(vea más adelante una mayor explicación de este punto de vista). Pero el número
de pasajes que afirman este control providencial de Dios es tan considerable, y
las dificultades involucradas en darles alguna otra interpretación son tan
formidables, que en efecto no me parece que pueda ser la mejor manera de
abordarlos.
Parece
que es mejor afirmar que Dios hace que todas las cosas sucedan, pero que lo
hace de tal manera que mantiene la facultad que tenemos de tomar decisiones voluntarias,
responsables, que tienen resultados reales y eternos y de las cuales se nos considera
responsables. La Biblia no nos explica exactamente cómo Dios combina su control
providencial con nuestras decisiones voluntarias y significativas.
Pero
en lugar de negar una cosa o la otra (simplemente porque no podemos explicar
cómo ambas pueden ser verdad), debemos aceptarlas las dos en un intento de ser
fieles a la enseñanza de toda la Biblia.
La
analogía de un autor que escribe una obra puede ayudarnos a captar cómo ambas
cosas pueden ser verdad. En la obra Macbet, de Shakespeare, Macbet mata al rey
Duncan. Ahora (si por un momento damos por sentado que esto es ficticio), se
podría hacer la pregunta «¿Quién mató al rey Duncan?» En un nivel, la respuesta
correcta es «Macbet».
Dentro
del contexto del drama él cometió el homicidio y con razón carga con la culpa.
Pero en otro nivel, una respuesta correcta a la pregunta «¿Quién mató al rey
Duncan?» sería «William Shakespeare»; él escribió la obra, creó a los
personajes y escribió la parte en donde Macbet mata al rey Duncan.
No
sería correcto decir que debido a que Macbet mató al rey Duncan, William Shakespeare
no lo mató. Tampoco sería correcto decir que debido a que William Shakespeare
mató al rey Duncan, Macbet no lo mató. Ambas cosas son verdad. A nivel de los
personajes en la obra Macbet por completo (cien por ciento) causó la muerte del
rey Duncan, pero a nivel del creador de la obra, William Shakespeare por
completo (cien por ciento) causó la muerte del rey Duncan.
De
modo similar, podemos entender que Dios causa plenamente las cosas de cierta
manera (como Creador), y nosotros plenamente causamos las cosas de otra manera
(como criaturas).
Por
supuesto, alguien podría objetar que la analogía en realidad no resuelve el problema
porque los personajes del drama no son personajes de la vida real; son
personajes sin libertad propia, ni capacidad de tomar decisiones genuinas, y
cosas por el estilo. Pero en respuesta podemos destacar que Dios es
infinitamente mucho más grande y más sabio que nosotros.
En
tanto que nosotros como criaturas finitas sólo podemos crear personajes
ficticios en un drama, y no personajes de la vida real, Dios, nuestro Creador
infinito, ha hecho un mundo real y en él nos ha creado como personas reales que
toman decisiones por su cuenta. Decir que Dios no podría hacer un mundo en el
cual él nos hace tomar decisiones por nuestra cuenta (como algunos
argumentarían hoy; véase la consideración más abajo) es limitar el poder de
Dios. También parece desmentir un amplio número de pasajes de la Biblia.
7. ¿QUÉ EN CUANTO AL MAL?
Si
Dios en efecto causa, mediante su actividad providencial, todo lo que sucede en
el mundo, surge la pregunta: «¿Cuál es la relación entre Dios y el mal en el
mundo?» ¿Causa Dios las acciones malas que cometen los seres humanos? Si es
así, ¿no es Dios el responsable del pecado?
Al
abordar este asunto, es mejor leer los pasajes bíblicos que tratan del asunto más
directamente. Podemos empezar mirando varios pasajes que afirman que Dios, en
efecto, hizo que ocurrieran cosas malas y se hicieran cosas malas.
Pero
debemos recordar que en todos estos pasajes es muy claro que la Biblia en
ninguna parte muestra a Dios haciendo directamente algo malo, sino más bien
haciendo que sucedieran cosas malas debido a las acciones voluntarias de
criaturas morales.
Es más,
la Biblia nunca le echa a Dios la culpa por el mal ni muestra a Dios
complaciéndose en el mal, y la Biblia nunca excusa el mal que hacen los seres
humanos. Comoquiera que entendamos la relación entre Dios y el mal, nunca
debemos llegar al punto de pensar que no somos responsables del mal que
hacemos, o que Dios se complace en el mal, o que podemos echarle a él la culpa.
Tal conclusión es claramente contraria a la Biblia.
Hay
literalmente docenas de pasajes bíblicos que dicen que Dios (indirectamente) hizo
que tuviera lugar algún tipo de mal. He citado una lista tan extensa (en los
siguientes pocos párrafos) porque los cristianos a menudo no se dan cuenta de la
extensión de esta clara enseñanza en la Biblia. Sin embargo, se debe recordar
que en todos estos ejemplos no es Dios el que hace el mal, sino que lo hacen
las personas o los demonios que deciden hacerlo.
Un
ejemplo muy claro se halla en la historia de José. La Biblia dice que los
hermanos de José sin razón alguna sentían celos de él (Gn 37: 11), lo
aborrecían (Gn 37: 4,5,8), querían matarlo (Gn 37:20), e hicieron mal cuando lo
echaron en la cisterna (Gn 37: 24) y cuando lo vendieron como esclavo para que
lo llevaran a Egipto (Gn 37: 28). Sin embargo, más adelante José pudo decirles
a sus hermanos:
«Fue
Dios quien me mandó delante de ustedes para salvar vidas» (Gn 45: 5), y:
«Ustedes pensaron hacerme mal, pero Dios transformó ese mal en bien para lograr
lo que hoy estamos viendo: salvar la vida de mucha gente» (Gn 50: 20). Aquí
tenemos una combinación de obras malas producidas por hombres pecadores a
quienes con toda razón se les considera culpables de pecado, y también el
control providencial de Dios que se impuso para que los propósitos del Señor se
lograran. Ambas cosas se afirman claramente.
El
relato del éxodo de Egipto repetidamente afirma que Dios endureció el corazón del
faraón. Dios dice: «Yo, por mi parte, endureceré su corazón» (Éx4: 21), «Yo vaya
endurecer el corazón del faraón» (Éx 7: 3), «el Señor endureció el corazón consideración
a la posibilidad (en verdad, ¡la realidad!) De que Dios puede hacer mucho más
de lo que los seres humanos pueden hacer, y que puede maravillosamente crear
seres humanos genuinos antes que meros personajes de una dramatización.
Un
mejor enfoque a la analogía de un autor y un drama sería si Marshall aplicaría
a este asunto una afirmación muy útil que hizo en otra parte de su ensayo: «La
dificultad básica es la de intentar explicar la naturaleza de la relación entre
un Dios infinito y criaturas finitas. Nuestra tentación es pensar de la
causalidad divina de manera muy similar a la causalidad humana, y esto produce
dificultades tan pronto como tratamos de relacionar la causalidad divina y la
libertad humana.
Está
más allá de nuestra capacidad explicar cómo Dios puede hacemos hacer ciertas
cosas (o causar que el universo llegue a existir y se comporte como se
comporta) Puedo concordar completamente con toda la afirmación de Marshall en
ese punto, y hallo que es una manera muy útil de enfocar este problema.
Sal105:
7 dice que Dios: «envió delante de ellos a un hombre: a José, vendido como
esclavo».
Del
faraón» (Éx 9: 12), «el Señor endureció el corazón del faraón» (Éx 10: 20,
repetido en 10:27 y también en 11: 10), «Yo, por mi parte, endureceré el corazón
del faraón» (Éx 14:4), y «El Señor endureció el corazón del faraón» (Éx 14: 8).
A veces
se objeta que la Biblia también dice que el faraón endureció su propio corazón
(Éx 8: 15, 32; 9: 34), y que la acción de Dios de endurecer el corazón del
faraón fue solamente en respuesta a la rebelión inicial y dureza de corazón que
el mismo faraón exhibió por voluntad propia.
Pero
también se debe notar que la promesa de Dios de endurecer el corazón del faraón
(Éx 4: 21; 7:3) se hizo mucho antes de que la Biblia nos diga que el faraón
endureció su propio corazón (leemos de esto por primera vez en Éx 8:15).
Es
más, nuestro análisis de una concurrencia dado arriba, en el cual agentes tanto
divino como humanos pueden causar el mismo evento, debe mostramos que ambos
factores pueden ser verdad al mismo tiempo; aunque el faraón endurece su propio
corazón, esto no es inconsistente con decir que Dios es el que hace que el
faraón lo haga y por esto Dios está endureciendo el corazón del faraón.
Finalmente,
si alguien objetara que Dios solo está intensificando los deseos y decisiones
malas que ya estaban en el corazón del faraón, eso todavía podría en teoría por
lo menos cubrir todo el mal que hay en el mundo hoy, puesto que todo ser humano
tiene deseos malos en su corazón y todo ser humano en realidad toma decisiones
pecaminosas.
¿Cuál
es el propósito de Dios en esto? Pablo reflexiona sobre Éxodo 9: 16 y dice:
«Porque
la Escritura le dice al faraón: "Te he levantado precisamente para mostrar
en ti mi poder, y para que mi nombre sea proclamado por toda la tierra"»
(Ro 9: 17).
Entonces
Pablo infiere una verdad general a partir de este ejemplo específico: «Así que
Dios tiene misericordia de quien él quiere tenerla, y endurece a quien él
quiere endurecer» (Ro 9: 18). De hecho, Dios también endureció el corazón de
los egipcios para que persiguieran a Israel hasta el Mar Rojo: «Yo vaya
endurecer el corazón de los egipcios, para que los persigan. ¡Vaya cubrirme de
gloria a costa del faraón y de su ejército, y de sus carros y jinetes!» (Éx 14:
17). Este tema se repite en Salmo 105: 25: «Cambió el corazón de ellos para que
aborreciesen a su pueblo» (RVR 1960).
Más
adelante en la narración del Antiguo Testamento se hallan ejemplos similares en
cuanto a los cananeos que fueron destruidos en la conquista de Palestina que
condujo Josué. Leemos: «El Señor endureció el corazón de los enemigos para que
entablaran guerra con Israel. Así serían exterminados sin compasión alguna» vea
también Jue 3: 12; 9: 20).
El
empecinamiento de Sansón en casarse con una filistea que no era creyente «era
de parte del Señor, que buscaba la ocasión de confrontar a los filisteos;
porque en aquel tiempo los filisteos dominaban a Israel» Jue 14: 4).
También
leemos que los hijos de Elí, cuando los reprendieron por sus malas obras «no le
hicieron caso a la advertencia de su padre, pues la voluntad del Señor era
quitarles la vida» (1ª S 2: 25). Más tarde leemos que «el Señor le envió un
espíritu maligno» a Saúl para que lo atormentara (1ª S 16: 14).
Cuando
David pecó, el Señor le dijo por medio del profeta Natán: «"Yo haré que el
desastre que mereces surja de tu propia familia, y ante tus propios ojos tomaré
a tus mujeres y se las daré a otro, el cual se acostará con ellas en pleno día.
Lo que tú hiciste a escondidas, yo lo haré a plena luz, a la vista de todo
Israel"» (2ª S 12: 11-12; cumplido en 16: 22).
En
castigo adicional por el pecado de David, «el Señor hirió al hijo que la esposa
de Drías le había dado a David, de modo que el niño cayó gravemente enfermo», y
a la larga murió (2ª S 12: 15-18). David tuvo presente el hecho de que Dios
podría enviar mal contra él, porque más adelante, cuando Simei maldijo a David
y le lanzó piedras a él ya sus criados (2ª S 16: 5-8), David no quiso vengarse
de Simei sino que dijo a sus soldados: «Déjenlo que me maldiga, pues el Señor
se lo ha mandado» (2ª S 16: 11).
Más
adelante todavía en la vida de David, el Señor «incitó»6 a David para que
censara al pueblo (2ª S 24: 1), pero después David reconoció esto como pecado,
diciendo: «He cometido un pecado muy grande» (2ª S 24:10), y Dios envió castigo
sobre la tierra debido a este pecado (2ª S 24: 12-17).
Sin
embargo, también es claro que «una vez más, la ira del Señor se encendió contra
Israel» (2ª S 24: 1), así que la incitación de Dios a David a pecar fue un
medio por el cual Dios envió castigo sobre el pueblo de Israel. Todavía más,
los medios por los cuales Dios incitó a David se indican claramente en 1ª Crónicas
21: 1: «Satanás conspiró contra Israel e indujo a David a hacer un censo del
pueblo».
En
este incidente la Biblia nos da una perspectiva asombrosa de tres influencias
que contribuyeron de diferentes maneras a una sola acción: Dios, a fin de
producir sus propósitos, obró por medio de Satanás para incitar a David a
pecar, pero la Biblia considera a David responsable de ese pecado.
De
nuevo, después de que Salomón se alejó del Señor debido a sus esposas foráneas,
«el Señor hizo que Hadad el edomita, que pertenecía a la familia real de Edom,
surgiera como adversario de Salomón» (1ª R 11: 14), Y «Dios también incitó a Rezón
hijo de Eliadá para que fuera adversario de Salomón» (1ª R 11: 23). Estos fueron
reyes malos que Dios levantó.
En la
historia de Job, aunque el Señor le dio a Satanás permiso para dañar todas las
posesiones y los hijos de Job, y aunque este daño llegó a través de acciones malas
de los sabeos, los caldeas y una tormenta (Job 1: 12, 15, 17, 19), Job mira más
allá de esas causas secundarias y, con los ojos de la fe, ve que todo va de la
mano de Dios: «El Señor ha dado; el Señor ha quitado.
Bendito
sea el nombre del Señor!» (Job 1:21). Después de la declaración de Job, el
autor del Antiguo Testamento añade la siguiente oración: «A pesar de todo esto,
Job no pecó ni le echó la culpa a Dios» (Job 1:22). A Job acaban de decirle que
unas bandas merodeadoras perversas habían destruido sus rebaños y ganado, y sin
embargo con gran fe y paciencia en la adversidad dice: «El Señor ha quitado».
Aunque
dice que el Señor había hecho esto, sin embargo no le echa a Dios la culpa por
el mal ni dice que Dios haya hecho mal; más bien dice: «¡Bendito sea el nombre
del Señor!» Echarle la culpa a Dios por el mal que había producido mediante
agentes secundarios habría sido un pecado.
Job no
hace esto, la Biblia nunca lo hace, ni tampoco debemos hacerlo nosotros.
En
otras partes del Antiguo Testamento leemos que el Señor «ha puesto un espíritu
mentiroso en la boca de todos esos profetas» de Acab (1ª R 22: 23) y envió a
los perversos asirios como «vara de mi ira» para castigar a Israel (Is 10: 5).
También envió a los perversos babilonios, incluyendo a Nabucodonosor, contra
Israel, diciendo: «Los traeré contra este país, contra sus habitantes» Jer
25:9).
NOTA: La palabra hebrea que se usa en 2ª S 24: 1
cuando dice que el Señor incitó a David contra Israel es su, «incitar, seducir,
instigar» (BDB, p. 694). Es la misma palabra que se usa en 2ª Cr 21:1 para
decir que Satanás incitó a David a censar a Israel, en 1ª R 21: 25 para decir
que Jezabel incitó a Acab a hacer el mal, en Dt 13: 6, 7) para advertir en
contra de que un ser querido incite a un pariente a servir secretamente a otros
dioses, y en 2ª Cr 18:31 para decir que Dios hizo que el ejército sirio de
apartara de Josafat.
Después
Dios prometió que posteriormente castigaría a los babilonios también: «Yo
castigaré por su iniquidad al rey de Babilonia y a aquella nación, país de los
caldeas, y los convertiré en desolación perpetua» Jer 25: 12).
Si hay
un profeta engañador que da un mensaje falso, el Señor dice: «Si un profeta es
seducido y pronuncia un mensaje, será porque yo, el Señor, lo he seducido. Así
que levantaré mi mano contra él, y lo haré pedazos en presencia de mi pueblo»
(Ez 14:9, en el contexto de castigar a Israel por su idolatría).
Como
culminación de una serie de preguntas retóricas a las cuales la respuesta
implicada siempre es «no», Amós pregunta: «¿Se toca la trompeta en la ciudad
sin que el pueblo se alarme? ¿Ocurrirá en la ciudad alguna desgracia que el Señor
no haya provocado?» (Am 3:6). Allí sigue una serie de desastres naturales en
Amós 4:6-12, en donde el Señor le recuerda a su pueblo que les envió hambre,
sequía, plagas, langosta, pestilencia y muerte a los hombres y caballos, y «con
todo, ustedes no se volvieron a mí» (Am 4: 6,8-11).
En
muchos de los pasajes mencionados arriba, Dios trae mal y destrucción sobre el
pueblo en castigo por sus pecados. Ellos habían sido desobedientes o se habían
descarriado a la idolatría, y entonces el SEÑOR utiliza seres humanos
perversos, fuerzas demoníacas o desastres «naturales» para castigarlos. (No
siempre se dice que este es el caso José y Job vienen a la mente pero a menudo
lo es).
Tal vez
esta idea de castigo del pecado puede ayudarnos a entender, por menos en parte,
cómo Dios puede rectamente causar acontecimientos malos. Todos los seres humanos
son pecadores, porque la Biblia nos dice que «todos han pecado y están privados
de la gloria de Dios» (Ro 3: 23).
Ninguno
de nosotros merece el favor o la misericordia de Dios, sino sólo condenación
eterna. Por consiguiente, cuando Dios envía el mal sobre los seres humanos, sea
para disciplinar a sus hijos o para conducir a los que no creen al
arrepentimiento, o para enviar castigo de rechazo y destrucción sobre pecadores
endurecidos, ninguno de nosotros puede acusar a Dios de haber hecho mal.
Al
final todo obrará, según los buenos propósitos de Dios, para gloria suya y el
bien de su pueblo. Sin embargo, debemos damos cuenta de que al castigar el mal
en los que no están redimidos (como el faraón, los cananeos y los babilonios),
Dios también se glorifica mediante la demostración de su justicia, santidad y
poder (vea Éx 9:16; Ro 9:14-24).
Por
intermedio del profeta Isaías, Dios dice: «Yo formo la luz y creo las
tinieblas, traigo bienestar y creo calamidad? Yo, el Señor, hago todas estas
cosas» (Is 45: 7; la palabra hebrea que se traduce «crear» aquí es bará, que es
la misma palabra que se usa en Gn 1:1).
NOTA: 0tras versiones traducen la palabra hebrea
ra, «ma!», como «calamidad» (NVI, LBLA), o «adversidad (RVR), o «desgracia»
(VP), y en verdad la palabra se puede usar para aplicarla a desastres naturales
tales como implican estas palabras. Pero puede tener una aplicación más amplia
que desastres naturales, porque la palabra es un vocablo extremadamente común
que se usa para el mal en general. Se la usa del árbol del conocimiento del
bien y del mal (Gn 2: 9), o del mal entre los seres humanos que acarreó el juicio
del diluvio (Gn 6: 5), y del mal de los hombres de Sodoma (Gn 13: 13).
Se solía decir: «que se aparte del mal y haga el
bien» (Sal 34:14), y hablar del mal de los que llaman bien al mal y al mal
llaman bien (Is 5: 20), y el pecado del aquellos cuyos «pies corren hacia el
mab (Is 59: 7; vea también 47: 10, 11; 56: 2; 57:1; 59: 15; 65: 12; 66:4).
En docenas de otras ocasiones por todo el Antiguo
Testamento se refiere al mal moral o pecado. En contraste con la «paz» (heb.
shalom,) en la misma frase en Is 45: 7 se pudiera argüir que solamente la
«calamidad» es lo que se tiene en mente, pero no es necesariamente así, porque
el mal moral y la perversidad ciertamente son lo opuesto de lo completo de la
«shalom» o paz de Dios.
(En Aro 3: 6,
raah es una palabra diferente pero relacionada, y tiene una amplitud similar de
significado,) Pero Is 45: 7 no dice que Dios haga el mal (vea consideración más
adelante).
En
Lamentaciones 3: 38 leemos: «¿No es acaso por mandato del Altísimo que acontece
lo bueno y lo malo?» 8 Los israelitas, en tiempo de arrepentimiento de corazón,
clamaron a Dios y dijeron: «¿Por qué, Señor, nos desvías de tus caminos, y
endureces nuestro corazón para que no te temamos?» (Is 63: 17).
La
vida de Jonás es una ilustración notable de la concurrencia de Dios en la
actividad humana. Los hombres a bordo del barco que se dirigía a Tarsis echaron
a Jonás por la borda, porque la Biblia dice: «Así que tomaron a Jonás y lo
lanzaron al agua, y la furia del mar se aplacó» Jon 1: 15). Sin embargo, apenas
cinco versículos más adelante Jonás reconoce la dirección providencial de Dios
en la acción de ellos, porque le dice a Dios: «A 10 profundo me arrojaste, al
corazón mismo de los mares» Jon 2: 3).
La
Biblia simultáneamente afirma que los hombres lanzaron a Jonás al mar y que
Dios lo echó al mar. La dirección providencial de Dios no obligó a los
marineros a hacer algo contra su voluntad, ni tampoco ellos estuvieron
conscientes de alguna influencia divina sobre ellos; en verdad, ellos le
pidieron perdón a Dios por haber lanzado a Jonás al mar Jon 1: 14).
Lo que
la Biblia nos revela, y lo que el mismo Jonás se dio cuenta, fue que Dios
estaba realizando su plan mediante las decisiones voluntarias de seres humanos
reales que eran moralmente responsables de sus acciones. En una manera que
nosotros no entendemos ni se nos revela, Dios los hizo tomar la decisión
voluntaria de hacer lo que hicieron.
La
obra más perversa de toda la historia, la crucifixión de Cristo, Dios la
ordenó; no simplemente el hecho de que ocurriría, sino también todas las
acciones individuales conectadas con ella. La iglesia de Jerusalén reconoció
esto, porque oraron:
En Efecto, En Esta Dudad Se Reunieron Herodes Y Pondo Pilato, Con Los
Gentiles Y Con El Pueblo De Israel, Contra Tu Santo Siervo Jesús, A Quien
Ungiste Para Hacer Lo Que De Antemano Tu Poder Y Tu Voluntad Habían Determinado
Que Sucediera (Hch 4: 27-28).
Dios
había «predestinado» todas las acciones de todos los participantes en la crucifixión
de Jesús.
Sin
embargo, los apóstoles claramente no le echan culpa moral a Dios, porque las acciones
resultaron de las decisiones voluntarias de hombres pecadores. Pedro dice esto
claramente en su sermón en Pentecostés: «Éste fue entregado según el
determinado propósito y el previo conocimiento de Dios; y por medio de gente
malvada, ustedes lo mataron, clavándolo en la cruz» (Hch 2: 23).
En la misma oración liga el plan de Dios y su
preconocimiento con la culpa moral que atribuye a las acciones de «gente
malvada». Dios no los obligó a ellos a actuar contra su voluntad; más bien,
Dios realizó su plan mediante los actos voluntarios de ellos por los cuales
ellos eran de todas maneras responsables.
En un
ejemplo similar al del Antiguo Testamento en donde vemos a Dios enviando un
espíritu mentiroso a la boca de los profetas de Acab, leemos de los que rehusaron
amar la verdad: «Dios permite que, por el poder del engaño, crean en la mentira.
Así serán condenados todos los que no creyeron en la verdad sino que se
deleitaron en el mal» (2ª Ts 2: 11-12).
NOTA: La palabra hebrea para «mal» aquí es raah,
como en Am 3: 6.
0tra clase de mal es la limitación fisica. Con
respecto a esto, el Señor dice a Moisés: «-¿Y quién le puso la boca al hombre?
-le respondió el Señor-. ¿Acaso no soy yo, el Señor, quien lo hace sordo o
mudo, quien le da la vista o se la quita?» (Éx 4: 11).
Y Pedro
les dice a sus lectores que los que se les oponen y los persiguen, que rechazan
a Cristo como el Mesías, «tropiezan al desobedecer la palabra, para lo cual
estaban destinados» (1ª P 2: 8).
8. ANÁLISIS DE LOS VERSÍCULOS QUE RELACIONAN A DIOS Y AL MAL.
Después
de ver tantos versículos que hablan del uso providencial de Dios de las
acciones malas de los hombres y los demonios, ¿qué podemos decir a modo de
análisis?
A. DIOS USA TODAS LAS COSAS PARA CUMPLIR SUS PROPÓSITOS E INCLUSO USA EL MAL PARA SU GLORIA Y NUESTRO BIEN.
Así
que, cuando el mal viene a nuestras vidas para atormentarnos, podemos obtener
de la doctrina de la providencia una mayor seguridad de que «Dios dispone todas
las cosas para el bien de quienes lo aman, los que han sido llamados de acuerdo
con su propósito» (Ro 8:28). Esta clase de convicción le permitió a José
decirles a sus hermanos: «Ustedes pensaron hacerme mal, pero Dios transformó
ese mal en bien» (Gn 50: 20).
También
podemos darnos cuenta de que Dios es glorificado aun en el castigo del mal. La
Biblia nos dice que «toda obra del Señor tiene un propósito; ¡hasta el malvado
fue hecho para el día del desastre!» (Pr 16: 4).11 De modo similar, el salmista
afirma: «Ciertamente la ira del hombre te alabará» (Sal 76: 10, RVR 1960). y el
ejemplo del faraón (Ro 9: 14-24) es un ejemplo claro de la manera en que Dios
usa el mal para su gloria y para el bien de su pueblo.
B. NO OBSTANTE, DIOS NUNCA HACE MAL, Y NUNCA SE LE DEBE ECHAR LA CULPA DEL MAL.
En una
afirmación similar a las citadas arriba de Hch 2: 23 y 4:27-28, Jesús también combina
la predestinación de Dios de la crucifixión con la culpa moral de los que la realizaron:
«A la verdad el Hijo del hombre se irá según está decretado, pero ¡ay de aquel
que lo traiciona!» (Lc 22: 22; Mt 26: 24; Mr 14:21).
Y en
una afirmación más general en cuanto al mal en el mundo, Jesús dice: «¡Ay del
mundo por las cosas que hacen pecar a la gente! Inevitable es que sucedan, pero
¡ay del que hace pecar a los demás!» (Mt 18:7).
Santiago
habla de modo similar al advertirnos que no le echemos la culpa a Dios por el
mal que hacemos, y dice: «Que nadie, al ser tentado, diga: Es Dios quien me
tienta". Porque Dios no puede ser tentado por el mal, ni tampoco tienta él
a nadie. Todo lo contrario, cada uno es tentado cuando sus propios malos deseos
«destinar» en este versículo es mejor tomarlo como refiriéndose tanto al
tropezar como a la desobediencia.
Es
incorrecto decir que Dios sólo destinó el hecho de que los que desobedecen
tropezarían, porque no es de un hecho sino de las personas (ellos) que se dice
que están «destinados» en este caso lo arrastran y seducen» (Stg 1: 13-14).
El
versículo no dice que Dios jamás causa el mal; afirma que no debemos pensar que
él es como un agente que nos está tentando o al que se debería pedir cuenta por
la tentación. Nunca podemos echarle a Dios la culpa de la tentación, ni pensar
que él aprueba que cedamos a ella.
Debemos
resistir al mal y siempre culparnos nosotros mismos u a otros que nos tientan, pero
nunca debemos culpar a Dios. Incluso un versículo como Isaías 45: 7, que habla de
Dios «creando calamidad», no dice que Dios mismo hace el mal, sino que debemos entender
que quiere decir que Dios ordenó que ese mal resultara de las decisiones
voluntarias de sus criaturas.
Todos
estos versículos indican claramente que las «causas secundarias» (seres humanos,
ángeles y demonios) son reales y que los seres humanos en efecto causan el mal
y son responsables por el mismo. Aunque Dios ordenó que tuviera lugar, tanto en
términos generales como en detalles específicos, sin embargo, Dios está lejos de
hacer el mal y el hecho de que él haga que tenga lugar mediante «causas
secundarias» no impugna su santidad ni lo hace culpable. Juan Calvino
sabiamente dice:
Los Ladrones, Los Homicidas Y Demás Malhechores Son Instrumentos De La
Providencia De Dios, De Los Cuales Se Sirve El Señor Para Ejecutar Los
Designios Que En Sí Mismo Determinó; Pero Niego Que Por Ello Puedan Tener
Excusa Alguna. ¿Por Qué?
Porque ¿Cómo Podrán Mezclar A Dios En Su Propia Maldad O Encubrir Su
Pecado Con La Justicia Divina? Ninguna De Estas Cosas Les Es Posible.
Un
poco más adelante, Calvino titula un capítulo: «Dios se sirve de los impíos y doblega
su voluntad para que ejecuten sus designios, quedando sin embargo él limpio de
toda mancha». Debemos notar que las alternativas a decir que Dios usa el mal
para sus propósitos pero que él nunca hace el mal y que no se le debe culpar
por el mal, no son deseables.
Si
dijéramos que Dios mismo hace el mal, tendríamos que concluir que no es un Dios
bueno y justo, y por consiguiente no sería Dios en lo absoluto. Por otro lado,
si mantenemos que Dios no usa el mal para cumplir sus propósitos, tendríamos que
reconocer que hay en el universo un mal que Dios no propuso, que no está bajo
su control, y que tal vez no cumplirá los propósitos de Dios. Esto nos haría muy
dificil afirmar que «todas las cosas» contribuyen para el bien de los que aman
a Dios y que son llamados conforme a su propósito (Ro 8: 28).
Si el
mal surgió en el mundo a pesar de que Dios no se lo propuso ni quería que
estuviera aquí, ¿qué garantía tenemos de que no habrá más y más males que él no
propuso y que no quería? Y ¿qué garantía tenemos de que él podrá usarlo para
sus propósitos, o incluso de que pueda triunfar sobre él? De seguro ésta es una
posición alterna indeseable.
NOTA: David].A. Clines, «Predestination in the old
Testament», p. 116, retraduce esto: «El Señor ha hecho todo con su contraparte,
¡así el malvado tendrá su dia de ruina». Hace esto a fin de evitar la
conclusión de que el Señor ha hecho a algunos malvados para el día del mal.
Pero esta traducción no es convincente.
La palabra hebrea que se traduce «propósito» (heb.
maanéh) aparece sólo ocho veces en el Antiguo Testamento, y por lo general se
refiere a una «respuesta» a una pregunta o afirmación. Así que quiere indicar
algo como «respuesta apropiada» o «propósito correspondiente». Pero la
preposición hebrea le se traduce mucho más acertadamente «para» (no «con»), así
que en cualquier caso la oración afirma que el Señor ha hecho todo para su
propósito apropiado o la respuesta apropiada.
Por consiguiente, sea que traduzcamos «propósito» o
«contraparte, el versículo afirma que Dios ha hecho incluso al malvado para
[heb. LeJ el dia del mal.
C. DIOS CORRECTAMENTE CULPA Y JUZGA A LAS CRIATURAS MORALES POR EL MAL QUE HACEN.
Muchos
pasajes bíblicos afirman esto. Uno se halla en Isaías: «Ellos han escogido sus propios
caminos, y se deleitan en sus abominaciones. Pues yo también escogeré aflicciones
para ellos y enviaré sobre ellos lo que tanto temen. Porque nadie respondió cuando
llamé; cuando hablé, nadie escuchó. Más bien, hicieron lo malo ante mis ojos y
optaron por lo que no me agrada» (ls 66: 3-4). De modo similar leemos:
«Dios
hizo perfecto al género humano, pero éste se ha buscado demasiadas complicaciones»
(Ec 7: 29). La culpa del mal siempre recae sobre la criatura responsable, sea
hombre o demonio, que la hace, y la criatura que hace el mal siempre merece
castigo.
La
Biblia siempre afirma que Dios es justo para castigamos por nuestros pecados.
Si
objetamos que él no debe hallarnos culpables porque no podemos resistir su
voluntad, debemos meditar en la respuesta del mismo apóstol Pablo a esa
cuestión: «Pero tú me dirás: "Entonces, ¿por qué todavía nos echa la culpa
Dios? ¿Quién puede oponerse a su voluntad?"
Respondo:
"¿Quién eres tú para pedirle cuentas a Dios? ¿Acaso le dirá la olla de
barro al que la modeló: '¿Por qué me hiciste así?» (Ro 9: 19-20). En cada caso
en que hacemos el mal, sabemos que voluntariamente escogimos hacerlo, y nos
damos cuenta de que con justicia somos culpables del mismo.
D. EL MAL ES REAL, NO UNA ILUSIÓN, Y NUNCA DEBEMOS HACER EL MAL, PORQUE NOS HARÁ DAÑO A NOSOTROS Y A OTROS.
La
Biblia siempre enseña que nunca tenemos el derecho de hacer el mal, y que
debemos persistentemente oponemos al mal en nosotros y en el mundo. Debemos
orar: «líbranos del mal» (Mt 6: 13, RVR 1960), y si vemos a alguien alejándose
de la verdad y haciendo el mal, debemos procurar hacerle volver.
La
Biblia dice: «Si alguno de ustedes se extravía de la verdad, y otro lo hace
volver a ella, recuerden que quien hace volver a un pecador de su extravío, lo salvará
de la muerte y cubrirá muchísimos pecados» (Stg 5: 19-20). Ni siquiera debemos desear
hacer el mal, porque albergar deseos de pecado en nuestra mente es permitirles
«hacer guerra» contra nuestras almas (1ª P 2: 11) y por consiguiente hacernos daño
espiritual.
Si
alguna vez nos sentimos tentados a decir: «¿Por qué no hacer el mal para que resulte
un bien?», como algunos acusaban calumniosamente a Pablo de enseñar, debemos
recordar 10 que Pablo dice respecto a los que enseñan doctrina falsa: «¡Bien
merecida se tienen la condenación!» (Ro 3: 8).
Al
pensar en que Dios usa el mal para cumplir sus propósitos, debemos recordar que
hay cosas que es correcto que Dios haga, pero que es incorrecto que nosotros hagamos:
Él exige que los demás lo adoren, y acepta la adoración de ellos. Busca gloria
para sí mismo. Ejecuta el castigo final sobre los malhechores.
Usa
también el mal para producir propósitos buenos, pero no nos permite a nosotros
hacer tal cosa. Calvino cita una afirmación de Agustín con aprobación: «Hay una
gran diferencia entre lo que es apropiado que el hombre quiera y lo que es
apropiado para Dios. Porque mediante las malas voluntades de hombres malvados
Dios cumple lo que correctamente quiere».
Herman
Bavinck usa la analogía de un padre que usa un cuchillo afilado pero no permite
que su hijo lo use, para mostrar que Dios mismo usa el mal para producir
propósitos buenos, pero que nunca permite a sus hijos hacer eso. Aunque debemos
imitar el carácter moral de Dios de muchas maneras (Ef 5: 1), esta es una de
las maneras en que no debemos imitarlo.
E. A PESAR DE TODAS LAS AFIRMACIONES ANTEDICHAS,
Hemos
llegado al punto en que confesamos que no comprendemos cómo es que Dios puede
ordenar que hagamos obras malas y sin embargo consideramos culpables por ellas
y no culparse a sí mismo.
Podemos
afirmar que todas estas cosas son verdad, porque la Biblia las enseña. Pero la
Biblia no nos dice exactamente cómo Dios lo hace y cómo puede ser que nos
considere responsables por lo que él ordena que tenga lugar. Aquí la Biblia
guarda silencio, y tenemos que concordar con Berkhof que en última instancia «el
problema de la relación de Dios con el pecado sigue siendo un misterio».
9. ¿SOMOS «LIBRES»? ¿TENEMOS «LIBRE ALBEDRÍO»?
Si
Dios ejerce control providencial sobre todo lo que pasa, ¿somos libres en algún
sentido? La respuesta depende de lo que queramos decir con la palabra libre. En
algunos sentidos de la palabra libre todos concordarían en que somos libres en
nuestra voluntad y nuestras decisiones.
Incluso
teólogos prominentes de tradición reformada o calvinista concurren.
Tanto
Louis Berkhof en su Systematic Theology (pp. 103, 173) como Juan Calvino en sus
Institutos de la religión cristiana16 están dispuestos a hablar en algún
sentido de actos y decisiones «libres» del hombre. Sin embargo, Calvino explica
que el término está tan sujeto a malos entendidos que él mismo trata de evitar
usarlo.
Esto
se debe a que el «libre albedrío no es suficiente para permitirle al hombre
hacer buenas obras, a menos que la gracia lo ayude».17 Por consiguiente,
Calvino concluye:
Según Esto, Se Dice Que El Hombre Tiene Libre Albedrío, No Porque Sea
Libre Para Elegir Lo Bueno Y Lo Malo, Sino Porque El Mal Que Hace Lo Hace
Voluntariamente Y No Por Coacción. Esto Es Verdad; ¿Pero Para Qué Atribuir Un
Título Tan Arrogante A Algo Tan Intrascendente?
Calvino
continúa explicando cómo esta expresión se malentiende fácilmente:
Pero ¿Cuántos Hombres Hay, Pregunto, Que Al Oír Decir Que Al Hombre Se
Le Atribuye Libre Albedrío No Considera De Inmediato Que El Hombre Es Señor De
Su Entendimiento Y De Su Voluntad, Con Potestad Natural Para Inclinarse Al Bien
O Al Mal? Si Alguno, Entonces, Puede Usar Esta Expresión Sin Entenderla En Un
Mal Sentido, Yo No Me Opongo A Que Lo Haga.
NOTA: Institutes 1: 296 (2. 3 .5), citando a san
Bernardo con aprobación: «Entre todos los seres vivos sólo el hombre es libre....
porque lo que es voluntario también es libre». Más adelante, en el mismo pasaje
cita de nuevo a san Bernardo con aprobación, en donde admite que la voluntad es
esclava del pecado y por consiguiente peca por necesidad, pero entonces dice
que «esta necesidad es como si fuera voluntaria.
Así el alma es al mismo tiempo esclava y libre:
esclava por necesidad; libre debido a la voluntad». Un poco más adelante
Calvino mismo dice que «el hombre, en tanto que peca por necesidad, sin embargo
peca no menos voluntariamente» (1:309 [2.4.1].
Calvino claramente dice que Adán, antes de que haya
pecado en el mundo, «tenía libre albedrío, con el cual, si quería, podía
alcanzar la vida eterna Pudo, pues, Adán, si quería, permanecer como había sido
creado; y no cayó sino por su propia voluntad tuvo libre elección del bien y
del mal» (1:195 [1.15. 8]. Así Calvino puede usar la expresión libre albedrío
como si quisiera decir «voluntariamente, dispuesto», y puede usarlo para Adán
antes de la caída.
Sin embargo, cuidadosamente evita aplicar la
expresión libre albedrío a los seres humanos pecadores si por ella la gente
quiere decir «capaz de hacer el bien por fuerza propia» (vea el texto arriba).
Por
tanto, cuando preguntamos si tenemos «libre albedrío», es importante tener bien
claro lo que se quiere decir con la frase. La Biblia en ninguna parte dice que
somos «libres» en el sentido de estar fuera del control de Dios19 o de ser
capaces de tomar decisiones que no son causadas por nada.
(Este
es el sentido en el que muchos parecen dar por sentado que debemos ser libres;
vea lo que decimos abajo.) Tampoco dice que somos «libres» en el sentido de que
podemos hacer el bien por cuenta propia sin el poder de Dios. Pero, de todas
manera somos libres en el sentido más grande que cualquier criatura de Dios
pueda ser libre; tomamos decisiones voluntarias, decisiones que surten efectos
reales.
No nos
percatamos de ninguna restricción en nuestra voluntad de parte de Dios cuando
tomamos decisiones. Debemos insistir en que tenemos el poder de decidir
voluntariamente; de otra manera caemos en el error del fatalismo o
determinismo, y de ese modo concluimos que nuestras decisiones no importan,
porque en realidad no podemos tomar decisiones propias.
Por
otro lado, la clase de libertad que exigen los que niegan el control
providencial de Dios sobre todas las cosas, libertad para estar fuera de la
actividad sustentadora y controladora de Dios, sería imposible si Jesucristo
está en verdad «continuamente sustentado toda las cosas por su palabra de
poder» (Heb 1:3, traducción del autor).
Si esto
es así, estar fuera de ese control providencial ¡sería no existir! Una
«libertad» absoluta, totalmente libre del control de Dios, no es posible en un
mundo sustentado y dirigido providencialmente por Dios mismo.
C. GOBIERNO
1. EVIDENCIA BÍBLICA.
Hemos
considerado los primeros dos aspectos de la providencia:
(1) preservación, y
(2) concurrencia.
Este
tercer aspecto de la providencia de Dios indica que Dios tiene un propósito en
todo lo que hace en el mundo y providencialmente gobierna o dirige todas las
cosas a fin de que cumplan sus propósitos. Leemos en Salmos:
«su
reinado domina sobre todos» (Sal1ü3:19). Es más, «Dios hace lo que quiere con los
poderes celestiales y con los pueblos de la tierra. No hay quien se oponga a su
poder ni quien le pida cuentas de sus actos» (Dn 4: 35).
Pablo
afirma que «todas las cosas proceden de él, y existen por él y para él» (Ro 11:
36), y que «todo ha quedado sometido a su dominio» (1a Co 15: 27).
Dios es el que «hace todas las cosas conforme al designio de su voluntad» (Ef
1: 11), de modo que al final «ante el nombre de Jesús se doble toda rodilla en
el cielo y en la tierra y debajo de la tierra, y toda lengua confiese que
Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre» (Fil 2: 10-11).
Es
debido a que Pablo sabe que Dios es soberano sobre todo y logra sus propósitos
en todo suceso que tiene lugar que puede declarar que «dispone todas las cosas
para el bien de quienes lo aman, los que han sido llamados de acuerdo con su
propósito» (Ro 8: 28).
NOTA: De hecho, nuestra capacidad de tomar
decisiones voluntarias al fin y al cabo es simplemente un reflejo creado de la
voluntad de Dios y su capacidad de tomar decisiones voluntarias. Sin embargo,
si fuéramos totalmente libres en nuestras decisiones, seríamos iguales a Dios
en nuestra voluntad, y esto es algo que jamás podemos esperar ni en esta vida
ni en la venidera.
Los teólogos arminianos disienten de este
entendimiento de libre albedrío y abogan por una libertad que quiere decir que
nuestras decisiones no son causadas por nada fuera de nosotros mismos (vea la
consideración de la objeción de Jack Cottrell de que la libertad quiere decir
más que decisiones voluntarias, en las pp. 353-64, más adelante).
2. DISTINCIONES RESPECTO A LA VOLUNTAD DE DIOS.
Aunque
en Dios su voluntad es unificada, y no dividida o contradictoria, no podemos ni
empezar a entender las profundidades de la voluntad de Dios, y solo en una
pequeña parte se nos revela.
Por
esta razón, como vimos en el capítulo 13, 22 dos aspectos de la voluntad de
Dios se presentan ante nosotros. Por un lado, hay la voluntad moral de Dios (a
veces llamada su voluntad «revelada»). Esto incluye las normas morales de la
Biblia, como los Diez Mandamientos, o los mandamientos morales del Nuevo
Testamento.
Los mandamientos
morales de Dios nos son dados como descripciones de cómo debemos nosotros
conducirnos para actuar rectamente ante él. Por otro lado, otro aspecto de la
voluntad de Dios es su gobierno providencial de todas las cosas (a veces llamada
su «voluntad secreta»).
Esto
incluye todos los acontecimientos de la historia que Dios ha ordenado que
tengan lugar, por ejemplo, el hecho de que Cristo fuera crucificado por «gente
malvada» (Hch 2: 23). También incluye todos los actos malos que fueron
mencionados en la sección precedente.
Algunos
han objetado esta distinción entre dos aspectos de la voluntad de Dios, aduciendo
que quiere decir que hay una «autocontradicción» en Dios. Sin embargo, incluso
en el ámbito de la experiencia humana, sabemos que podemos desear y llevar a la
práctica algo que es doloroso y que no deseamos (como castigar a un hijo
desobediente o recibir una vacuna que temporalmente nos enferma) a fin de producir
un resultado a largo alcance que deseamos más que evitar el dolor a corto plazo
(producir la obediencia del hijo, por ejemplo, o prevenirnos para no contraer una
enfermedad más seria). Dios es infinitamente más grande y sabio que nosotros.
Ciertamente
es posible para él querer que sus criaturas hagan algo que a corto plazo le
desagrada a fin de a largo plazo recibir mayor gloria. Decir que esto es una «autocontradicción»
en Dios es no entender las distinciones que se han hecho, así que esta
explicación no es contradictoria.
NOTA: Vea pp. 213-16 para consideración adicional
de la voluntad secreta y revelada de Dios.
Esta es la objeción de 1. Howard Marshall, «Predestination in the New Testament», p. 173.
Juan Calvino dice de los que objetan a los dos
sentidos de la voluntad de Dios: «Déjenme decirles, pues, si Dios ejecuta sus
juicios por su voluntad o no. Cuando no entendamos como Dios puede querer que
se haga lo que prohíbe, acordémonos de nuestra incapacidad mental».
También cita con aprobación la afirmación de
Agustín: «Hay una gran diferencia entre lo que es apropiado para que el hombre
quiera y lo que es apropiado para Dios porque mediante la voluntad mala de los
hombres malvados Dios cumple lo que él justamente quiere» (Institutes 1: 233-34 [1. 18.3].
D. LOS DECRETOS DE DIOS
Los
decretos de Dios son los planes eternos de Dios por los cuales, antes de la
creación del mundo, él determinó hacer que tuviera lugar todo lo que sucede.
Esta doctrina es similar a la doctrina de la providencia, pero aquí nos
referimos a las decisiones de Dios antes de que el mundo fuera creado y no en
sus acciones providenciales en el tiempo.
Sus
acciones providenciales son los resultados de los decretos eternos que hizo hace
mucho tiempo. (Vea capítulo 2, p. 47, para ver «decretos» usado en un sentido
algo diferente.)
David
confiesa: «Todo estaba ya escrito en tu libro; todos mis días se estaban
diseñando, aunque no existía uno solo de ellos» (Sal 139: 16; Job 14: 5: los días,
meses y límites del hombre los determina Dios). También hay un «determinado propósito
y el previo conocimiento de Dios» (Hch 2: 23) por el cual mataron a Jesús, y
las acciones de los que lo condenaron y crucificaron estaban «predestinadas»
por Dios (Hch 4: 28).
Nuestra
salvación fue determinada hace mucho tiempo porque Dios «nos escogió en él
[Cristo] antes de la creación del mundo, para que seamos santos y sin mancha
delante de él» (Ef 1: 4). Nuestras buenas obras como creyentes son las que
«Dios dispuso de antemano a fin de que las pongamos en práctica» (Ef. 2:10; Jud
4).
Estos
ejemplos tocan muchos aspectos diversos de la actividad humana. Parece apropiado
concluir de estos ejemplos que todo lo que Dios hace lo ha planeado desde antes
de la creación del mundo; es más, estas cosas han sido un plan eterno para él.
El
beneficio de un énfasis en los decretos de Dios es que nos ayuda a damos cuenta
de que Dios no traza planes repentinamente sobre la marcha. Él sabe el fin desde
el principio, y realizará todos sus buenos propósitos. Esto debe aumentar grandemente
nuestra confianza en él, especialmente en circunstancias difíciles.
E. LA IMPORTANCIA DE NUESTRAS ACCIONES HUMANAS.
A veces
podemos olvidamos de que Dios obra mediante acciones humanas en su gobierno
providencial del mundo. Cuando lo olvidamos, empezamos a pensar que nuestras
acciones y decisiones no hacen gran diferencia o no surten gran efecto en el
curso de los acontecimientos. Para precavemos contra todo malentendido de la
providencia de Dios debemos destacar los siguientes puntos de énfasis.
1. NOSOTROS SOMOS CON TODO RESPONSABLES DE NUESTRAS ACCIONES.
Dios
nos hizo responsables por nuestras acciones, las que tienen resultados reales y
eternamente significativos.
En
todos sus actos providenciales Dios preserva estas características de responsabilidad
y significación.
Algunas
analogías del mundo natural tal vez nos ayuden a entender esto. Dios ha creado
una piedra con la característica de que sea dura, y lo es. Dios creó el agua con
la característica de que sea mojada, y lo es. Dios creó las plantas y los
animales con la característica de que estén vivos, y lo están. De modo similar,
Dios nos ha creado con la característica de que seamos responsables de nuestras
acciones, Y lo somos!
Si
hacemos el bien y obedecemos a Dios, él nos recompensará y las cosas marcharán
bien para nosotros tanto en esta edad como en la eternidad. Si hacemos el mal y
desobedecemos a Dios, él nos disciplinará y tal vez nos castigará, y las cosas marcharán
mal para nosotros. El damos cuenta de estos hechos nos ayudará a tener
sabiduría pastoral al hablar con otros y al animarlos a que eviten la ociosidad
y la desobediencia.
El
hecho de que somos responsables de nuestras acciones quiere decir que nunca debemos
pensar: «Dios me hizo malo, y por consiguiente yo no tengo la culpa de serlo».
Significativamente, Adán empezó a dar excusas por el primer pecado en términos
que sospechosamente suenan así:
«La
mujer que me diste por compañera medio de ese fruto, y yo lo comí» (Gn3: 12). A
diferencia de Adán, la Biblia nunca le echa a Dios la culpa del pecado. Si
alguna vez nosotros empezamos a pensar que Dios tiene la culpa del pecado,
estamos pensando erróneamente en cuanto a la providencia de Dios, porque es
siempre la criatura, y no Dios, quien tiene la culpa.
Claro,
podemos objetar que no está bien que Dios nos considere culpables si es él, en
efecto, quien ha ordenado todas las cosas que sucedieron, pero Pablo nos
corrige: «Pero tú me dirás: Entonces,
¿por qué todavía nos echa la culpa Dios? ¿Quién puede oponerse a su
voluntad?"
Respondo:
¿Quién eres tú para pedirle cuentas a Dios?» (Ro 9: 19-20). Debemos darnos
cuenta y resolver en nuestros corazones que está bien que Dios nos reprenda y
nos discipline y castigue el mal. Y, cuando tenemos la responsabilidad de
hacerlo, está bien que reprendamos y castiguemos el mal en nuestras familias,
en la iglesia e incluso, de algunas maneras, en la sociedad que nos rodea.
Nunca
debemos decir de un mal que ha sucedido: «Dios lo quiso, por consiguiente está
bien». Porque debemos reconocer que algunas cosas que la voluntad de decreto de
Dios ha planeado no son buenas en sí mismas, y no deben recibir nuestra
aprobación, así como tampoco reciben la aprobación de Dios.
2. NUESTRAS ACCIONES TIENEN RESULTADOS REALES Y EN EFECTO CAMBIAN EL CURSO DE LOS ACONTECIMIENTOS.
En los
ordinarios acontecimientos del mundo, si descuido atender mi salud y tengo
malos hábitos de comer, o si abuso de mi cuerpo con licor o tabaco,
probablemente moriré más pronto. Dios ha ordenado que nuestras acciones tengan
efectos. Por supuesto, no sabemos lo que Dios ha planeado, ni siquiera por el
resto de este día, para no decir nada de la próxima semana o del próximo año.
Pero
sí sabemos que si confiamos en Dios y le obedecemos, ¡descubriremos que él ha
planeado buenas cosas que resulten gracias a esa obediencia! No podemos simplemente
descartar a otros con quienes nos encontramos, porque Dios hace que muchos se
crucen en nuestro camino y nos da la responsabilidad de actuar hacia ellos de
maneras significativamente eternas, sea para bien o para mal.
Calvino
sabiamente nota que para animamos a usar precaución ordinaria en la vida y
planear de antemano, «Dios se complace en ocultarnos todos los acontecimientos futuros,
a fin de que los resistamos como dudosos, y no dejemos de oponemos a ellos con
remedios listos, hasta que los superemos o estén más allá de toda preocupación
la providencia de Dios no siempre nos sale al encuentro en su forma desnuda,
sino que Dios en cierto sentido la viste con los medios que emplea».
En
contraste, si esperamos que algunos peligros o acontecimientos malos puedan presentarse
en el futuro, y no usamos medios razonables para evitarlos, podemos en verdad
descubrir ¡que nuestra falta de acción fue el medio que Dios usó para permitir
que se presentaran!
3. LA ORACIÓN ES UNA CLASE ESPECÍFICA DE ACCIÓN QUE TIENE RESULTADOS DEFINIDOS Y QUE EN EFECTO CAMBIA EL CURSO DE LOS ACONTECIMIENTOS.
Dios
también ha ordenado que la oración sea un medio muy significativo de producir
resultados en el mundo.26 Cuando intercedemos fervientemente por una persona o
circunstancia específica, a menudo hallaremos que Dios ha ordenado que nuestra
oración sea un medio que él ha de usar para producir los cambios en el mundo.
La
Biblia nos recuerda esto cuando nos dice: «No tienen, porque no piden» (Stg
4:2). Jesús dice: «Hasta ahora no han pedido nada en mi nombre. Pidan y
recibirán, para que su alegría sea completa» (Jn 16:24).
4. EN CONCLUSIÓN, ¡DEBEMOS ACTUAR!
La
doctrina de la providencia de ninguna manera nos anima a arrellanarnos con
holgazanería para esperar el resultado de los acontecimientos. Por supuesto,
Dios puede imprimir en nosotros la necesidad de esperar en él antes de actuar y
de confiar en él antes que en nuestras propias capacidades, Y eso por cierto no
está mal. Pero simplemente decir que estamos confiando en Dios en lugar de
actuar responsablemente es pura holgazanería y una distorsión de la doctrina de
la providencia.
En
términos prácticos, si uno de mis hijos tiene una tarea escolar que debe hacer para
el día siguiente, tengo derecho a obligarlo a que termine esa tarea antes de que
salga a jugar. Me doy cuenta de que su calificación está en las manos de Dios,
y que Dios hace mucho que ha determinado cuál será esa calificación, pero yo no
lo sé, ni tampoco mi hijo. Lo que sí sé es que si estudia y hace fielmente su
tarea escolar, recibirá una buena nota. Si no, no la recibirá. Por eso Calvino
puede decir:
Ahora, Pues, Es Muy Claro Cuál Es Nuestro Deber: Si El Señor Nos Ha
Confiado La Protección De Nuestra Vida, Nuestro Deber Es Protegerla; Si Nos
Ofrece Ayudas, Que Las Usemos; Si No Nos Advierte Con Antelación Respecto A
Peligros, Que No Nos Metamos Temerariamente En Ellos; Si Pone A Nuestra
Disposición Remedios, Que No Lo Menospreciemos.
Pero Ningún Peligro Nos Perjudicará, Dirán, A Menos Que Sea Fatal, Y En
Este Caso Está Más Allá De Los Remedios. Pero, ¿Qué Si Los Peligros No Son
Fatales, Porque El Señor Te Ha Provisto De Remedios Para Alejarlos Y
Superarlos.
Un
buen ejemplo de actividad vigorosa combinada con confianza en Dios se halla en
2ª Samuel10: 12, en donde Joab dice: «¡Ánimo! ¡Luchemos con valor por nuestro
pueblo y por las ciudades de nuestro Dios!», pero luego añade inmediatamente en
la misma oración, «y que el Señor haga lo que bien le parezca». Joab a la vez
va a luchar y a confiar en que Dios hará lo que le parezca bueno.
Similares
ejemplos hallamos en el Nuevo Testamento. Cuando Pablo estaba en Corinto, a fin
de impedir que se desalentara por la oposición que había recibido de parte de
los judíos, el Señor se le apareció una noche en visión y le dijo: «No tengas miedo;
sigue hablando y no te calles, pues estoy contigo. Aunque te ataquen, no vaya
dejar que nadie te haga daño, porque tengo mucha gente en esta ciudad» (Hch 18:
9-1O).
Si
Pablo hubiera sido un fatalista con un entendimiento inapropiado de la
providencia de Dios, habría escuchado las palabras de Dios: «Tengo mucha gente
en esta ciudad», y concluido que Dios había determinado salvar a muchos de los
Corintios, y que por consiguiente no importaba si Pablo se quedaba allí o no:
¡Dios
ya había escogido que muchos serían salvos! Pablo habría pensado ¡que bien podía
empacar sus maletas e irse! Pero no cometió esa equivocación. Más bien concluyó
que si Dios había escogido a muchos, entonces probablemente sería mediante la
predicación de Pablo del evangelio que esos muchos serían salvados. Por consiguiente
Pablo tomó una decisión sabia: «Así que Pablo se quedó allí un año y medio,
enseñando entre el pueblo la palabra de Dios» (Hch 18: 11).
Pablo
pone esta clase de acción responsable a la luz de la providencia de Dios en una
sola oración en 2ª Timoteo 2: 10, en donde dice: «Todo lo soporto por el bien de
los elegidos, para que también ellos alcancen la gloriosa y eterna salvación
que tenemos en Cristo Jesús». No se agarra del hecho de que Dios había escogido
a algunos para ser salvos para concluir que no debía hacer nada; más bien,
concluyó que había mucho por hacer a fin de que los propósitos de Dios se realizaran
por los medios que Dios también había establecido.
En
verdad, Pablo estaba dispuesto a soportarlo «todo», incluyendo toda suerte de
adversidad y sufrimiento, para que los planes de Dios pudieran realizarse. Una
creencia de corazón en la providencia de Dios no es un desaliento sino un
estímulo a la acción.
Un
ejemplo al respecto se halla en el relato del viaje de Pablo a Roma. Dios le había
revelado claramente a Pablo que ninguno de los pasajeros del barco moriría debido
a la larga tempestad que habían soportado.
Por
cierto, Pablo se levantó ante los pasajeros y la tripulación y les dijo que se
animaran:
Porque Ninguno De Ustedes Perderá La Vida; Sólo Se Perderá El Barco. Anoche
Se Me Apareció Un Ángel Del Dios A Quien Pertenezco Y A Quien Sirvo, Y Me Dijo:
«No Tengas Miedo, Pablo. Tienes Que Comparecer Ante El Emperador; Y Dios Te Ha
Concedido La Vida De Todos Los Que Navegan Contigo.»
¡Así Que Ánimo, Señores! Confió En Dios Que Sucederá Tal Y Como Se Me
Dijo. Sin Embargo, Tenemos Que Encallar En Alguna Isla (Hch 27: 22-26).
Pero
poco después de que Pablo dijo esto, notó que los marineros a bordo del barco
estaban secretamente tratando de bajar al mar un barco salvavidas, «en un intento
por escapar del barco» (Hch 27: 30). Planeaban dejar a los otros desvalidos sin
nadie que supiera cómo gobernar el barco.
Cuando
Pablo vio esto, no adoptó una actitud errónea y fatalista, pensando que Dios
milagrosamente llevaría el barco a la orilla. Más bien, de inmediato fue al
centurión que estaba a cargo de los marineros y «les advirtió al centurión y a
los soldados: "Si ésos no se quedan en el barco, no podrán salvarse
ustedes"» (Hch 27: 31).
Sabiamente
Pablo sabía que la supervisión providencial de Dios e incluso su clara
predicción de lo que sucedería con todo incluía el uso de medios humanos
ordinarios para que resultara. Incluso tuvo la intrepidez de decir que esos
medios eran necesarios: «Si esos no se quedan en el barco, no podrán salvarse
ustedes» (Hch 27: 31).
Nosotros
haremos bien en imitar su ejemplo de combinar una completa confianza en la
providencia de Dios y darnos cuenta de que el uso de medios ordinarios es
necesario para que las cosas resulten de la manera en que Dios ha planeado que
resulten.
5. ¿QUÉ SI NO PODEMOS ENTENDER PLENAMENTE ESTA DOCTRINA?
Todo
creyente que medita en la providencia de Dios tarde o temprano llegará al punto
en que tendrá que decir: «No puedo entender completamente esta doctrina». De
algunas maneras eso se debe decir en cuanto a toda doctrina, puesto que nuestro
entendimiento es finito, y Dios es infinito (vea el capítulo 1, pp. 34-35; p.
153).
Pero
particularmente esto es así con la doctrina de la providencia; debemos creerla
porque la Biblia la enseña aunque no entendamos plenamente cómo encaja con las
otras enseñanzas de la Biblia. Calvino tiene un consejo sabio:
Que Aquellos A Quienes Esto Les Pareciere Muy Duro Consideren Un Poco
Cuán Tolerable Son Sus Remilgos Al Rechazar Lo Que Es Evidente En Claros
Testimonios De La Escritura Porque Supera Su Capacidad Mental, Y Hallan Mal Que
Se Hable Y Se Publique Aquello Que Dios, Si No Supiese Que Es Necesario
Conocerlo, Nunca Habría Mandado Que Lo Enseñasen Sus Profetas Y Apóstoles. Pues
Nuestro Saber No Debe Consistir Más Que En Recibir Con Mansedumbre Y Docilidad,
Y Sin Excepción Alguna, Todo Cuanto Se Contiene En La Sagrada Escritura.
F. APLICACIÓN PRÁCTICA ADICIONAL
Aunque
ya hemos empezado a hablar de la aplicación práctica de esta doctrina, se deben
hacer tres puntos adicionales.
1. NO TENER MIEDO SINO CONFIAR EN DIOS.
Jesús
recalca el hecho de que nuestro Señor soberano nos cuida y se preocupa por
nosotros que somos sus hijos. Él dice: «Fíjense en las aves del cielo: no
siembran ni cosechan ni almacenan en graneros; sin embargo, el Padre celestial
las alimenta. ¿No valen ustedes mucho más que
ellas?
Así que no se preocupen diciendo: «¿Qué
comeremos?" o «¿Qué beberemos?" o «¿Con qué nos vestiremos?"»
(Mt 6:26, 31). Si Dios alimenta a las aves y viste la hierba del campo, él
también nos cuidará a nosotros. De modo similar, Jesús dice: «¿No se venden dos
gorriones por una monedita? Sin embargo, ni uno de ellos caerá a tierra sin que
10 permita el Padre; ... Así que no tengan miedo; ustedes valen más que muchos
gorriones» (Mt 10: 29-31).
David
podía dormir en medio de sus enemigos, porque sabía que el control providencial
de Dios le hacía «vivir confiado», y podía decir: «En paz me acuesto y me
duermo» (Sal 48). Muchos de los salmos nos animan a confiar en Dios y ama temer,
porque el Señor guarda y protege a su pueblo (por ejemplo, Salmo 91: «El que habita
al abrigo del Altísimo»; o Salmo 121: «A las montañas levanto mis ojos).
Debido
a nuestra confianza en el cuidado providencial de Dios, no necesitamos temer
ningún malo daño, aunque nos venga; puede venir sólo por voluntad de Dios y en
última instancia para nuestro bien. Por eso Pedro puede decir que «a pesar de
que hasta ahora han tenido que sufrir diversas pruebas por un tiempo la fe de
ustedes, que vale mucho más que el oro, al ser acrisolada por las pruebas demostrará
que es digna de aprobación, gloria y honor cuando Jesucristo se revele» (1ª P
1: 6-7).
En
todo esto no necesitamos afanamos por el futuro sino confiar en el cuidado
omnipotente de Dios.
2. ESTAR AGRADECIDOS POR TODAS LAS COSAS BUENAS QUE SUCEDEN.
Si
creemos genuinamente que todas las cosas buenas las causa Dios, nuestros
corazones en verdad estarán llenos al decir: «Alaba, alma mía, al Señor, y no
olvides ninguno de sus beneficios» (Sal 103: 2). Le agradecemos por nuestro
alimento diario (Mt 6: 11; 1ª Ti 4: 4-5); en verdad, daremos «gracias a Dios en
toda situación» (1ª Ts 5: 18).
3. NO HAY COSA TAL COMO «SUERTE» O «CASUALIDAD».
Todas
las cosas suceden por la sabia providencia de Dios. Esto quiere decir que
debemos adoptar una comprensión mucho más «personal» del universo y de los
acontecimientos en él. El universo no está gobernado por un destino impersonal
ni por la suerte, sino por un Dios personal. Nada sucede «porque sí»; debemos
ver la mano de Dios en los acontecimientos durante todo el día, haciendo que
todo resulte para bien de los que le aman.
Esta
confianza en la sabia providencia de Dios ciertamente no es lo mismo que superstición,
porque superstición es creer en un control impersonal o demoníaco de las
circunstancias, o en el control de una deidad caprichosa preocupada por un rito
sin significado en lugar de obediencia y fe. Un aprecio más profundo de la
doctrina de la providencia no nos hará más supersticiosos; nos hará confiar en
Dios más y obedecerle más completamente.
NOTA: El término arminianismo fue escogido
recientemente en el título de una serie responsable de ensayos que representan
esta posición. Vea ClarkH. Pinnock, ed., The Grace of God, The
Will of Man: Casefor Arminianism (Zondervan, Grand Rapids, 1989). En la siguiente
sección cito extensamente de este libro y un libro anterior editado por
Pinnock, Grace Unlimited. Estos dos libros son excelentes defensas recientes de
la posición arminiana. Jacobo Arminio (1560-1609) fue un teólogo holandés que
difería con el calvinismo predominante de su día.
Aunque los arminianos hoy no lo citan personalmente
ni se refieren a él muy a menudo, su nombre se ha ligado a una variedad de
posiciones que tienen en común el hecho de que difieren de la posición
calvinista sobre la cuestión de libre albedrío del hombre, tanto con respecto a
la providencia de Dios en general (el tema de este capítulo) y con respecto a la
predestinación o elección en forma específica (el tema del capítulo 32).
Hay que distinguir el término arminiano del término
armenio que se refiere a personas que viven o son descendientes de los
pobladores de la antigua nación de Armenia en Asia occidental (ahora parte de
Turquía, Irán y la CEI).
G. OTRO PUNTO DE VISTA EVANGÉLICO: LA POSICIÓN ARMINIANA
Hay
una posición alterna principal que sostienen muchos evangélicos, a la que por
conveniencia hemos llamado punto de vista «arminiano». Entre las denominaciones
en el evangelicalismo contemporáneo, los metodistas y nazarenos tienden a ser
completamente arminianos, en tanto que presbiterianos y cristianos reformados
tienden a ser completamente reformados (por lo menos de acuerdo a su
declaración de fe denominacional).
Ambos
puntos de vista se hallan entre bautistas, episcopales (aunque los treinta y
nueve artículos tienen un énfasis claramente reformado), dispensacionalistas,
iglesias evangélicas libres, luteranas (aunque Martín Lutero estuvo en el campo
reformado en este asunto), las iglesias de Cristo, y la mayoría de los grupos
carismáticos y pentecostales (aunque denominaciones pentecostales como las
Asambleas de Dios han sido predominantemente arminianas).
Los
que sostienen una posición arminiana mantienen que a fin de preservar la verdadera
libertad humana y las verdaderas decisiones humanas que son necesarias para la
personalidad humana genuina, Dios no puede causar o planear nuestras
decisiones.
Por
consiguiente, concluyen que la intervención providencial de Dios en la historia
o su control no debe incluir todo detalle específico de todo acontecimiento que
sucede, sino que Dios simplemente responde a las decisiones y acciones humanas
conforme tienen lugar y lo hace de una manera que a la postre sus propósitos se
realizan en el mundo.
Los
que sostienen esta posición afirman que los propósitos de Dios en el mundo son
más generales y se pueden realizar mediante muchas clases diferentes de acontecimientos
específicos. Así que el propósito o plan de Dios para el mundo «no es un plan
que abarca todas las contingencias futura» sino «un programa dinámico para el
mundo, el resultado del cual depende en parte del hombre».
Cottrell
dice: «Dios no tiene un propósito específico e incondicional para cada discreta
partícula, objeto, persona y evento dentro de la creación». Los arminianos
creen que Dios logra su meta global al responder y utilizar las decisiones
libres de los seres humanos, sean lo que sean.
Pinnock
dice que la «predestinación no se aplica a toda actividad individual, sino más
bien que es el propósito comprensivo de Dios que es el contexto estructural en
que se mueve la historia».
Todavía
más, los que abogan por la posición arminiana mantienen que la voluntad de Dios
no puede incluir el mal. Pinnock dice: «La caída del hombre es una refutación
elocuente de la teoría de que siempre se hace la voluntad de Dios».
Afirma
que «no es cierto» que la voluntad de Dios «siempre se cumple en la perdición
del perdido». Y Howard Marshall muy claramente afirma: «No es cierto que todo
lo que sucede es lo que Dios desea». Estas afirmaciones indican claramente que
las diferencias entre las posiciones reformadas y arminiana no son solo
diferencias en terminología; hay un verdadero desacuerdo en sustancia.
NOTA: El ensayo de Cottrell es, a mi juicio, el más
comprehensivo y persuasivo de muchos excelentes ensayos arminianos en este libro;
el libro como un todo está hecho en forma responsable y es probablemente la
mejor representación reciente del pensamiento arminiano. Cottrell no niega la
omnisciencia divina respecto a acontecimientos futuros como lo hacen los
ensayos de Clark Pinnock y Richard Rice en el mismo volumen, y esto lo pone más
de cerca al arminianismo intuitivo que les parece apropiado a muchos laicos
evangélicos hoy.
Howard Marshall afirma esto en varios puntos en
«Predestination in the New Testament», Grace Unlimited, pp. 127-43. Marshall
usa la analogía de una banda de jazz en donde los músicos individuales pueden
improvisar libremente, pero la meta y unidad global de la pieza musical se
preserva sea como sea (p. 133). De este modo, «la Biblia tiene el cuadro de un
Dios que decide medidas frescas en la historia e interactúa con la voluntad de
los hombres junto con el cuadro de un Dios que planea las cosas en la eternidad
del pasado, y ambos cuadros son igualmente válidos» (Marshall, p. 141).
Se
presentan varios argumentos en defensa de la posición arminiana. He intentado
resumirlos en los cuatro puntos principales que siguen.
1. LOS VERSÍCULOS CITADOS COMO EJEMPLOS DEL CONTROL PROVIDENCIAL DE DIOS SON EXCEPCIONES Y NO DESCRIBEN LA MANERA EN QUE DIOS OBRA ORDINARIAMENTE EN LA ACTIVIDAD HUMANA.
Al
examinar los pasajes del Antiguo Testamento que se refieren a la intervención
providencial de Dios en el mundo, David].
A.
Clines dice que las predicciones y afirmaciones de Dios en cuanto a sus
propósitos se refieren a acontecimientos limitados o específicos:
Casi Todas Las Referencias Específicas A Los Planes De Dios Tienen A La
Vista Un Acontecimiento En Particular O Una Serie Limitada De Acontecimientos,
Por Ejemplo, «Lo Que Tiene Proyectado En Contra Del País De Los Babilonios» Jer
50: 45). Todavía Más, No Es Cuestión De Un Solo Plan Divino; Varios Pasajes
Hablan De Varias Intenciones, Y Algunas Referencias Son En Verdad A Planes De Dios
En Plural [Los Pasajes Son] Una Aseveración De Que Dentro De La Historia Dios Está
Realizando Sus Propósitos.
Jack
Cottrell concuerda que en algunos casos Dios interviene en el mundo de una manera
nada común, usando «manipulación sutil de tales leyes [naturales] y estados
mentales».
Pero
llama a estos acontecimientos nada usuales «providencia especial», y dice: «Es
natural que el Antiguo Testamento abunde en relatos de providencia especial. Pero
no tenemos razón para dar por sentado que Dios estaba obrando en Australia y
América del Sur de tales maneras al mismo tiempo».
2. EL CONCEPTO ARMINIANO ERRÓNEAMENTE CULPA A DIOS DEL PECADO.
Los
que sostienen una posición arminiana preguntan: «¿Cómo puede Dios ser santo si
decreta que pequemos?» Afirman que Dios no es el «autor del pecado», que «Dios
no puede ser tentado por el mal, ni tampoco tienta él a nadie» (Stg 1: 13), que
«Dios es luz y en él no hay ninguna oscuridad» (1ª Jn 1: 5), y que «El Señor es
justo; y en él no hay injusticia» (Sal 92: 15).
El
concepto de la providencia de Dios que se aboga arriba, dirían, nos hace
títeres o robots que no pueden hacer nada aparte de lo que Dios nos hace hacer.
Pero esto impone reproche moral en Dios, porque Marshall dice: «Yo soy
responsable de lo que mi agente hace».39 Pinnock afirma que «es blasfemo
mantener, como lo hace esta teoría, que la rebelión del hombre contra Dios en
cierto sentido es el producto de la voluntad soberana o causalidad primaria de
Dios».
NOTA: De modo similar, James D. Strauss, «God's
Promise and Universal History», Grace Unlimited, p. 196, dice que el ejemplo de
Jacob y Esaú que Pablo menciona en Ro 9: 9-13 se refiere a los planes
corporativos de Dios para los descendientes de Jacob y Esaú y no se deben tomar
como una ilustración de cómo Dios obra en las vidas o corazones de los seres
humanos en general.
3. LAS DECISIONES QUE DIOS NOS HACE TOMAR NO PUEDEN SER VERDADERAS DECISIONES.
Cuando
el calvinista afirma que Dios nos hace escoger voluntariamente las cosas, los
que sostienen una posición arminiana responden que cualquier decisión que en
última instancia es Dios quien la causa no puede ser una verdadera decisión, y
que si es cierto que Dios nos hace tomar las decisiones que tomamos, no somos
de verdad personas.
Cottrell
dice que el concepto calvinista de Dios como causa primaria y los hombres como
causa secundaria en realidad se desbarata de modo que hay sólo una causa: Dios.
Si un hombre usa una palanca para mover una roca, argumenta, «la palanca no es
una causa segunda verdadera sino sólo un instrumento de la verdadera causa del
movimiento.
A mi juicio
el concepto de causa no tiene significación real cuando se usa en este sentido.
En tal sistema el hombre contribuye sólo lo que ya ha sido predeterminado».
Pinnock
escribe:
La Comunión Personal De La Clase Que Se Concibe En El Evangelio Sólo
Existe Cuando Se Consuma En Una Decisión Libre. Si Deseamos Comprender La
Gracia De Dios Como Algo Dirigido En Forma Personal A Sus Criaturas Debemos
Captarla, Como Lo Hace La Biblia, En Términos Dinámicos, No Manipuladores Ni
Coercitivos.
También
dice:
Si El Mundo Fuera Una Estructura Completamente Determinada En La Cual
Ninguna Decisión Del Hombre Surte Ningún Efecto, La Básica Intuición Del Hombre
De Que Es Un Actor Y Un Agente Libre No Tendría Sentido: No Habría, Entonces,
Razón Para Hacer Planes O Ejercer Esfuerzos Con El Propósito De Transformar El
Mundo. La Libertad Humana Es La Condición Previa Para La Responsabilidad Moral
E Intelectual.
¿Por
qué, entonces, según el concepto arminiano, tuvo lugar la caída y el pecado? Pinnock
responde que «ocurrieron porque Dios rehúsa mecanizar al hombre o imponer su
voluntad sobre él». Y Marshall dice, con respecto a la «posibilidad de que yo predetermine
un curso de acción incluyéndome a mí mismo y otros sujetos », que «a nivel de
agente libre es imposible». Objeta que la analogía de Dios y el mundo como la
de un autor y una obra dramática no es útil porque si preguntamos si los
personajes son en verdad libres, «esta es una pregunta irreal».
Sin
embargo, se debe notar que los teólogos arminianos ciertamente están dispuestos
a dar campo a cierta clase de influencia de Dios sobre los seres humanos.
Marshall
dice: «La oración también influencia a los hombres. La voluntad de los hombres
puede, entonces, verse afectada por la oración o de otra manera no oraríamos por
ellos. Creer en la oración es, por tanto, creer en algún tipo de limitación de
la libertad humana, y en alguna clase de influencia incomprensible sobre la
voluntad de los hombres».
Para
martillar su punto respecto a la libertad esencial de la voluntad humana, los
proponentes de la posición arminiana llaman la atención a la frecuencia de la oferta
gratuita del evangelio en el Nuevo Testamento. Dirán que estas invitaciones a
los seres humanos para que se arrepientan y acepten a Cristo para salvarse, si son
bonafide deben implicar la capacidad de responder a ellas.
Así
que todo ser humano sin excepción tiene la capacidad de aceptarla, no simplemente
aquellos a quienes Dios soberanamente les ha dado esa capacidad de una manera
especial.
En
respaldo adicional a este punto, los arminianos toman 1 Corintios 10:13 como
afirmando claramente que podemos no pecar. Pablo les dice a los Corintios:
«Ustedes
no han sufrido ninguna tentación que no sea común al género humano.
Pero
Dios es fiel, y no permitirá que ustedes sean tentados más allá de lo que
puedan aguantar. Más bien, cuando llegue la tentación, él les dará también una
salida a fin de que puedan resistir». Pero, se dice, esta afirmación sería
falsa si Dios a veces ordena que pequemos, porque entonces no podríamos escapar
de la tentación sin pecar.
4. EL CONCEPTO ARMINIANO FOMENTA LA VIDA CRISTIANA RESPONSABLE, EN TANTO QUE EL CONCEPTO CALVINISTA ESTIMULA UN FATALISMO PELIGROSO.
Los
cristianos que sostienen una posición arminiana argumentan que el punto de
vista calvinista, cuando se entiende a cabalidad, destruye la motivación para
mantener una conducta cristiana responsable. Randall Basinger dice que el
concepto calvinista «establece lo que debe ser y descarta la consideración de
cosas que podrían o deberían haber sido diferentes».
Basinger
continúa diciendo que:
Los Cristianos Que Evocan Un Acto En Base A La Soberanía De Dios Son
Culpables De Un Fatalismo Arbitrario, Insufrible Y Peligroso. Contrario A Esto,
El Arminiano Cree Que Lo Que En Realidad Ocurre En El Mundo Es, Hasta Cierta
Extensión, Consecuente En La Voluntad Humana; Se Niega El Control Exhaustivo De
Dios Sobre El Mundo.
Esto Quiere Decir Que Pueden Suceder Cosas Que Dios No Desea O Quiere;
Cosas No Sólo Que Pueden Ser Diferente Sino Que A Menudo Deberían Ser
Diferentes. Y De Todo Esto Sigue Nuestra Responsabilidad De Colaborar Con Dios Para
Producir Un Mejor Mundo.
Sin
embargo, Basinger pasa a indicar un punto más. Los calvinistas, en la práctica,
a menudo evitan tal fatalismo y «viven y hablan como arminianos». o Así que, por
otro lado, el reto de Basinger es una advertencia contra los extremos prácticos
a los cuales afirma que el calvinismo lógicamente empuja a los cristianos.
Por
otro lado, su objeción afirma que cuando los calvinistas viven de la manera que
saben que deben vivir, en responsable obediencia a Dios, o bien no son
congruentes con su concepto de la soberanía divina, o no permiten que su
concepto del control soberano de Dios afecte sus vidas diarias.
H. RESPUESTA A LA POSICIÓN ARMINIANA.
Muchos
dentro del mundo evangélico hallarán convincentes estos cuatro argumentos arminianos.
Opinan que estos argumentos representan lo que intuitivamente saben respecto a
sí mismos, sus propias acciones y la manera que funciona el mundo, y estos
argumentos explican mejor el repetido énfasis en la Biblia sobre nuestra
responsabilidad y las consecuencias reales de nuestras decisiones. Sin embargo,
hay algunas respuestas que se pueden dar a la posición arminiana.
1. ¿SON ESTOS PASAJES BÍBLICOS EJEMPLOS INUSUALES, O EN EFECTO DESCRIBEN LA MANERA EN QUE DIOS SUELE OBRAR?
En
respuesta a la objeción de que los ejemplos del control providencial de Dios
sólo se refieren a acontecimientos limitados o específicos, se puede decir,
primero, que los ejemplos son demasiado numerosos (vea pp. 330-41) que parecen
ser diseñados para describimos las maneras en que Dios siempre obra. Dios no
solo hace que algo de la hierba crezca; él hace que toda la hierba crezca.
Él no
solo envía algo de lluvia; él envía toda la lluvia. Él no solo impide que
algunos gorriones caigan a la tierra sin su voluntad; él guarda a todos los
gorriones de caer a la tierra sin su voluntad. Él no sólo sabía toda palabra
que iba a decir David antes que la dijera; él conoce las palabras que decimos
antes de que las digamos. Él no solo escogió a Pablo y a los cristianos de las
iglesias de Éfeso para que sean santos e intachables delante de él; él ha
escogido a todos los cristianos para que sean santos e intachables delante de
él.
Por
esto la afirmación de Cottrell de que Dios estaba obrando en forma diferente en
Australia y en Sudamérica que en el Antiguo Testamento no es nada convincente;
se nos dio la Biblia para enseñarnos los caminos de Dios, y cuando tenemos
docenas de ejemplos por todo el Antiguo y Nuevo Testamentos en donde hay una
enseñanza tan clara sobre esto, es apropiado que concluyamos que esta es la
manera en que Dios siempre actúa con los seres humanos.
En
contraste, no parece haber nada en la Biblia que indique que algunas cosas
están fuera del control providencial de Dios, o que estas maneras de actuar de
Dios son inusuales o no representativas de las maneras en que actúa por lo
general.
Es
más, muchos de los versículos que hablan de la providencia de Dios son muy
generales: Cristo «continuamente sustenta todas las cosas por la palabra de su poder»
(Heb 1: 3, traducción del autor), y «todas las cosas en él subsisten» (Col1: 17,
RVR 1960). «En él vivimos, nos movemos y existimos» (Hch 17:28). Él «hace todas
las cosas conforme al designio de su voluntad» (Ef 1: 11).
EL alimento
(Mt 6: 11), suple todas nuestras necesidades (Flp 4: 19), dirige nuestros pasos
(Pr 20: 24) y obra en nosotros el querer y el hacer por su buena voluntad (Flp 2:
13). Tales pasajes bíblicos tienen en vista más que ejemplos excepcionales de
intervención nada usual de Dios en los asuntos de los seres humanos; describen
la manera en que Dios siempre obra en el mundo.
NOTA: Jack Cottrell, «The Nature ofthe Divine
Sovereignty», arguye que el contexto de Ef1:11 muestra que no incluye todas las
cosas del universo sino que está restringido a un enfoque específico: «Este
enfoque es "el misterio de su voluntad" (1:9), que es unir a judíos y
a gentiles en un cuerpo, la iglesia (3: 6). Así, dice, el versículo sólo «se
refiere a "todas las cosas" requeridas para unir a judíos y a
gentiles bajo una Cabeza en un cuerpo» (p. 116).
Pero este argumento no es convincente. Cottrell
deben saltar a Ef3:6 para hallar la restricción contextual que busca para
«todas las cosas» en 1: l. Al hacer esto ignora el alcance claramente cósmico
del contexto que se define en el versículo inmediatamente anterior, versículo
que se halla en la misma oración en el texto griego: para llevarlo a cabo
cuando se cumpliera el tiempo: reunir en él todas las cosas [ta panta], tanto
las del cielo como las de la tierra» (Ef 1: 10).
Todas las cosas en el cielo y en la tierra incluyen
todo el universo. Ef. 1:21-22 explica adicionalmente que Dios ha exaltado a
Cristo «muy por encima de todo gobierno y autoridad, poder y dominio, Dios
sometió todas las cosas al dominio de Cristo, y lo dio como cabeza de todo a la
iglesia». De nuevo, el alcance es universal. El Sudamérka
2. ¿HACE LA DOCTRINA CALVINISTA DE LA PROVIDENCIA DE DIOS RESPONSABLE A DIOS POR EL PECADO?
En
contra del concepto calvinista de la providencia de Dios (que permite que él
decrete permitir el pecado y el mal) los arminianos dirían que Dios no es responsable
del pecado y el mal porque él no los ordenó ni los causó de ninguna manera».
Esto es en verdad una manera de absolver a Dios de toda responsabilidad y culpa
en cuanto al pecado, pero ¿es la manera bíblica?
El
problema es si la posición arminiana puede de verdad explicar los muchos pasajes
que claramente dicen que Dios ordena que algunos pequen o hagan el mal. La
muerte de Cristo es el principal ejemplo de esto, pero hay muchos otros en la
Biblia (los hermanos de José, el faraón, los egipcios, los cananeos, los hijos
de Elí, el censo de David y los babilonios, para mencionar unos pocos).
Se
podría decir que estos fueron eventos inusuales, excepciones a la manera
ordinaria de actuar de Dios. Pero eso no resuelve el problema, porque, en el
concepto arminiano, ¿cómo puede Dios ser santo si ordena aunque sea un solo acto
de pecado?
La
posición calvinista parece preferible; Dios mismo nunca peca pero siempre ejecuta
su voluntad mediante causas secundarias; es decir, por medio de agentes
personales morales que voluntariamente hacen lo que Dios ha ordenado. Estos
agentes morales personales (tanto seres humanos como ángeles malos) cargan con
la culpa del mal que hacen.
En
tanto que la posición arminiana objeta que, a nivel humano, las personas son
también responsables por lo que hacen que otros hagan, podemos responder que la
Biblia no está dispuesta a aplicar tal razonamiento a Dios.
Más
bien, la Biblia repetidas veces da ejemplos en donde Dios de una manera
misteriosa y oculta de alguna manera ordena que las personas hagan el mal, pero
siempre asigna la culpa de ese mal al ser humano individual que hace el mal y
nunca a Dios mismo.
La
posición arminiana parece no haber logrado mostrar por qué Dios no puede obrar
de esta manera en el mundo, preservando tanto su santidad como nuestra
responsabilidad individual humana por el pecado.
3. ¿PUEDEN LAS DECISIONES QUE DIOS ORDENA SER VERDADERAS DECISIONES?
En
respuesta a la afirmación de que las decisiones que Dios ordena no pueden ser
verdaderas decisiones, se debe decir que esa es simplemente una deducción
basada de nuevo en la experiencia e intuición humana, y no en pasajes
específicos de la «misterio» de la voluntad de Dios mencionado enEfl:9 no se
limita a unir a judíos y a gentiles (como en 3:6) sino que lo define 1:10 como
un plan de unir toda las cosas en Cristo.
El
término misterio (gr, musterion) en Pablo quiere decir algo previamente oculto
pero que ahora ha sido dado a conocer por revelación, y se puede referir a
cosas diferentes en diferentes contextos; en Ef5:32 se refiere al matrimonio
como símbolo de la unión entre Cristo y la iglesia; en 1ª Co 15: 51 se refiere
a la resurrección del cuerpo; etc.
Biblia.
Sin embargo, la Biblia no indica que podamos extrapolar de nuestra experiencia humana
al abordar el tema del control providencial de Dios de sus criaturas, especialmente
los seres humanos. Los arminianos no han podido decir dónde dice la Biblia que
una decisión que Dios ordena no es una decisión verdadera.
Cuando
leemos pasajes que indican que Dios obra mediante nuestra voluntad, nuestro
poder de escoger, y nuestra voluntad personal, ¿en base a qué podemos decir que
una decisión que Dios produce mediante estos medios no es de veras una decisión?
Parece ser mejor afirmar que Dios dice que nuestras decisiones son reales y
concluir que por consiguiente son reales.
La
Biblia repetidamente afirma que nuestras decisiones son decisiones genuinas, y
que tienen resultados reales y que eso resultados durarán por toda la
eternidad. «Haz eso y vivirás» (Lc 10: 28). «Tanto amó Dios al mundo, que dio a
su Hijo Unigénito, para que todo el que cree en él no se pierda, sino que tenga
vida eterna» Gn 3: 16).
Esto
nos lleva a concluir que Dios nos ha hecho de tal manera que;
(1) el ordena todo lo que hacemos, y ;
(2) ejercemos nuestra voluntad y tomamos decisiones reales y voluntarias.
Debido a que no podemos entender esto, ¿debemos rechazarlo?
No
podemos entender (en algún sentido definitivo) cómo una planta puede vivir, cómo
el abejorro puede volar o cómo Dios puede ser omnipresente o eterno. ¿Debemos, por
consiguiente, rechazar esas realidades? ¿No deberíamos, más bien, aceptarlas
como verdaderas bien sea debido a que vemos que las plantas en verdad viven y
los abejorros en ventad vuelan o porque la Biblia misma enseña que Dios es
omnipresente y eterno?
Calvino
varias veces hace una distinción entre «necesidad» y «compulsión» con respecto
a nuestra voluntad; los que no creen necesariamente pecan, pero nada los obliga
a pecar contra su voluntad. En respuesta a la objeción de que un acto no puede
ser voluntario si es un acto necesario, Calvino señala las buenas obras de Dios
(que necesariamente hace el bien) y las obras malas del diablo (que
necesariamente hace el mal):
Si El Hecho De Que Por Necesidad Tiene Que Hacer El Bien No Le Impide A
La Libre Voluntad De Dios Hacer El Bien; Y Si El Diablo, Que No Es Capaz De
Hacer Más Que El Mal.
Este
es el caso con la analogía de Cottrell del hombre que usa una palanca para
mover una roca. Él dice que la palanca «no es una verdadera causa segunda, sino
sólo un instrumento de la causa real» (The Nature ofthe Divine Sovereignty), p.
104).
Pero
aquí Cottrell comete un error común, dando por sentado que las analogías de la
experiencia humana, antes que el testimonio de la Biblia misma, puede
determinar lo que es una causa real y lo que no lo es. La analogía de un hombre
usando una palanca para mover una roca no encaja, porque Dios es mucho más
grande que cualquier hombre, y nosotros como personas reales somos mucho más
grandes que cualquier palanca peca voluntariamente, ¿quién osará decir que el
hombre no peca menos voluntariamente porque está sujeto a la necesidad de
pecado.
NOTA: La falta de respaldo bíblico para esta idea
arminiana fundamental es evidente en la consideración que hace Jack Cottrell
del libre albedrío. Después de explicar acertadamente que los calvinistas dicen
que somos libres sólo en el sentido de tomar decisiones voluntarias, Cottrell
dice: «A mi juicio, sin embargo, la mera capacidad de actuar de acuerdo a los
deseos de uno no es suficiente criterio de libertad» (The Nature ofthe Divine
Sovereignty), p. 103, énfasis mío). Luego no da ninguna evidencia de la Biblia
para mostrar por qué es esta su opinión (pp. 103-4).
Yo respondería que Cottrell simplemente ha
importado a la consideración una presuposición no bíblica en cuanto a la
naturaleza de la libertad humana y luego ha pronunciado al calvinismo como
incapaz de satisfacer su criterio (no bíblico).
¿Quiénes
somos nosotros para decir que las decisiones que de alguna manera Dios causó no
pueden ser verdaderas decisiones? ¿En base a qué podemos probar eso? En la
Biblia Dios nos dice que él ordena todo lo que sucede.
También
nos dice que nuestras decisiones y acciones son significativas a su vista y que
somos responsables ante él de nuestras acciones. Necesitamos simplemente creer
estas cosas y cobrar aliento en ellas. Después de todo, sólo él determina lo
que es significativo, lo que es real, y lo que es responsabilidad personal
genuina en el universo.
Pero
¿tienen nuestras acciones algún efecto en Dios? En este punto los armiñamos objetarán
que si bien los calvinistas pueden decir que una decisión que Dios causa es una
decisión real, no es real en sentido definitivo, porque, según el concepto calvinista,
nada de lo que Dios hace puede jamás ser una respuesta a lo que nosotros
hacemos. Jack Cottrell dice:
El Calvinismo Es Todavía Una Teología De Determinismo En Tanto Y En
Cuanto Declara Que Nada Que Dios Hace Puede Ser Condicionado Por El Hombre Ni
Puede Ser Una Reacción A Algo En El Mundo. La Idea De Que Un Dios Soberano
Siempre Debe Actuar Y Nunca Reaccionar Es Un Punto En El Cual Casi Todos Los
Calvinistas Parecen Concordar.
Los Teólogos Reformados Concuerdan Que El Decreto Eterno Es Incondicional
Y Absoluto. «La Teología Del Decreto Decreta Que «Dios No Puede Ser Afectado
Por Nada, Ni Responder A Nada Externo A Él», Dice Daane.
Pero
aquí Cottrell ha entendido malla teología reformada por dos razones.
Primero, él ha citado a James Daane, quién; aunque
pertenece a la Iglesia Cristiana Reformada, ha escrito como oponente, no
defensor, de la teología reformada clásica, y su afirmación no representa una
posición que los teólogos reformados endosarían.
Segundo, Cottrell ha confundido los decretos de Dios antes
de la creación con las acciones de Dios en el tiempo. Es cierto que los
calvinistas dirían que los decretos eternos de Dios no fueron influidos por
ninguna de nuestras acciones ni pueden ser cambiados por nosotros, puesto que
fueron hechos antes de la creación.
Pero
concluir de eso que los calvinistas piensan que Dios no reacciona en el tiempo
a nada que hacemos, o que no es influenciado por nada que hagamos, es
sencillamente falso. Ningún teólogo calvinista que yo conozca jamás ha dicho que
Dios no sea influenciado por lo que hacemos o que no reacciona a lo que
nosotros hacemos.
Se
aflige por nuestro pecado. Se deleita en nuestra alabanza. Responde a nuestras
oraciones. Decir que Dios no reacciona a nuestras acciones es negar toda la
historia de la Biblia de Génesis a Apocalipsis.
Un
calvinista añadiría que Dios ha decretado eternamente que él va a respondernos como
lo hace. Es más, ha decretado que actuará como nosotros y que responderá a
nuestras acciones. Pero sus respuestas son con todo genuinas, sus respuestas a
las oraciones son todavía respuestas genuinas a la oración, su deleite en
nuestra alabanza es todavía deleite genuino.
Cottrell
podría, por supuesto, objetar que una respuesta que Dios ha planeado hace mucho
tiempo no es una respuesta real, pero esto es muy diferente de decir que los
calvinistas creen que Dios no responde a lo que nosotros hacemos. Todavía más,
volvemos a la misma presuposición sin respaldo que subyace a esta objeción:
¿Sobre qué base bíblica puede Cottrell decir que una respuesta que Dios ha
planeado hace mucho tiempo no es una respuesta rea ?
Aquí
es útil que nos demos cuenta de que no hay otra realidad en el universo excepto
lo que Dios mismo ha hecho. ¿Es una tormenta que Dios causa una tempestad real?
¿Es un rey que Dios establece en un trono un verdadero rey? ¿Es una palabra que
Dios me hace decir (Sal 139: 4; Pr 16:1) una palabra real? ¡Por supuesto que
son reales! ¡No hay otra realidad que la que Dios produce!
Entonces
¿es una decisión humana que de alguna manera Dios hace que se tome una decisión
real? Sí, lo es, de la misma manera que una tempestad o un rey son reales
conforme a sus propias características y propiedades. La decisión que tomamos
no es una decisión «forzada» o «involuntaria»; tomamos decisiones todo el
tiempo, y no tenemos absolutamente la sensación de ser coaccionados u obligados
a escoger una cosa en lugar de otra.
Ahora
bien, algunos tal vez objeten que esta noción nos convierte en «títeres» o «robots».
Pero no somos ni títeres ni robots sino personas reales. Los títeres y los
robots no tienen el poder de tomar decisiones personales ni tampoco pensamiento
individual. Nosotros, al contrario, pensamos, decidimos y escogemos.
De
nuevo, el arminiano erróneamente toma la información de nuestra situación como
seres humanos y usa esa información para colocar limitaciones en lo que Dios
puede o no puede hacer. Todas estas analogías de la experiencia humana no
reconocen que Dios es mucho más grande que nuestras capacidades humanas
limitadas.
Es más,
nosotros somos mucho más reales y complejos que cualquier robot o títere jamás lo
será; somos personas en todo sentido de la palabra creadas por un Dios infinitamente
poderoso e infinitamente sabio.
Mucha
de nuestra dificultad para entender cómo Dios puede hacer que escojamos algo
voluntariamente surge de la naturaleza finita de nuestra existencia como criaturas.
En un mundo hipotético en donde todas las cosas vivas creadas por Dios fueran
plantas enraizadas en el suelo, podríamos imaginamos a una planta debatiendo con
otra de que Dios no podía hacer criaturas vivas que puedan moverse por la
tierra, porque ¿cómo podrían llevar consigo sus raíces?
Y si
las raíces no están en el suelo, ¿cómo podrían recibir su nutrición? Una planta
«arminiana» incluso podría argumentar: «Para que Dios pudiera crear un mundo
con cosas vivas, tuvo que crearlas con raíces y con las características de
vivir toda su vida en un solo lugar.
Decir
que Dios no pudo crear cosas vivas que se muevan por la tierra no es un reto a la
omnipotencia de Dios, porque eso es simplemente decir que no puede hacer cosas que
lógicamente no se pueden hacer. Por consiguiente, es imposible que Dios hubiera
creado un mundo en donde las cosas vivas también tuvieran la capacidad de
moverse por la tierra». El problema con esta planta es que ha limitado el poder
de Dios en virtud de su propia experiencia «como planta».
En un
nivel más alto, podríamos imaginamos una creación que tuviera plantas y
animales pero no seres humanos. En esa creación, podemos imaginarnos un debate entre
un perro «calvinista» y un perro «arminiano», en donde el perro «calvinista»
argumentaría que es posible que Dios creara criaturas que no sólo pueden comunicarse
una con otra mediante ladridos sino que también pueden imprimir sus ladridos en
marcas sobre un papel y pueden enviarlas silenciosamente para que las entiendan
otras criaturas a muchos días de distancia, criaturas que nunca han visto a la
criatura que envía y que anotó sus ladridos en el papel.
El
perro «arminiano» respondería que Dios no puede hacer tal cosa, porque esencial
a la idea de comunicación entre criaturas es oír y ver (Y por lo general
olfatear) a la criatura de la cual se recibe la comunicación. Decir que puede
haber comunicación sin jamás ver, oír u oler a la otra criatura ¡es una idea
absurda! Está más allá del rango de acontecimientos posibles y es lógicamente
inconcebible. Por consiguiente, es imposible pensar que Dios pudiera crear una
criatura con tales capacidades de comunicación.
En
ambos casos, la planta «arminiana» y el perro «arminiano» se equivocan, porque
han limitado incorrectamente lo que Dios puede crear, deduciendo lo que es
posible para Dios (en opinión de ellos) de su propia existencia finita en
calidad de criaturas. Pero esto es muy similar al teólogo arminiano que afirma
(en base a su propia percepción de la experiencia humana) que Dios no puede
crear una criatura que toma decisiones voluntarias, significativas, y que esas
decisiones son con todo ordenadas por Dios.
De
modo similar, el teólogo arminiano que argumenta que Dios no puede ordenar que
el mal tenga lugar y no tener él mismo la culpa de ese mal está limitando a
Dios basándose meramente en la observación de la experiencia humana finita.
NOTA: No estoy seguro si Cottrell podría objetar
que una respuesta planeada por Dios hace mucho tiempo no es una respuesta real,
porque él mismo habla de que Dios tuvo conocimiento previo de nuestras acciones
y entonces planeó cómo respondería a ellas. Él dice: «Incluso antes de la
creación Dios sabía de antemano todo acto del libre albedrío. Nada toma a Dios
por sorpresa.... Dios sabía, incluso antes de la creación, cuándo y cómo
tendría que intervenir en este mundo para realizar sus propósitos.
El conocimiento previo de Dios también le permite planear
sus propias respuestas y usos de las decisiones humanas incluso antes de que
sean hechas» (The Nature of the Divine Sovereignty), p. 112). Pero si Cottrell
está dispuesto a decir que Dios planeó hace mucho tiempo cómo respondería a las
decisiones humanas, es dificil ver cómo puede objetar a la posición calvinista
de que Dios decretó hace mucho tiempo cómo respondería cuando oramos o
actuamos.
4. ¿ESTIMULA EL CONCEPTO CALVINISTA DE LA PROVIDENCIA UN FATALISMO PELIGROSO O UNA TENDENCIA A «VIVIR COMO ARMINIANOS»?
El
concepto de la providencia presentado arriba enfatiza la necesidad de una
obediencia responsable, así que no es correcto decir que anima la clase de
fatalismo que dice que lo que será, será. Los que acusan a los escritores
reformados de creer esto no han entendido la doctrina reformada de la
providencia.
Pero,
¿viven los calvinistas «como arminianos» de todas maneras? Tanto los
calvinistas como los arminianos creen que nuestras acciones tienen de veras
resultados y que son significativas eternamente. Ambos concuerdan en que somos responsables
de nuestras acciones y que tomamos decisiones voluntarias. Ambos grupos
concuerdan en que Dios responde a la oración, que proclamar el evangelio resulta
en personas que se salvan, y que la obediencia a Dios resulta en bendiciones en
la vida, en tanto que la desobediencia resulta en la falta de la bendición de
Dios.
Pero
las diferencias son muy significativas. Los calvinistas, cuando son fieles a su
doctrina, vivirán con una confianza mucho más comprehensiva en Dios en toda circunstancia
y con una libertad de afán por el futuro mucho mayor, porque están convencidos,
no solamente que Dios de alguna manera hará que sus principales propósitos
resulten bien al final, sino que todas las cosas obran para el bien de los que
aman a Dios y que son llamados conforme a su propósito (Ro 8:28).
También
estarán agradecidos a Dios por todos los beneficios que nos llegan de cualquier
parte, porque el que cree en la providencia tiene la certeza de que todas las
cosas que suceden no ocurren por casualidad en el universo, ni por el «libre
albedrío» de otro ser humano, sino que es en última instancia la bondad de Dios
mismo.
También
tendrán mayor paciencia en la adversidad, sabiendo que esta no ha surgido
debido a que Dios no pudo prevenirla, sino que ella, también, es parte del
sabio plan de Dios. Así que la diferencia es inmensa. Calvino dice:
Cuando Consideramos Este Conocimiento, Necesariamente Se Seguirá El
Agradecimiento De Corazón En La Prosperidad, Y La Paciencia En La Adversidad, Y
Además, Una Singular Seguridad Para El Porvenir. La Mayor De Las Miserias Es
Ignorar La Providencia De Dios; Y Que, Al Contrario, La Suma Felicidad Es
Conocerla. NOTA: Richard Rice, «Divine Foreknowledge and
Free-Will Theism», en The Gnue of God, the Will of Man, pp. 121-39, torna esta
posición (vea esp. pp. 129, 134-37). Rice dice: «Dios sabe mucho de lo que va a suceder.
Todo lo que Dios no sabe es el contenido de las decisiones libres futuras, y
esto se debe a que las decisiones todavía no están allí para conocerse sino
cuando ocurran» (p. 134). A fin de tornar esta posición y mantener la
omnisciencia de Dios, Rice redefine la omnisciencia:
«Un ser omnisciente sabe todo lo que es lógicamente
conocible» (p. 128), Y luego define «lógicamente conocible» para excluir las
decisiones humanas futuras. Sobre esta base Rice argumenta que Dios no sabe los
resultados de las decisiones futuras libres de los seres humanos, puesto que no
son lógicamente conocibles.
Clark Pinnock también explica cómo llegó a esta
posición: «Supe el argumento calvinista de que él conocimiento previo
exhaustivo equivalía a predestinación porque implica la fijación de toda las
cosas desde "la eternidad el pasado", y no pude despojarla de su
fuerza lógica» (From Augustine to Arrninius: A Pilgrirnage in Theology), en The
Grace of God, the Will of Man, p. 25). Él rechazó el conocimiento previo
exhaustivo y decidió que «Dios sabe todo lo que se puede saber pero que las decisiones
libres no serían algo que se puede conocer aun por Dios debido a que todavía no
están fijas en la realidad. Las decisiones que todavía no se toman no existen
en ninguna parte para ser conocidas ni siquiera por Dios. Dios también avanza
al futuro no plenamente conocido porque todavía no está fijo»
5. OBJECIONES ADICIONALES A LA POSICIÓN ARMINIANA.
Además
de responder a las cuatro afirmaciones arminianas específicas mencionadas
arriba, hay que considerar algunas objeciones restantes.
A. SEGÚN EL CONCEPTO ARMINIANO,
¿cómo
puede Dios saber el futuro? De acuerdo al concepto arminiano, nuestras
decisiones humanas no las causa Dios. Son totalmente voluntarias. Pero la
Biblia da muchos ejemplos de que Dios predice el futuro y de profecías que se
cumplen exactamente. ¿Cómo puede Dios predecir el futuro de esta manera si no
tiene certeza de lo que va a suceder?
En
respuesta a esta pregunta los arminianos dan tres respuestas diferentes. Algunos
dicen que Dios no puede saber los detalles del futuro; específicamente niegan
que Dios pueda saber qué decisiones van a tomar los seres humanos en el futuro.
Esta me parece ser la posición arminiana más coherente, pero el resultado es
que, en tanto que Dios puede ser capaz de hacer algunas predicciones bastante
acertadas basadas en el completo conocimiento del presente, no pueden ser
predicciones certeras.
En
última instancia, también quiere decir que Dios ignora todas las decisiones
humanas futuras, lo que quiere decir que ni siquiera sabe lo que la Bolsa de
Valores hará mañana, o quién será elegido como el siguiente presidente de los
Estados Unidos, o quién se va a convertir.
Según
esta opinión, ¿cuáles acontecimientos de la historia humana podría Dios saber
con certidumbre de antemano?
Ninguno.
Esta es una revisión radical de la idea de omnisciencia y parece que la niegan
claramente docenas de ejemplos de certeras profecía sobre el futuro en la Biblia,
el cumplimiento de las cuales demuestra que Dios es el Dios verdadero y no los
falsos dioses.
Otros
arminianos simplemente afirman que Dios sabe todo lo que sucederá, pero esto no
significa que él ha planeado o causado lo que sucederá; solo quiere decir que
él tiene la capacidad de ver el futuro. (La frase que a veces se usa para
expresar esto es «Conocimiento previo no implica ordenación previa».) Esta es probablemente
la posición arminiana más común, y la expresa hábilmente Jack Cottrell: «Afirmo
que Dios tiene verdadero conocimiento previo de las decisiones futuras del
libre albedrío dentro de sí mismo sin ser él el agente que las causa o las hace
ciertas».
El
problema con esta posición es que, aun si Dios no planea o causa que las cosas sucedan,
el hecho de que son conocidas previamente quiere decir que ellas se realizarán
con certeza. Y esto quiere decir que nuestras decisiones son predeterminadas por
algo (sea el destino o el mecanismo inevitable de causa y efecto del universo),
y que con todo no somos libres en el sentido que el arminiano desea que seamos
libres. Si nuestras decisiones futuras son conocidas, entonces son fijas. Y si son
fijas, no son «libres» en el sentido arminiano (indeterminado o no causado).
Una
tercera respuesta arminiana se llama «conocimiento medio». Los que adoptan esta
noción dirían que las decisiones futuras de las personas no son determinadas por
Dios, pero que Dios las conoce, porque sabe todas las posibilidades futuras y
sabe cómo cada criatura libre responderá en algún conjunto de circunstancias
que pudieran ocurrir.
El Conocimiento De Dios De La Voluntad De Una Criatura Libre Es De Tal
Cualidad Superior Que Dios Sabe Exactamente Lo Que La Criatura Libre Haría Si
La Colocara En Cierto Conjunto De Circunstancias.. Como Sabe Lo Que Toda
Criatura Libre Haría En Cualquier Posible Situación, Dios Puede Suscitar Una
Situación Y Saber Lo Que La Criatura Libremente Va A Hacer. Así Que Sabe De
Antemano Con Certeza Todo Lo Que Sucede En El Mundo.
William
Craig dice:
Pero
el concepto de Craig no sostiene un punto de vista sobre la libertad en el sentido
que los arminianos por general mantienen: que ninguna causa o conjunto de
causas hacen que una persona escoja de la manera en que escoge. Según el
concepto de Craig, las circunstancias que la rodean y la propia disposición de
la persona garantiza que se tomará cierta decisión; de otra manera, Dios no
podría saber lo que va a ser esa decisión desde su conocimiento exhaustivo de
la persona y de las circunstancias.
Pero
si Dios sabe cuál va a ser la decisión, y si esa decisión está garantizada, entonces
no podría ser de otra manera. Es más, si Dios ha creado tanto a la persona como
a las circunstancias, en última instancia Dios ha determinado el resultado.
Esto se parece bastante a la libertad en el sentido calvinista, pero
ciertamente no es la clase de libertad que la mayoría de los arminianos
aceptarían.
B. EN UNA NOCIÓN ARMINIANA,
¿CÓMO PUEDE EXISTIR EL
MAL SI DIOS NO LO QUERÍA?
Los
arminianos dicen muy claramente que la entrada del mal en el mundo no fue de
acuerdo a la voluntad de Dios. Pínnock dice: «La caída del hombre es una
elocuente refutación de la teoría de que siempre se hace la voluntad de Dios».
Pero, ¿cómo
puede existir el mal si Dios no quería que existiera? Decir que el mal sucede a
pesar de que Dios no quiere que suceda parece negar la omnipotencia de Dios; él
quería prevenir el mal, pero no pudo hacerlo. ¿Cómo podemos, entonces, creer que
este Dios es omnipotente?
La
respuesta arminiana común es decir que Dios fue capaz de prevenir el mal pero
que decidió permitir la posibilidad del mal a fin de garantizar que los ángeles
y los seres humanos tengan la libertad necesaria para decisiones
significativas. En otras palabras, Dios tuvo que permitir la posibilidad de
decisiones de pecado a fin de permitir decisiones humanas genuinas. Cottrell
dice: «Esta libertad dada por Dios incluye la libertad humana para rebelarse y
para pecar contra el mismo Creador.
Al
crear un mundo en el cual el pecado fue posible, Dios por consiguiente se
obligó a reaccionar de ciertas maneras específicas si el pecado se convertía en
realidad».
Pero
ésta tampoco es una respuesta satisfactoria, porque implica que Dios tendrá eternamente
que permitir la posibilidad de decisiones de pecado en el cielo. En la posición
arminiana, para que alguna de nuestras decisiones y acciones en el cielo sean
genuinas y reales, tienen que incluir la posibilidad de decisiones de pecado.
Pero
esto implica que incluso en el cielo, por toda la eternidad, enfrentaremos la posibilidad
real de escoger el mal; y por consiguiente la posibilidad de rebelamos contra
Dios y perder nuestra salvación, y ¡ser arrojados del cielo! Este es un pensamiento
aterrador, pero parece una implicación necesaria de la posición arminiana.
Sin
embargo, hay una implicación que todavía es mucho más inquietante: si hay que
permitir decisiones reales para la posibilidad de escoger el mal, entonces
(1) las decisiones de Dios no son reales, puesto que él no puede escoger el
mal, o;
(2) las decisiones de Dios son reales, y hay la genuina
posibilidad de que Dios pudiera algún
día escoger hacer el mal, tal vez un poquito o tal vez mucho.
Si
meditamos en la segunda implicación,
eso se vuelve aterrador. Pero es contraria al abundante testimonio de la Biblia.68 Por otro lado, la primera implicación
es claramente falsa:
Dios
es la definición de lo que es real, y es claramente un error decir que sus decisiones
no son reales. Ambas implicaciones, por consiguiente, proveen buena razón para
rechazar la posición arminiana de que las decisiones reales deben permitir la
posibilidad de escoger el mal. Pero esto nos pone de regreso en la pregunta anterior
para la cual no parece haber una respuesta satisfactoria desde la posición arminiana:
¿cómo puede existir el mal si Dios no quería que existiera?
C. DESDE LA PERSPECTIVA ARMINIANA,
¿CÓMO PODEMOS SABER QUE
DIOS TRIUNFARÁ SOBRE EL MAL?
Si
volvemos a la afirmación arminiana de que el mal no es de acuerdo a la voluntad
de Dios, surge otro problema: si todo el mal que hay en el mundo ahora llegó al
mundo incluso sin que Dios lo quisiera, ¿cómo podemos estar seguros de que Dios
al final triunfará sobre el mal? Por supuesto, Dios dice en la Biblia que él
triunfará sobre el mal.
Pero
si para empezar no pudo impedir que entrara en su universo, y si resultó así
contra su voluntad, y si él es incapaz de predecir el resultado de
acontecimientos futuros que incluyan decisiones libres de seres humanos, angélicos
o demoníacos, ¿cómo, entonces, podemos estar seguros de que la declaración de
Dios de que triunfará sobre el mal es verdadera en sí misma? Tal vez esto es
solo una predicción optimista de algo que (según el punto de vista arminiano) Dios
no puede saber.
Muy
distante de la «libertad increíble de preocupación en cuanto al futuro» que los
calvinistas tienen debido a que saben que un Dios omnipotente «dispone todas
las cosas para el bien» (Ro 8: 28), la posición arminiana parece lógicamente
empujamos a una ansiedad hondamente arraigada en cuanto al resultado definitivo
de la historia.
Estas
dos últimas objeciones respecto al mal hacen que nos demos cuenta de que,
aunque puede haber dificultades al pensar en el concepto reformado de que el mal
lo ordenó Dios y está completamente bajo el control de Dios, hay dificultades mucho
más serias con el punto de vista arminiano de que Dios no dispuso el mal e
incluso no lo quería, y por consiguiente no hay certeza alguna de que está bajo
el control de Dios.
D. LA DIFERENCIA EN RESPUESTAS SIN CONTESTAR.
Puesto
que somos finitos en lo que entendemos, inevitablemente tendremos algunas
respuestas sin contestar en cuanto a toda doctrina bíblica. Sin embargo,
respecto a este asunto las cuestiones que calvinistas y arminianos deben dejar
sin contestar son muy diferentes. Por un lado, los calvinistas deben decir que
no saben la respuesta a las siguientes preguntas:
1. Exactamente
Cómo Dios Puede Ordenar Que Hagamos El Mal Voluntariamente, Y Sin Embargo Que
No Se Le Pueda Echar A Dios La Culpa Del Mal.
2. Exactamente
Cómo Dios Puede Hacer Que Escojamos Algo Voluntariamente.
En
cuanto a ambas, los calvinistas dirían que la respuesta se debe hallar en la percepción
de la grandeza infinita de Dios, y en el conocimiento del hecho de que él puede
hacer mucho más de lo que jamás nosotros pudiéramos pensar posible.
Así
que el efecto de estas preguntas sin contestar es que aumenta nuestro aprecio de
la grandeza de Dios.
Por
otro lado, los arminianos deben dejar sin contestar preguntas respecto al conocimiento
de Dios del futuro, por qué permite el mal cuando va contra su voluntad, y si
él con certeza triunfará sobre el mal. El hecho de que no puedan ellos resolver
estas preguntas tiende a disminuir la grandeza de Dios; su omnisciencia, su
omnipotencia y la confiabilidad absoluta de sus promesas para el futuro.
Y estas
preguntas sin contestar tienden a exaltar la grandeza del hombre (su libertad
para hacer lo que Dios no quiere) y el poder del mal (resulta y permanece en el
universo aunque Dios no lo quiere). Es más, al negar que Dios puede hacer
criaturas que tengan decisiones reales que de todas maneras sean causadas por
él, la posición arminiana disminuye la sabiduría y las habilidades de Dios el
Creador.
PREGUNTAS
PARA APLICACIÓN PERSONAL
1. Al
pensar en la doctrina de la providencia, ¿ha aumentado su confianza en Dios?
¿Cómo ha cambiado la manera en que usted piensa en cuanto al futuro? ¿Hay
dificultades o adversidad en su vida en este momento? Dé un ejemplo de una
dificultad específica que esté enfrentando ahora y explique cómo la doctrina de
la providencia le ayudará en la manera en que piensa al respecto.
2. ¿Puede mencionar cinco cosas buenas que le han sucedido hasta aquí hoy?
¿Estuvo usted agradecido a Dios por ellas?
3. ¿Piensa usted a veces que la suerte o la casualidad son las causantes
de los acontecimientos que suceden en su vida? Si alguna vez sintió de esa
manera, ¿aumenta o reduce eso su ansiedad en cuanto al futuro? Ahora piense por
un momento en algunos acontecimientos que usted tal vez atribuyó a la suerte en
el pasado. Más bien, empiece a pensar que esos acontecimientos están bajo el
control de su Padre celestial sabio y amante. ¿De qué manera le hace eso
sentirse diferente en cuanto a los acontecimientos y en cuanto al futuro en
general?
4. ¿Alguna vez cae usted en un patrón de acciones o rituales un poco
«supersticiosos » que usted piensa que le darán buena suerte o impedirán la
mala suerte (tales como no pasar debajo de una escalera, tener miedo cuando un gato
negro se cruza en su camino, no pisar las grietas de la vereda, llevar cierto
artículo «sólo por buena suerte», etc.)? ¿Piensa usted que esas acciones tienden
a aumentar o reducir su confianza en Dios durante el día y su obediencia a él?
5. Explique cómo una comprensión apropiada de la doctrina de la
providencia debe conducir al cristiano a una vida más activa de oración.
6. ¿Cuál ha sido el efecto global de este capítulo sobre la manera en que
usted piensa y siente respecto a Dios y los acontecimientos de su vida?
TÉRMINOS
ESPECIALES
Arminiano,
calvinistas, causa primaria, causa secundaria, concurrencia, conocimiento medio,
decisiones libres, decisiones voluntarias, decretos de Dios, libre albedrío, preservación,
providencia, reformada
PASAJE
BÍBLICO PARA MEMORIZAR
Romanos 8:28: Ahora Bien) Sabemos Que Dios Dispone Todas Las Cosas Para
El Bien De Quienes Lo Aman, Los Que Han Sido Llamados De Acuerdo Con Su
Propósito.
HIMNO
«CANTA, CANTA ALMA MÍA»
Canta,
canta, alma mía, a tu Rey y tu Señor; Reconoce sus bondades; te bendice con
favor.
Canta,
canta, alma mía, canta de su gran amor. Canta su misericordia, que a tus padres
protegió;
En su
amor te dio la vida, te cuidó y perdonó. Canta, canta, alma mía, canta al Dios
que te salvó.
Como Padre
te conoce, sabe tu debilidad, Con su brazo te conduce, te protege de maldad.
Canta,
canta, alma mía, canta su fidelidad. Ángeles y querubines, que su majestad
cantáis, Oh, estrellas, sol y luna, que los cielos domináis, Todos juntos,
alabemos, adorando a nuestro Dios.
AUTOR: HENRY F. LYTE, TRAD. R. E. RÍOS (TOMADO DE CELEBREMOS SU GLORIA, #102)

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