LA ESCLAVITUD DE LA VOLUNTAD (ARGUMENTO 5 al 8)
(The Bondage of the will)
Martin Lutero (1483-1546)
Argumento 5: La doctrina de la salvación por medio de la fe en Cristo prueba que el “libre albedrío” es falso.
En Romanos 3:21-25, Pablo proclama con seguridad: “Pero ahora, aparte de la ley, se ha manifestado la justicia de Dios, testificada por la ley y por los profetas; la justicia de Dios por medio de la fe en Jesucristo, para todos los que creen en él. Porque no hay diferencia, por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios, siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús, a quien Dios puso como propiciación por medio de la fe en su sangre”.
Estas palabras son como un cañonazo contra el “libre albedrío”. Pablo establece una diferencia entre la justicia que Dios da y la justicia que proviene de guardar la Ley. El “libre albedrío” sólo podría prosperar si el hombre pudiera ser salvo por guardar la Ley.
Pero Pablo demuestra claramente que somos salvos sin depender en ningún sentido de las obras de la Ley. No importa cuánto imaginemos que un supuesto “libre albedrío” podría hacer buenas obras y convertirnos en buenos ciudadanos, Pablo todavía diría que la justicia que Dios da es algo totalmente diferente. Es imposible que el “libre albedrío” sobreviva el ataque de versículos como este.
Estos versículos también lanzan otro cañonazo contra el “libre albedrío”. En ellos, Pablo marca la diferencia entre creyentes y no creyentes (Rom. 3:22). Nadie puede negar que el supuesto poder del “libre albedrío” es muy diferente a la fe en Jesucristo. Pero sin la fe en Cristo, Pablo dice que nada puede ser aceptable a Dios. Y si algo no es aceptable a Dios, es pecado. No puede ser neutral. Por lo tanto, el “libre albedrío”, si existe, es pecado porque va en contra de la fe, y no da gloria a Dios.
Romanos 3:23 es otro cañonazo: “Por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios”. Pablo no dice: “Todos han pecado, excepto los que hacen buenas obras por su propia voluntad o sea su “libre albedrío”. No existen excepciones. Si fuera posible hacernos aceptables a Dios por el “libre albedrío” entonces Pablo es un mentiroso: debió dar lugar a las excepciones. En cambio afirma claramente que debido al pecado, nadie puede verdaderamente glorificar y agradar a Dios. Cualquiera que agrada a Dios tiene que saber que Dios se agrada en él o ella. Pero nuestra experiencia nos enseña que nada en nosotros agrada a Dios. Pregúnteles a los que defienden el “libre albedrío” si hay algo en ellos que agrada a Dios. Tienen que admitir que no. Y Pablo dice claramente que no lo hay.
Aun los que creen en el “libre albedrío” tienen que coincidir conmigo que no pueden glorificar a Dios por sus propios medios. Aun con su “libre albedrío” dudan si agradan o no a Dios. Por lo tanto, doy prueba, por el testimonio de sus propias conciencias, que el “libre albedrío” no agrada a Dios. Aun con todas las fuerzas y los esfuerzos, el “libre albedrío” es culpable del pecado de la incredulidad. Así es que vemos que la doctrina de la salvación por medio de la fe es muy contraria a cualquier idea de “libre albedrío”.
Argumento 6: No hay lugar para una idea de algún mérito o recompensa.
Los que enseñan el “libre albedrío” dicen que si no hay “libre albedrío”, no hay lugar para algún mérito o recompensa.
¿Qué dirán los que apoyan el “libre albedrío” acerca de la palabra “gratuitamente” en Romanos 3:24? Pablo dice que los creyentes son “justificados gratuitamente por su gracia”. ¿Qué opina usted de “por su gracia”? Si la salvación es gratuita y dada por gracia, no puede ser ganada ni merecida. No obstante, Erasmo argumenta que el hombre tiene que ser capaz de hacer algo para ganarse su salvación, de otra manera no merecería ser salvo.
Piensa que la razón por la cual Dios justifica a una persona y no a otra es porque uno usó su “libre albedrío” y trató de ser justo, y el otro no. Esto hace que Dios haga acepción de personas, y la Biblia dice que no la hace (Hechos 10:34). Erasmo y otros como él dicen que los hombres pueden hacer apenas muy poquito con su propio “libre albedrío” para conseguir salvación. Dicen que el “libre albedrío” apenas tiene poco mérito: no merece mucho. Pero igual piensan que el “libre albedrío” hace posible que las personas tratan de encontrar a Dios. Y piensan que si la gente no trata de encontrar a Dios, es por su culpa que no reciben la gracia del Señor.
Entonces, ya sea que este “libre albedrío” tenga gran mérito o poco, el resultado es el mismo: la gracia de Dios es ganada por él. Pero Pablo niega todo mérito cuando dice que somos justificados “gratuitamente”. Los que dicen que el “libre albedrío” tiene poco mérito son tan desacertados como los que dicen que tiene mucho mérito. Ambos enseñan que el “libre albedrío” tiene suficiente mérito como para asegurarse el favor de Dios. Así que en realidad no hay diferencia entre el uno y el otro.
En realidad, estos seguidores del “libre albedrío” nos han dado un ejemplo perfecto de “caer de la sartén al fuego”. Al decir que el “libre albedrío” tiene apenas poco mérito, empeora su posición en vez de mejorarla. Por lo menos los que hablan acerca de su gran mérito (llamados “pelagianos”3) dan un gran valor a la gracia de Dios porque se necesita gran mérito para ganarse la salvación. Pero Erasmo abarata la gracia. Puede obtenerse con un mínimo esfuerzo. Pero Pablo arrasa con ambas ideas con esta palabra “gratuitamente” en Romanos 3:24.
Más adelante, en Romanos 11:6, afirma que el que seamos aceptados por Dios es únicamente por gracia: “Y si por gracia, ya no es por obras... Y si por obras, ya no es gracia”. La enseñanza de Pablo es clara. No existe ningún mérito humano para Dios, ni grande ni pequeño. Nadie merece ser salvo. Nadie puede trabajar para ser salvo. Pablo excluye todas las supuestas obras del “libre albedrío” y establece exclusivamente la gracia. No podemos darnos ni un ápice de crédito por nuestra salvación. Es enteramente por la gracia de Dios.
Argumento 7: El “libre albedrío” no tiene valor porque las obras no tienen nada que ver con la justicia del hombre delante de Dios.
Porque si Abraham fue justificado por las obras, tiene de qué gloriarse, pero no para con Dios. Porque ¿qué dice la Escritura? Creyó Abraham a Dios, y le fue contado por justicia. Pero al que obra, no se le cuenta el salario como gracia, sino como deuda; mas al que no obra, sino cree en aquel que justifica al impío, su fe le es contada por justicia. (Rom. 4:2-5)
Ahora continuaré con los argumentos de Pablo en Romanos 4:2-3: “Porque si Abraham fue justificado por las obras, tiene de qué gloriarse, pero no para con Dios.
Porque ¿qué dice la Escritura? Creyó Abraham a Dios, y le fue contado por justicia”. Pablo no niega que Abraham fuera un hombre justo. Toda la cuestión es que esta justicia no le ganó la salvación. Nadie niega que las obras malas no son aceptables a Dios. Eso es obvio. El argumento es que ni siquiera las buenas obras nos hacen aceptables a Dios.
Merecen su ira, no su favor. En Romanos 4:4-5, Pablo compara al “que obra” con uno “que no obra”. Justicia, que es aceptación con Dios, no se le adjudica al “que obra” sino al “que no obra” y, en cambio, confía en Dios. ¡No hay una posición intermedia!
Argumento 8: Un puñado de argumentos.
En Romanos 3:21-25, Pablo proclama con seguridad: “Pero ahora, aparte de la ley, se ha manifestado la justicia de Dios, testificada por la ley y por los profetas; la justicia de Dios por medio de la fe en Jesucristo, para todos los que creen en él. Porque no hay diferencia, por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios, siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús, a quien Dios puso como propiciación por medio de la fe en su sangre”.
Estas palabras son como un cañonazo contra el “libre albedrío”. Pablo establece una diferencia entre la justicia que Dios da y la justicia que proviene de guardar la Ley. El “libre albedrío” sólo podría prosperar si el hombre pudiera ser salvo por guardar la Ley.
Pero Pablo demuestra claramente que somos salvos sin depender en ningún sentido de las obras de la Ley. No importa cuánto imaginemos que un supuesto “libre albedrío” podría hacer buenas obras y convertirnos en buenos ciudadanos, Pablo todavía diría que la justicia que Dios da es algo totalmente diferente. Es imposible que el “libre albedrío” sobreviva el ataque de versículos como este.
Estos versículos también lanzan otro cañonazo contra el “libre albedrío”. En ellos, Pablo marca la diferencia entre creyentes y no creyentes (Rom. 3:22). Nadie puede negar que el supuesto poder del “libre albedrío” es muy diferente a la fe en Jesucristo. Pero sin la fe en Cristo, Pablo dice que nada puede ser aceptable a Dios. Y si algo no es aceptable a Dios, es pecado. No puede ser neutral. Por lo tanto, el “libre albedrío”, si existe, es pecado porque va en contra de la fe, y no da gloria a Dios.
Romanos 3:23 es otro cañonazo: “Por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios”. Pablo no dice: “Todos han pecado, excepto los que hacen buenas obras por su propia voluntad o sea su “libre albedrío”. No existen excepciones. Si fuera posible hacernos aceptables a Dios por el “libre albedrío” entonces Pablo es un mentiroso: debió dar lugar a las excepciones. En cambio afirma claramente que debido al pecado, nadie puede verdaderamente glorificar y agradar a Dios. Cualquiera que agrada a Dios tiene que saber que Dios se agrada en él o ella. Pero nuestra experiencia nos enseña que nada en nosotros agrada a Dios. Pregúnteles a los que defienden el “libre albedrío” si hay algo en ellos que agrada a Dios. Tienen que admitir que no. Y Pablo dice claramente que no lo hay.
Aun los que creen en el “libre albedrío” tienen que coincidir conmigo que no pueden glorificar a Dios por sus propios medios. Aun con su “libre albedrío” dudan si agradan o no a Dios. Por lo tanto, doy prueba, por el testimonio de sus propias conciencias, que el “libre albedrío” no agrada a Dios. Aun con todas las fuerzas y los esfuerzos, el “libre albedrío” es culpable del pecado de la incredulidad. Así es que vemos que la doctrina de la salvación por medio de la fe es muy contraria a cualquier idea de “libre albedrío”.
Argumento 6: No hay lugar para una idea de algún mérito o recompensa.
Los que enseñan el “libre albedrío” dicen que si no hay “libre albedrío”, no hay lugar para algún mérito o recompensa.
¿Qué dirán los que apoyan el “libre albedrío” acerca de la palabra “gratuitamente” en Romanos 3:24? Pablo dice que los creyentes son “justificados gratuitamente por su gracia”. ¿Qué opina usted de “por su gracia”? Si la salvación es gratuita y dada por gracia, no puede ser ganada ni merecida. No obstante, Erasmo argumenta que el hombre tiene que ser capaz de hacer algo para ganarse su salvación, de otra manera no merecería ser salvo.
Piensa que la razón por la cual Dios justifica a una persona y no a otra es porque uno usó su “libre albedrío” y trató de ser justo, y el otro no. Esto hace que Dios haga acepción de personas, y la Biblia dice que no la hace (Hechos 10:34). Erasmo y otros como él dicen que los hombres pueden hacer apenas muy poquito con su propio “libre albedrío” para conseguir salvación. Dicen que el “libre albedrío” apenas tiene poco mérito: no merece mucho. Pero igual piensan que el “libre albedrío” hace posible que las personas tratan de encontrar a Dios. Y piensan que si la gente no trata de encontrar a Dios, es por su culpa que no reciben la gracia del Señor.
Entonces, ya sea que este “libre albedrío” tenga gran mérito o poco, el resultado es el mismo: la gracia de Dios es ganada por él. Pero Pablo niega todo mérito cuando dice que somos justificados “gratuitamente”. Los que dicen que el “libre albedrío” tiene poco mérito son tan desacertados como los que dicen que tiene mucho mérito. Ambos enseñan que el “libre albedrío” tiene suficiente mérito como para asegurarse el favor de Dios. Así que en realidad no hay diferencia entre el uno y el otro.
En realidad, estos seguidores del “libre albedrío” nos han dado un ejemplo perfecto de “caer de la sartén al fuego”. Al decir que el “libre albedrío” tiene apenas poco mérito, empeora su posición en vez de mejorarla. Por lo menos los que hablan acerca de su gran mérito (llamados “pelagianos”3) dan un gran valor a la gracia de Dios porque se necesita gran mérito para ganarse la salvación. Pero Erasmo abarata la gracia. Puede obtenerse con un mínimo esfuerzo. Pero Pablo arrasa con ambas ideas con esta palabra “gratuitamente” en Romanos 3:24.
Más adelante, en Romanos 11:6, afirma que el que seamos aceptados por Dios es únicamente por gracia: “Y si por gracia, ya no es por obras... Y si por obras, ya no es gracia”. La enseñanza de Pablo es clara. No existe ningún mérito humano para Dios, ni grande ni pequeño. Nadie merece ser salvo. Nadie puede trabajar para ser salvo. Pablo excluye todas las supuestas obras del “libre albedrío” y establece exclusivamente la gracia. No podemos darnos ni un ápice de crédito por nuestra salvación. Es enteramente por la gracia de Dios.
Argumento 7: El “libre albedrío” no tiene valor porque las obras no tienen nada que ver con la justicia del hombre delante de Dios.
Porque si Abraham fue justificado por las obras, tiene de qué gloriarse, pero no para con Dios. Porque ¿qué dice la Escritura? Creyó Abraham a Dios, y le fue contado por justicia. Pero al que obra, no se le cuenta el salario como gracia, sino como deuda; mas al que no obra, sino cree en aquel que justifica al impío, su fe le es contada por justicia. (Rom. 4:2-5)
Ahora continuaré con los argumentos de Pablo en Romanos 4:2-3: “Porque si Abraham fue justificado por las obras, tiene de qué gloriarse, pero no para con Dios.
Porque ¿qué dice la Escritura? Creyó Abraham a Dios, y le fue contado por justicia”. Pablo no niega que Abraham fuera un hombre justo. Toda la cuestión es que esta justicia no le ganó la salvación. Nadie niega que las obras malas no son aceptables a Dios. Eso es obvio. El argumento es que ni siquiera las buenas obras nos hacen aceptables a Dios.
Merecen su ira, no su favor. En Romanos 4:4-5, Pablo compara al “que obra” con uno “que no obra”. Justicia, que es aceptación con Dios, no se le adjudica al “que obra” sino al “que no obra” y, en cambio, confía en Dios. ¡No hay una posición intermedia!
Argumento 8: Un puñado de argumentos.
Mencionaré de paso algunos argumentos más en contra del “libre albedrío”. Sólo me
referiré brevemente a ellos, pero cada uno de ellos, individualmente, podría destruir
totalmente la idea del “libre albedrío”.
Por ejemplo, el origen de la gracia por la cual somos salvos es el propósito eterno de
Dios (Rom. 8:28ss).
Esto descarta la sugerencia de que Dios nos extiende su gracia por
algo que hagamos.
Otro argumento se basa en el hecho de que Dios prometió salvación por gracia (a
Abraham) antes de dar la Ley. Pablo argumenta que si ahora somos salvos por guardar la
Ley por “libre albedrío”, entonces eso significa que la promesa de salvación por gracia
queda cancelada (Rom. 4:13-15; Gál. 3:15-21).
Además, la fe no tendría ningún valor.
Pablo nos dice también que la Ley sólo puede poner en evidencia al pecado, no lo
puede quitar (Gál. 3:21ss; Rom. 3:20). Porque el “libre albedrío” sólo puede operar sobre
la base de guardar la Ley, no puede lograr ninguna justicia aceptable a Dios.
Por último, estamos bajo la condenación de Dios por la desobediencia pecaminosa de
Adán (Rom. 5:12; 1 Cor. 15:22).
Todos estamos bajo condenación al momento de nacer,
incluyendo los que tienen “libre albedrío”, ¡si es que tales personas existen! ¿Cómo,
entonces, puede el “libre albedrío” ayudarnos, excepto para pecar y ganarnos
condenación?
Podría haber dejado fuera estos argumentos y sencillamente haber dado comentarios
sucesivos acerca de los escritos de Pablo. Pero quería demostrar lo poco inteligente que
son mis opositores, que no ven claramente cosas tan sencillas. Dejo que ellos mismos
reflexionen acerca de estos argumentos.
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