LA ESCLAVITUD DE LA VOLUNTAD (ARGUMENTO 9 al 12)
(The Bondage of the will)
Martin Lutero (1483-1546)
Argumento 9: Pablo es totalmente claro al refutar el “libre albedrío”.
Los argumentos de Pablo son tan claros que es sorprendente que alguien los pueda mal entender. Dice: “Todos se desviaron, a una se hicieron inútiles; no hay quien haga lo bueno, no hay ni siquiera uno” (Rom. 3:12). Me asombra que algunas personas digan: “Algunos no se han desviado del camino, no son impíos, no son malos, no son pecadores; ¡hay algo en el hombre que se esfuerza por ser bueno”! Y Pablo no hace estas afirmaciones en unos pocos pasajes aislados. Las hace a veces positivamente y a veces negativamente, por simples afirmaciones o por contrastes. El significado simple de sus palabras, todo el contexto y el ámbito total de su argumento se unen en que: aparte de la fe en Cristo no hay nada más que pecado y condenación. ¡Mis opositores están vencidos aunque no se rindan! Pero eso no es algo que tengo el poder de efectuar; tengo que dejar eso al obrar del Espíritu Santo.
Argumento 10: El estado del hombre sin el Espíritu demuestra que el “libre albedrío” no puede hacer nada espiritual.
Porque los que son de la carne piensan en las cosas de la carne; pero los que son del Espíritu, en las cosas del Espíritu. Porque el ocuparse de la carne es muerte, pero el ocuparse del Espíritu es vida y paz. Por cuanto los designios de la carne son enemistad contra Dios; porque no se sujetan a la ley de Dios, ni tampoco pueden; y los que viven según la carne no pueden agradar a Dios. Mas vosotros no vivís según la carne, sino según el Espíritu, si es que el Espíritu de Dios mora en vosotros. Y si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de él (Rom. 8:5-9).
En Romanos 8:5, Pablo divide a la humanidad en dos: los que son de la “carne” (naturaleza pecadora) y los que son del “Espíritu” (vea Juan 3:6). Esto puede significar únicamente que aquellos que no tienen el Espíritu están en la carne y siguen teniendo una naturaleza pecadora. Pablo dice que “si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de él” (Rom. 8:9).
Esto quiere decir, obviamente, que los que están sin el Espíritu pertenecen a Satanás. ¡El “libre albedrío” no les ha servido de mucho! Pablo dice que los que son controlados por su naturaleza pecaminosa “no pueden agradar a Dios” (Rom.8:8). Dice que “los designios de la carne son enemistad contra Dios; porque no se sujetan a la ley de Dios, ni tampoco pueden” (Rom. 8:7). Es imposible que personas así hagan algún esfuerzo propio para agradar a Dios.
Un hombre llamado Orígenes sugirió que cada persona tiene un “alma” la cual tiene la habilidad de recurrir a la “carne” o al “Espíritu”. Esto es pura imaginación. ¡Lo soñó!
No tiene ninguna prueba bíblica que lo avale. El hecho es que no hay una posición intermedia. Todo lo que es sin el Espíritu es carne, y las mejores actividades de la carne son hostiles a Dios. Esta es la misma enseñanza de Cristo en Mateo 7:18: que un árbol malo no puede producir frutos buenos. Armoniza también con las afirmaciones paralelas de Pablo: “Mas el justo [recto] por la fe vivirá” (Rom. 1:17) y “todo lo que no proviene de fe, es pecado”. (Rom. 14:23). Los que carecen de fe no son justificados y los que no son justificados son pecadores debido a que cualquier supuesto “libre albedrío” puede producir mal. Por lo tanto, el “libre albedrío” no es más que un esclavo del pecado, de la muerte y de Satanás. Tal “libertad” no es ninguna libertad.
Argumento 11: Los que llegan a conocer a Cristo no pensaron anteriormente en él, no lo buscaron ni se prepararon para él.
En Romanos 10:20, Pablo cita a Isaías 65:1: “Fui hallado de los que no me buscaban; me manifesté a los que no preguntaban por mí”. Pablo sabía por su propia experiencia que él no había buscado la gracia de Dios, sino que la recibió a pesar de su furia contra enemistad contra – hostil hacia; el estado de ser un enemigo. ella. Pablo dice en Romanos 9:30-31 que los judíos que hacían grandes esfuerzos por guardar la Ley no eran salvos por esos esfuerzos, pero los gentiles que eran totalmente impíos recibían la misericordia de Dios.
Esto demuestra claramente que todos los esfuerzos del “libre albedrío” del hombre son inútiles para salvarlo. ¡El celo de los judíos no los llevaba a ninguna parte, mientras que los gentiles impíos recibían salvación! La gracia es dada gratuitamente a los que no lo merecen y son indignos, y no se obtiene por ninguno de los esfuerzos aun de los mejores y más rectos de los hombres.
Argumento 12: La salvación para un mundo pecador es por la gracia de Cristo exclusivamente por medio de la fe.
En el mundo estaba, y el mundo por él fue hecho; pero el mundo no le conoció. A lo suyo vino, y los suyos no le recibieron. Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios; los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios. Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad. Juan dio testimonio de él, y clamó diciendo: Este es de quien yo decía: El que viene después de mí, es antes de mí; porque era primero que yo.
Porque de su plenitud tomamos todos, y gracia sobre gracia (Juan 1:10-16). Enfoquemos ahora a Juan quien también escribe elocuentemente contra el “libre albedrío”. En Juan 1:5 dice: “La luz en las tinieblas resplandece, y las tinieblas no prevalecieron contra ella” y en Juan 1:10-11: “En el mundo estaba, y el mundo por él fue hecho; pero el mundo no le conoció. A lo suyo vino, y los suyos no le recibieron”.
Por “mundo” Juan se refiere a toda la raza humana. Si el “libre albedrío” sería algo muy excelente para el hombre, se habría incluido en todo lo que Juan dice acerca del “mundo”. Por lo tanto, según estos dos textos, el “libre albedrío” no conoce la luz de la verdad y aborrece a Cristo y a su pueblo. Muchos otros pasajes como Juan 7:7; 8:23; 14:7; 15:19; 1 Juan 2:16; 5:19 proclaman que el “mundo” (y eso incluye especialmente el “libre albedrío”) está bajo el mando de Satanás.
El “mundo” incluye todo lo que no está separado para Dios por el Espíritu. Ahora bien, si hubiera existido alguien en el mundo que por su “libre albedrío” no aborreciera a Cristo, Juan hubiera alterado lo que escribió. Pero no lo hizo. Por lo tanto, resulta claro que el “libre albedrío” es tan culpable como el “mundo”. En Juan 1:12-13, Juan sigue diciendo: “Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios; los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios”. “No de sangre” significa que es inútil depender de su lugar de nacimiento o de su propia familia. “Ni de voluntad de carne” significa que es necio confiar en las “obras de la ley”. “Ni de voluntad de varón” significa que ningún esfuerzo del hombre puede empezar a hacerlo aceptable a Dios.
Si el “libre albedrío” fuera de algún provecho, Juan no rechazaría “la voluntad de carne”, sino hubiera corrido el peligro de Isaías 5:20: “¡Ay de los que a lo malo dicen bueno, y a lo bueno malo!”. No puede haber ninguna duda de que el nacimiento natural de nada vale para obtener salvación porque en Romanos 9:8, Pablo escribe: “No los que son hijos según la carne son los hijos de Dios, sino que los que son hijos según la promesa son contados como descendientes”.
Además, Juan dice en Juan 1:16: “Porque de su plenitud tomamos todos, y gracia sobre gracia”, o sea una bendición tras otra. Por lo tanto recibimos bendiciones espirituales por la gracia de un tercero y no por nuestros propios esfuerzos. Dos ideas opuestas no pueden ser las dos ciertas: que la gracia es tan poco costosa que cualquiera en cualquier lugar la puede ganar; y a la vez, la gracia es tan preciosa que sólo podemos obtenerla por medio de los méritos de un hombre: Jesucristo.
Quisiera que mis opositores cayeran en la cuenta que cuando argumentan a favor del “libre albedrío”, niegan a Cristo. Si podemos obtener gracia por el “libre albedrío” no necesitamos a Cristo. Y si tenemos a Cristo, no necesitamos “libre albedrío”. Los partidarios del “libre albedrío” prueban su negación de Cristo por sus acciones porque algunos de ellos hasta recurren a la intercesión de María y de los “santos” y no confían en Cristo como el único mediador entre el hombre y Dios. Todos abandonan a Cristo y su obra como Mediador y como el Salvador más bondadoso, y consideran los méritos de Cristo de menos valor que sus propios esfuerzos.
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