LA ESCLAVITUD DE LA VOLUNTAD (ARGUMENTO 17 al 19)
(The Bondage of the will)
Martin Lutero (1483-1546)
Argumento 17: El poder de la “carne” en los verdaderos creyentes refuta el “libre albedrío”.
Erasmo: por alguna razón ignora usted mis argumentos basados en Romanos 7 y Gálatas 5. Estos dos capítulos nos muestran que aún en verdaderos creyentes cristianos, el poder de la “carne” es tal que no pueden hacer lo que saben que deben hacer y quieren hacer. La naturaleza humana es tan mala, aun en quienes tienen en ellos el Espíritu de Dios, que no sólo fracasan en hacer lo bueno, sino que luchan contra ello. ¿Qué posibilidad puede haber entonces de que haya un poder para hacer el bien en los que no han nacido de nuevo? Como dice Pablo en Romanos 8:7: “Por cuanto los designios de la carne son enemistad contra Dios; porque no se sujetan a la ley de Dios, ni tampoco pueden”. ¡Me gustaría encontrar al hombre que pueda rebatir este argumento!
Argumento 18: Saber que la salvación no depende del “libre albedrío” puede ser reconfortante.
¡Confieso que no quisiera tener “libre albedrío” aun si me fuera dado! Si mi salvación dependiera de mí, no tendría la capacidad de enfrentarme con los peligros, las dificultades y los diablos contra los que tengo que luchar. Pero aun si no hubiera enemigo que enfrentar, nunca podría estar seguro del éxito. Nunca estaría seguro de haber agradado a Dios o de que había algo más que necesitaba hacer. Puedo dar prueba de esto por mi propia dolorosa experiencia de muchos años.
Pero mi salvación está en las manos de Dios y no en las mías. Él será fiel a su promesa de salvarme, no sobre la base de lo que yo hago sino según su gran misericordia. Dios no miente, no dejará que mi enemigo el diablo me arrebate de sus manos. Por el “libre albedrío” nadie puede ser salvo. Pero por la gracia gratuita, mucho serán salvos. No sólo eso, sino que estoy contento de saber que como cristiano, agrado a Dios, no por lo que hago sino por su gracia. Si trabajo demasiado poco o demasiado mal, él por su gracia me perdona y me hace mejor. Esta es la gloria de todos los cristianos.
Argumento 19: El honor de Dios no puede ser manchado.
Quizá le preocupe que es difícil defender el honor de Dios en todo esto. “Después de todo”, puede usted decir, “él condena a los que no pueden menos que ser pecadores y que se ven obligados a quedarse así porque Dios no escoge salvarlos”. Como dice Pablo: “Éramos por naturaleza hijos de ira, lo mismo que los demás” (Ef. 2:3). Pero debe usted mirarlo de otra manera. Dios debe ser reverenciado y respetado como alguien que es misericordioso con todos los que justifica y salva, aunque no lo merezcan para nada.
Sabemos que Dios es divino. Es también sabio y justo. Su justicia no es como la justicia del hombre. Sobrepasa el entendimiento del hombre de modo que no se puede comprender totalmente, como exclama Pablo en Romanos 11:33: “¡Oh profundidad de las riquezas de la sabiduría y de la ciencia de Dios! ¡Cuán insondables son sus juicios, e inescrutables sus caminos!” Si coincidimos en que la naturaleza, la fuerza, la sabiduría y el conocimiento de Dios sobrepasan los nuestros, debemos también creer que su justicia es más grande y mejor que la nuestra. Él nos ha prometido que cuando nos revela su gloria, vemos claramente lo que debemos creer ahora: que él es justo, siempre lo fue y siempre lo será (1 Cor. 13:12).
Aquí tenemos otro ejemplo. Si uno usa la razón humana para considerar la manera como Dios gobierna los asuntos del mundo, se ve forzado a decir que no hay Dios o que Dios es injusto. Los malos prosperan y los buenos sufren (vea Job 12:6; Salmo 73:12), y eso parece ser injusto. Muchos niegan la existencia de Dios y dicen que todo sucede por casualidad.
La respuesta a este problema es que hay vida después de esta vida, y todo lo que no es castigado y pagado aquí será castigado y pagado allá. Esta vida no es más que una preparación, o mejor dicho, un comienzo de la vida que vendrá. Este problema ha sido debatido en todas las áreas pero nunca ha sido resuelto, excepto por medio de creer el evangelio tal como se encuentra en la Biblia. Tres luces brillan sobre el problema: la luz de la naturaleza, la luz de la gracia y la luz de la gloria.
Según la luz de la naturaleza, Dios parece ser injusto, porque el bueno sufre y el malo prospera. La luz de la gracia nos ayuda más, pero no explica cómo Dios puede condenar a alguien que, por sus propias fuerzas, nada puede hacer más que pecar y ser culpable. Sólo la luz de la gloria explicará esto, en aquel Día cuando Dios se revele a sí mismo como el Dios que es enteramente justo, aunque su juicio escapa la comprensión de los seres humanos.
El creyente cree que Dios tiene conocimiento previo y predestina todas la cosas, y que nada sucede excepto por su voluntad. Por lo tanto, ningún hombre, ni ángel, ni ninguna otra criatura tiene “libre albedrío”. Satanás es el príncipe de este mundo y tiene a todos los hombres bajo esclavitud a menos que sean liberados por el poder del Espíritu Santo.
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